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La muerte y los niños pequeños

La muerte es una parte de la vida que puede afectar hasta a los niños muy pequeños. Ante el dolor emocional de un niño que llora la muerte de un ser querido, podemos hallarnos tentados a evitar mencionar el tema o a distraer al niño. Pero si se evita hablar de la pérdida o se dice que la persona difunta está durmiendo o de viaje, un niño podría confundirse o desconfiar de los adultos. Aunque no podemos proteger a los niños de la pena, sí podemos guiarlos y consolarlos.

Los niños preescolares tienen una comprensión limitada de la muerte.

La mayoría de los niños menores de 5 años perciben la muerte como algo temporal. A los personajes de televisión o de dibujos animados frecuentemente se los ve morir y luego volver a presentarse. Cuando se les dice que Abuela está muerta, los niños tal vez pregunten: “¿Pero cuándo volveré a verla? ¿Adónde se ha ido?” Los niños tal vez crean que sus propias travesuras fueron el motivo de la muerte o que la persona difunta podría volver si quisiera. Con esta comprensión limitada de la muerte, los niños pequeños pueden sentir enojo y tener sentimientos intensificados de abandono, especialmente si han perdido a su padre, madre o cuidador.

Los niños preescolares reaccionan ante la pena de las personas cercanas.

Es común que los niños pequeños lloren cuando ven la tristeza de otros. No obstante, ya que los niños de esta edad viven en el momento presente, parece que tardan poco en sobreponerse a la tristeza. A veces vuelven a sentirse tristes cuando notan una diferencia en sus vidas y se dan cuenta que el difunto no volverá. Durante estos momentos es común la regresión a comportamientos menos maduros, como accidentes higiénicos, berrinches o aferrarse a un objeto de consuelo.

Los adultos pueden ayudar.

Usted podrá reasegurar a los niños que lloran por un ser querido diciéndoles que son amados y que no son los responsables de la muerte. Necesitarán escuchar esto una y otra vez a medida que crezcan. Los padres y madres pueden compartir sus creencias sobre lo que pasa después de la muerte. Si un padre o madre ha muerto, el niño necesita saber quién lo cuidará. Tal vez tema que él u otro ser querido muera. Reasegúrele que la mayoría de la gente vive muchos años y que él seguirá siendo amado y cuidado. Comuníquele que está bien que se ría y juegue y vuelva a sentirse feliz. En la medida de lo posible, mantenga las rutinas del niño: horas de comer y acostarse y el horario preescolar.

Podría leer libros infantiles que traten sobre la muerte de manera sensible.

El bibliotecario de la sección infantil de su biblioteca local tal vez tenga buenas sugerencias. También se sugieren los libros I’ll Miss You, Mr. Hooper por Norman Stiles (1984, Random House) y The Tenth Good Thing about Barney por Judith Viorst (1971, Atheneum).

Ciertos niños necesitarán más ayuda.

Se sugiere considerar la consejería en el caso de un niño que siga llorando una pérdida durante un plazo extenso. Es motivo de preocupación si al niño le interesan poco las actividades diarias, no duerme o come de la manera normal, sigue manifestando una conducta inmadura, pierde las ganas de jugar o relacionarse con los amigos, habla de unirse al difunto o se niega a asistir a su programa preescolar o guardería normal.

Para más información sobre maneras de ayudar a los niños que lloran una muerte, visite el siguiente recurso de Internet:

En la versión en inglés de esta página, se hallan otros recursos (en inglés) relacionados a esta Página de consejos.

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