Pregunte a un perito
Respuestas a las preguntas
En mi guardería un cierto niño de 5 años, cuando está provocado, reacciona primero lastimando físicamente a otros. Es un niño grande y fuerte y es capaz de hacer mucho daño a otros cuando está enojado. Por casualidad, también sé que los padres de este niño usan técnicas severas de disciplina en casa. ¿Cómo puedo ayudar a este niño a aprender métodos alternativos para manejar su enojo?
Todos los niños experimentan el enojo en varios grados. Se trata de una reacción básica de los seres humanos a una gran variedad de motivos, que van desde la frustración hasta la confusión y el temor a ser abandonado. El comportamiento volátil o la exteriorización agresiva, en forma física o verbal, puede deberse a los ejemplos que se ponen en el hogar cuando los niños presencian el comportamiento de sus familiares. Es verdad que a menudo no sabemos qué ocurre detrás de las puertas cerradas. Sin embargo, no nos conviene simplemente suponer que un niño ha aprendido de sus padres a reaccionar con violencia cuando está enojado. Puede que el niño haya aprendido tal conducta de los vecinos, las películas, la televisión o el parque público. Pero sea cual sea la causa, los profesionales de la primera infancia podemos ayudar a los niños a manejar el enojo en forma constructiva para mantener el autodominio.
Para lograr dominar su enojo, los niños necesitan una orientación sensible, paciente y comprensiva de adultos hábiles, en el hogar y en otros lugares. Si los niños no reciben instrucción apropiada para su nivel de desarrollo sobre maneras de tratar el enojo sin agresión, pueden recurrir a la intimidación en vez de utilizar maneras socialmente aceptables para resolver los problemas.
Con la ayuda constante y consejos comprensivos, los niños pueden aprender los pasos para expresar el enojo con respeto y desarrollar el auto-dominio. A continuación describo estrategias para instruir a niños en el manejo exitoso del enojo.
Exprese empatía con el punto de vista del niño enojado. Intente determinar qué ha producido el enojo. Este enfoque le permitirá ayudar al niño a escoger maneras de expresar los sentimientos de enojo.
Ayude a los niños a identificar sus propios sentimientos. También necesitan aprender lo que puede ser lo más difícil: controlar su manera de expresar sentimientos poderosos y tomar decisiones en consecuencia. Es crucial que los niños se den cuenta que pueden decidir cómo portarse cuando están enojados.
También ayude a los niños a interpretar los sentimientos ajenos. Recuérdeles suavemente que todo el mundo tiene sentimientos y derechos. A los niños pequeños se les hace difícil mostrar sensibilidad hacia los sentimientos ajenos y luego tomar en cuenta las perspectivas diferentes; se trata de una habilidad de pensamiento superior. De modo que tenga paciencia; esta habilidad va emergiendo poco a poco en los niños y se desarrolla a través de mucho tiempo.
Ponga el ejemplo de usar un vocabulario rico relacionado a los sentimientos. Aun con los niños más pequeños, dé un modelo para describir los sentimientos con palabras. También haga expresiones faciales apropiadas; esto ayuda a los niños a aprender que todo el mundo tiene sentimientos singulares.
Anime a los niños de 1 y 2 años a tener empatía ‘interpretándoles’ los sentimientos y el enojo que otros expresan, aun sin palabras: “Ese niño está enojado, está llorando porque alguien le sacó el juguete. Quiere que se lo devuelvan”.
Con los niños preescolares, vaya presentando palabras nuevas para nombrar los sentimientos asociados al enojo, como asustado, ansioso, miedoso, enojado, preocupado, nervioso, atemorizado, frustrado, confuso, desairado, avergonzado, o enfadado.
Fije normas y haga respetarlas. A medida que los niños van creciendo, descríbales sus creencias y valores. Afirme que todo el mundo tiene el derecho a estar seguro, en sentido emocional y físico. Cuando los niños alcanzan los 18 meses de edad, fije normas sobre maneras de expresar el enojo. Identifique los comportamientos aceptables y los que no lo son: “No es aceptable tirar juguetes, en cambio, cuéntame qué anda mal”. Diga a los niños que pueden tener los sentimientos que quieren, pero que deben controlar lo que hacen a sí mismos y a otros.
Ponga un buen ejemplo. Ilustre el comportamiento que usted quiere ver. Si no quiere que los niños griten, insulten ni desprecien a otros, primero ponga usted un buen ejemplo.
Aliente a usar las palabras en vez de la agresión física. Pida que los niños le cuenten lo que quieren o necesitan. Recuérdeles que deben usar las palabras en vez de los gruñidos, empujones o golpes: “Sé que es difícil esperar que tu compañero de clase te dé más bloques. Dile tranquilamente que quieres más por favor. Si le das empujones, eso no logra que él quiera compartir contigo”.
Anime a los niños a manejar el estrés. Ayude a los niños a reconocer y controlar sus propias ‘señales de advertencia’ singulares del enojo intensificado. Pueden ponerse rojos, apretar los dientes, tener los hombros tensos o estar sin aliento. Cuando usted observa estos indicios, instruya al niño para que note las sensaciones físicas como recordatorios para tranquilizarse. Luego sugiera maneras de volver a estar tranquilo y controlado. Por ejemplo, comparta consejos como respirar de manera lenta y rítmica, escuchar música o jugar un juego físico.
Ayude a los niños a expresar sus sentimientos de enojo en forma constructiva. Esté cerca para ayudar a los niños a ‘interpretar’ sus sentimientos: “Pareces estar muy enojado. Es frustrante cuando alguien tiene un juguete que tú querías primero. No sirve de nada llorar. ¿Hay otro juguete con que puedes jugar mientras esperas para tener ese juguete?”
Demuestre a los niños cómo tratar los problemas sin agresión. Enfóquese en el comportamiento y las cosas positivas que se pueden lograr, en vez de poner nombres, culpar o avergonzar. Use frases que comiencen con “Me siento” para ayudar a los niños a expresar el enojo acertada y positivamente. Por ejemplo, si un niño empieza a luchar por un juguete, dé instrucción sobre el manejo del enojo y la resolución de problemas diciéndole: “Di a tu amiga que te sientes frustrada cuando ella te saca el libro. Dile que temes que ella pueda romper una página”.
Ofrezca opciones. Ya que están empezando a aprender sobre los sentimientos y las palabras, los niños preescolares necesitan más ayuda que niños mayores para entender sus sentimientos de enojo. Hasta pueden distraerse a sí mismos con sus berrinches. Interprételes la situación primero. “Gritar no sirve para nada. Puedes hacer una de estas dos cosas.” Cuando tienen opciones claras, muchos niños son más capaces de ponerse tranquilos, enfocarse y actuar en consecuencia. Cuanto más pequeño el niño, más recordatorios necesitará sobre sus opciones.
Opóngase a la agresión física y los insultos. Diga al niño: “No dejaré que lastimes a tu compañero de clase. Tampoco dejaría que él te pegara a ti. Piensa en otra manera de hacer que él sepa cómo te sientes”.
Dé encomios específicos y palabras de ánimo. Comente la expresión respetuosa del enojo de un niño siempre que sea posible. Por ejemplo: “Escuché que tú y Andrés estaban discutiendo por el vagón. Hiciste bien en asegurarle que se lo darías luego en vez de gritarle”. O: “Te escuché diciendo a Patricia que te enojaste cuando ella derribó tu edificio de bloques; así mostraste un buen autodominio”.
Ofrezca oportunidades regulares de jugar con los compañeros en situaciones positivas. En los programas bien supervisados y apropiados al desarrollo de los niños, estos tienen muchas oportunidades para ‘practicar’ el manejo del enojo con los compañeros.
Ofrezca a las familias información sobre recursos y referencias. Para ayudar a los padres a aprender sobre la guía positiva de los niños y maneras de animar y ejemplificar la resolución de problemas sin violencia, presente talleres sobre la disciplina positiva a las familias de su programa. En su boletín o mensaje electrónico semanal a las familias, incluya anuncios sobre talleres ofrecidos en la comunidad. A su biblioteca circulante para padres, agregue libros sobre la educación de los hijos para ayudar a los padres a aprender sobre los temperamentos individuales de niños, el manejo del enojo y estrategias de disciplina positiva. Refiera a los padres a talleres locales sobre el manejo del estrés para que puedan manejar mejor sus propios sentimientos y las dificultades que encuentran como padres de familia.
Recientemente durante nuestro momento de contar experiencias a la clase, una niña de mi programa preescolar describió que su papi fue a la cárcel la noche anterior por lastimar a su mami. Luché por encontrar la manera apropiada de responder ante la clase entera a este asunto delicado y privado. ¿Cómo le parece que yo debería haber respondido, por el bien de esta niña y por los demás niños que quedaron horrorizados al escuchar su historia?
Eso me ha ocurrido a mí también en mi carrera profesional. Cierto niño anunció algo muy parecido mientras estábamos desayunando. Al fin de sus comentarios dijo que mientras su padre subía al coche de la policía, su madre le gritó: “¡Y no vuelvas por acá tampoco!”
Es desgarrador descubrir lo que algunos niños tienen que presenciar siendo aún muy pequeños. Y concuerdo que es preocupante que otros niños escuchen las historias de las secuelas que experimenta otra familia a causa de la violencia doméstica. Sé que la mayoría de las familias se esfuerzan mucho por proteger a sus hijos de tal violencia. Sin embargo, en las situaciones grupales, no se pueden evitar tales revelaciones sobre las vivencias personales de los compañeros de clase. Lo mejor que podemos hacer es convertirlas en momentos aptos para instruir. He aquí lo que yo recomendaría a los maestros que hacen frente a situaciones como esa.
Primero, se puede responder expresando empatía sincera frente a todos los niños, al decir: “Siento mucho que la noche fue tan mala para todos ustedes. Eso deberá haberlos asustado mucho”. Luego, ofrézcase para hablar más con el niño individualmente. Es importante que estemos disponibles para contestar las preguntas de los niños de manera segura y que aceptemos lo que nos dicen. Al ofrecernos para escuchar, damos apoyo al niño. Reasegúrele que la riña entre los padres no fue culpa del niño y que su familia no es la única en que los papás discuten. Haga lo que pueda para explicar al niño los eventos aterradores. También es importante que los maestros comuniquen al niño que no hay por qué sentirse avergonzado personalmente a causa del conflicto de sus padres.
Después de tales conversaciones, los maestros pueden documentarlos para el archivo del niño. Dependiendo de las situaciones, los maestros pueden decidir discutir el asunto con los padres. Puede haber también motivo suficiente para llamar al Departamento de Servicios para Niños y Familias. (El Centro Nacional de Recursos sobre el Abuso de Niños y la Prevención, http://www.casanet.org/library/abuse/nrccan.htm, Nota del Editor: Este sitio de Internet ha cambiado a otra dirección:http://www.acf.hhs.gov/acf_services.html#caan considera que el presenciar la violencia doméstica constituye una forma de abuso emocional de los niños, y yo estoy de acuerdo.)
Si los compañeros de clase hacen preguntas después de que un niño describe la violencia doméstica, se les puede decir: “A veces los padres pelean. Y a veces se lastiman. Estoy seguro que la policía intenta ayudar a los padres a resolver su problema”.
Los niños de mi programa preescolar asisten durante muy poco tiempo. ¿Hay maneras en que yo pueda tener un impacto verdadero en la vida de un niño que sufre por estar expuesto a la violencia en casa?
Sin lugar a dudas, usted puede tener un impacto. Puede hacer de su clase un lugar seguro y predecible en que reinan la tranquilidad y la confianza. Al mantener un estado emocional constante en sí misma y usar la guía y disciplina positiva, pondrá un buen ejemplo para todos los niños. También es buena idea apartar tiempo para responder a los intereses y las ideas de los niños. Intente crear condiciones en que los niños tienen un grado de control, apropiado a su nivel de desarrollo, sobre sus experiencias y decisiones. Esto ayuda a contrarrestar sus sentimientos de impotencia ante la tensión en la familia. También se puede crear un ambiente en que los niños no experimentan sorpresas grandes y abrumadoras. Los niños que experimentan la violencia en casa a menudo tienen un reflejo muy fuerte de sobresalto y son ‘hiper-vigilantes’ en sus observaciones del ambiente. Por eso, las sorpresas que incluyen sonidos muy fuertes a menudo los abruman en vez de darles placer.
Los maestros pueden introducir actividades que apoyen la capacidad de recuperación de todos los niños. Los sonidos gozosos, la participación activa y la exploración juguetona de la belleza de la Tierra mediante las artes y el lenguaje, hacen mucho para contrarrestar el estrés que los niños pueden experimentar en casa. Las actividades como el juego con agua o arena, el uso de pasta para moldear, la pintura, la jardinería, etc., también son útiles ya que tranquilizan a los niños y les permiten tomar decisiones.
Hay otras maneras indirectas de ayudar también a los niños. Se pueden exhibir anuncios sobre servicios de violencia doméstica en los tableros de anuncios para los padres o en los boletines. Esto le permite ofrecer ayuda sin culpar a los padres ni divulgar información confidencial acerca de ellos.
También se puede informar a los padres de un niño si éste menciona la violencia doméstica. Irónicamente, la mayoría de los padres creen que pueden esconder la violencia doméstica de los niños y afirman que solo pelean cuando los niños están acostados y durmiendo. Sin embargo, es muy poco frecuente que los niños duerman durante tal caos. Los niños pueden estar callados durante las peleas de sus padres, pero es más probable que estén inmovilizados por el temor. Esta condición es algo que los niños expuestos a la violencia doméstica conocen muy bien.
Al observar una clase, escuché una conversación entre dos niños varones. Uno contó que su padre le había pegado a su madre. La familia no es de los EE.UU. y los padres son estudiantes universitarios, o al menos el padre lo es. No sé mucho acerca de la cultura del país de origen de la familia, pero en ese lugar las mujeres tienen un estatus mucho más bajo que el de los hombres. En realidad, he leído ciertas cosas que dicen que el abuso físico de las mujeres puede hasta ser socialmente aceptable. De todos modos, mencioné el incidente a la maestra. Pero más tarde me pregunté: Ya que la familia no es de este país, y sus normas culturales acerca del abuso doméstico son diferentes de las normas de nuestra sociedad –y eventualmente la familia volverá a su país– ¿cuáles son algunas de las cosas que los maestros del niño deben tener en cuenta si esperan apoyar su capacidad de recuperación?
Aunque la violencia doméstica se considere aceptable en una cultura en particular, esto no hace que la violencia esté bien. Yo creo que usted tomó la decisión más apropiada al notificar a la maestra sobre su observación.
Yo también he visto a niños varones imitar el comportamiento de hombres adultos después de presenciar que una mujer de la familia fuera atacada física o verbalmente. Este comportamiento puede manifestarse en cualquier centro de aprendizaje, no solo en el área de juegos dramáticos o durante juegos activos al aire libre. A veces el comportamiento se produce por frustración, en otros momentos se trata de un comportamiento impulsivo o sin enfoque.
Me parece que cuando los niños imitan tales comportamientos, están intentando comprender el sentido de lo que han presenciado. Es como si estuvieran explorando cómo se sentirá al tener el poder explosivo de pegar a otra persona. Cabe señalar que durante todos mis años de trabajo con niños, nunca he observado a una niña actuando como si fuera la víctima de la violencia doméstica; aunque sí he visto a niñas exteriorizar en forma agresiva durante los juegos imaginarios. Los niños parecen tener mucha curiosidad sobre la capacidad de ejercer poder sobre otro o desquitar la cólera personal en otro, tal vez porque les parece que tienen muy poco poder propio.
En cuanto a los niños a quienes usted describe en su pregunta, animo a la maestra a mantener normas de disciplina positiva en la clase y a enfocarse en la resolución de problemas y conflictos en forma cooperativa y pacífica. El ambiente de la clase deberá enfatizar el derecho de todos de estar seguros en sentido físico y emocional. Los límites del comportamiento aceptable deberán expresarse con claridad y hacerse respetar con consecuencias apropiadas al desarrollo de los niños.
La capacidad de recuperación de los niños se fortalece con la tranquilidad y la percepción de justicia y derechos mutuos que existe en una clase bien manejada. En el caso de los niños que usted describe, y sin duda de todos los demás niños, es importante animar constantemente los intentos de mantener el autodominio y de respetar a otros. Cuando sea posible, haga comentarios positivos cuando los niños manifiestan paciencia, compostura y respeto. Cuando los maestros afirman que todos tienen el mismo derecho a estar seguros en la clase, ponen en práctica valores que los niños pueden observar y considerar en contraste con el estilo de interacción que tal vez observan en casa.
Se puede fortalecer la capacidad de recuperación de cualquier niño manteniendo un horario predecible y una rutina estable en el salón de clases. Ofrezca actividades que alivian el estrés, incluyendo los juegos al aire libre y relacionados a la naturaleza, materiales sensoriales de arte, jardinería y juegos con arena y agua, así como cantos y bailes al compás de música.
Creo que también es importante que maestros, tanto varones como mujeres, colaboren en la clase para que los niños vean a personas de ambos sexos cuidando a niños y trabajando en forma pacífica y cooperativa con todos, tanto niños como adultos. Si el personal asalariado no incluye ambos sexos, la animo a esforzarse por buscar a personas calificadas que se ofrezcan como voluntarias para asegurar una representación equilibrada.
Los niños que han presenciado la violencia doméstica también pueden beneficiarse del apoyo de otro adulto cariñoso que los escucha sin juzgar. Usted puede ser esa persona. No presione a los niños para que discutan sus vivencias, sino esté disponible para darles atención individual y oportunidades de hablarle sobre sus ansiedades o temores.
Como he mencionado en otras respuestas, exhiba anuncios sobre recursos comunitarios que ofrecen ayuda a víctimas de la violencia doméstica. Tales agencias y recursos de Internet pueden incluirse en su boletín, tablero de anuncios para los padres, o página de Internet para que cualquier padre o madre pueda encontrar fuentes alcanzables de ayuda.
He trabajado en clases donde muchos niños vivían expuestos a violencia doméstica y comunitaria. Algunos eran objeto de abuso como parte del patrón de comportamiento de la familia, y unos pocos hasta presenciaron que sus familiares fueran disparados. Tenían muchos problemas para sentirse seguros, los cuales expresaban de diferentes maneras (la agresión, el retiro y cosas así), y problemas para concentrarse, entre otros. ¿Hay cosas que un maestro puede cambiar en el horario, el arreglo físico del aula, los materiales y otras cosas para ayudar a la clase en tales situaciones, o será suficiente un horario y arreglos apropiados al desarrollo?
Su pregunta revela otra realidad de la violencia doméstica: No se limita a los adultos. Los niños no solo sufren las secuelas emocionales del abuso doméstico, sino a menudo se encuentran involucrados en peleas u otros eventos traumáticos. Así que el abuso físico de niños puede ocurrir como resultado de la violencia doméstica. Y como mencioné antes, permitir que un niño presencie la violencia doméstica se considera una forma de abuso emocional.
Un salón de clases adaptado al nivel de desarrollo de los niños, tanto en el ambiente físico dentro y fuera del aula, como en el horario diario, es un buen punto de partida para aumentar la capacidad de recuperación de los niños. He aquí algunos puntos específicos a tomar en cuenta.
Los niños estresados a menudo se sienten abrumados por ruidos muy fuertes e inesperados. Tienen un ‘reflejo de sobresalto’ muy fuerte que se provoca más fácilmente que el de un niño típico. Al introducir elementos que reducen los sonidos en el salón de clases, se evita abrumar a los niños con estímulos sensoriales. Las alfombras, los ‘acoustic tiles’ (baldosas o azulejos acústicos) o biombos cubiertos de tela ayudan a reducir los ruidos.
También es cierto que los niños traumatizados típicamente experimentan problemas de concentración; tal vez porque se sienten vigilantes e ‘hiper-atentos’ a estallidos de violencia en cualquier momento. Para ayudar a los niños a concentrarse, organice el salón de clases eliminando el revoltijo y permitiendo que vean fácilmente dónde están los juguetes y cómo pueden usarse. Evite que los centros de aprendizaje estén muy abarrotados. Disponga áreas donde los niños puedan compartir cosas y cooperar fácilmente, para que todos los niños vean que la cooperación con el grupo es posible sin agresión. En el caso de niños que se abruman con los estímulos excesivos, considere poner menos recursos en el aula a la vez, y hacer rotaciones de los materiales.
Es importante también acatar un horario y evitar las sorpresas. Ayude a los niños a anticipar lo que pasará luego, siempre que sea posible. Dé advertencias sobre cambios futuros. Esto aumentará la percepción de seguridad. La meta es contrarrestar los sentimientos de confusión, aislamiento e impotencia que a menudo se desarrollan en niños que presencian la violencia en forma regular.
Los niños estresados también pueden encontrar alivio en espacios pequeños e íntimos en un salón de clases, sobre todo espacios que no tienen cabida para más de dos niños a la vez. Esto puede ser algo tan simple como una caja para electrodomésticos con ventanas recortadas y algunas almohadas para mayor comodidad. Una mesa del estilo picnic adentro o afuera, cubierta con una sábana para crear una tienda de campaña, ofrece a los niños un santuario protegido. Hasta una pequeña tienda de campaña en el salón de clases puede servir de abrigo para jugar cómodamente con títeres, un libro o crayones y papel. Por supuesto, también hay muchos ‘lofts’ fuertes que ofrecen un espacio íntimo para jugar, tanto encima como debajo, y son vendidos por muchos vendedores de equipos para programas escolares, como la compañía muy respetada Community Playthings (http://www.communityplaythings.com).
También me gusta ver elementos suaves que producen un ambiente confortable, como sofás de dos plazas con fundas lavables, almohadas para el piso, cobijas acolchadas en las paredes, mecedoras, etc.
Es buena idea disponer espacios íntimos afuera también. Un refugio natural puede ser muy tranquilizador. En su espacio de juego, tal vez se pueda crear un emparrado de arbustos no tóxicos. Las casas de árboles, pequeñas cabañas y otras casitas de juego también sirven bien. Un sauce llorón crea un espacio de fantasía donde los niños pueden relajarse o jugar a la sombra mientras los maestros todavía pueden verlos. Un columpio de patio en forma de banco en un lugar sombreado puede permitir que los niños se relajen y conversen extensamente con compañeros o adultos.
En cuanto al manejo de la clase, durante todo el día ofrezca a los niños opciones apropiadas a su nivel de desarrollo. Ofrézcales el mayor control posible sobre sus actividades. En casa, la situación puede descontrolarse sin previo aviso, de modo que estos niños se sienten indefensos y pueden deprimirse. Usted puede contrarrestar tales sentimientos ofreciéndoles oportunidades de tomar decisiones. También sugiero que les enseñe a contribuir al bienestar de la clase siempre que sea posible. Por ejemplo, pueden ayudar a preparar meriendas, poner las mesas, regar plantas o cuidar mascotas. Eso les permitirá sentirse competentes e independientes y darse cuenta que pueden producir efectos positivos en la clase, lo que también aumenta su capacidad de recuperación.
¿Cuáles son algunos indicios de que un niño pequeño ha presenciado el abuso doméstico o que puede ser víctima de violencia? Ud. ha mencionado casos de niños agresivos verbal o físicamente, que de ese modo daban señales exteriores de que alguna forma de abuso podía ocurrir en casa. ¿Qué me puede decir del niño muy retirado y reservado?
Eso es correcto, no todos los niños que han presenciado violencia ofrecen indicios claros en su comportamiento y sus palabras. Y no todos los niños manifiestan la agresión verbal o física hacia los compañeros como reacción a traumas en su vida familiar.
Puede ser difícil determinar si un niño sufre por estar expuesto a la violencia. Después de todo, no todos los tipos de violencia –sobre todo la que los niños presencian– les dejan marcas físicas reveladoras. De modo que tenemos que observar con mucha sensibilidad su comportamiento y comunicación no verbal a fin de interpretar los síntomas del estrés y discernir la causa.
Aun cuando se observa un comportamiento que se considera una ‘señal de advertencia’ sobre un posible trauma, a menudo es difícil descubrir la ocasión precisa. Los niños pequeños, entre la edad preescolar y los 8 años, no suelen contarnos sobre la violencia en el hogar. Y sin duda, los bebés y niños que están aprendiendo a hablar no nos lo podrían contar aun si tuvieran el valor.
Desafortunadamente, los niños aprenden siendo aún muy pequeños a guardar los secretos de la familia. Ciertos niños toman la violencia personalmente y asumen la ‘vergüenza’ asociada a ella, de modo que intentan activamente esconder las verdaderas circunstancias. Otros niños perciben muy claramente que los gritos y golpes de sus familiares no son justos, pero siguen sintiendo lealtad y amor hacia sus padres y quieren protegerlos. El conflicto entre el temor y el deseo de pedir ayuda fuera de la familia somete a los niños a un estrés emocional tremendo y continuo.
Por lo general, los niños expuestos a la violencia exhiben señales asociadas al trastorno del estrés postraumático (PTSD por sus siglas en inglés). Los síntomas pueden ser leves si un niño está expuesto a la violencia una sola vez. Pero si la violencia doméstica forma un patrón establecido y ocurre regularmente y con frecuencia, los síntomas del PTSD pueden ser severos. Cualquier trauma puede socavar el desarrollo de los niños, pero los síntomas del PTSD se hacen más graves y duraderos cuando los niños están expuestos repetidamente a la violencia.
He aquí algunos indicios posibles de conducta que indican que un niño está traumatizado a causa de violencia:
- El niño se distrae fácilmente y no puede concentrarse; a menudo sueña despierto.
- Se retira del grupo para ocuparse con alguna actividad silenciosa, como esconderse en un espacio pequeño para jugar a solas.
- Parece estar distante o manifiesta muy poco sentimiento, hasta parece ‘entumecido’ –lo cual a veces se llama disociación– para protegerse del dolor.
- Reacciona con un temor desproporcionado después de poner algo en desorden o equivocarse en algo pequeño.
- Se aferra excesivamente a cierto adulto en particular o se revierte a comportamientos asociados a etapas anteriores del desarrollo (por ej., mojar la cama, lloriquear, chuparse el pulgar).
- Actúa repetidas veces incidentes traumáticos durante los juegos dramáticos, como por ejemplo, haciendo de cuenta que es algún familiar o jugando con muñecas o títeres.
- Parece nervioso y tiene un ‘reflejo de sobresalto’ rápido y frecuente en respuesta a sonidos fuertes e inesperados, incluyendo hasta la risa.
- Parece estar ‘hiper-vigilante’ al observar el ambiente de la clase, sobre todo observa la armonía entre los adultos.
- Evita mirar a los adultos a los ojos o usa ‘mentiras pequeñas’ para contestar las preguntas directas de un adulto sobre el comportamiento de su padre o madre.
- Experimenta problemas con el sueño, a menudo incluyendo pesadillas o memorias intensas e indeseadas de eventos traumáticos al intentar dormirse a la noche o la siesta.
- Está agitado a la hora de volver a casa, especialmente antes del fin de la semana.
- Constantemente evita a personas de cierto sexo o hace de cuenta que uno de los padres realmente no es su familiar (usualmente aquel que el niño percibe como el que provoca la violencia en la familia).
- Cambia la cantidad de comida que consume, o surgen luchas por el poder con motivo de la comida.
- Tiene magulladuras, cortaduras, verdugones o huesos quebrados (a causa de estar entre dos adultos que estaban peleando).
- Tiene frecuentes dolores de cabeza o de estómago.
A veces es difícil determinar la causa precisa del comportamiento estresado de un niño. Cada uno de los síntomas de más arriba puede deberse a otras cosas diferentes del presenciar la violencia. Sin embargo, si un niño manifiesta muchos de dichos síntomas, existe entonces un motivo de preocupación.
Si le parece que un niño ‘grita pidiendo ayuda’ –literalmente o mediante el comportamiento– describa sus preocupaciones y observaciones a los padres del niño para discernir la causa fundamental del problema. Si los padres se niegan a cooperar, sería apropiado llamar a un asistente social.
Para más información sobre el trastorno del estrés postraumático en los niños, visite el sitio de Internet de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y de Adolescentes.
Para contactar a la Línea de Abuso y Descuido de Niños en Illinois, llame al 1-217-785-4020 o gratuitamente al 1-800-25-ABUSE (1-800-252-2873).
¿Cuáles factores son más importantes para la capacidad de recuperación de un niño, y cuáles son los que un maestro o cuidador es más capaz de fortalecer?
La capacidad de recuperación de los niños depende de varias cosas. Por ejemplo, los niños que nacen con un temperamento flexible, sociable y ‘desenfadado’, y los que tienen actitudes optimistas, tienden a recuperarse de la adversidad con más constancia que los niños que no nacen con tales temperamentos. Si los niños desarrollan sentimientos de fe y confianza de que al final todo saldrá bien en la vida, también se recuperarán más exitosamente.
Los cuidadores y maestros de niños pequeños pueden tener una influencia profunda en varios factores relacionados a la capacidad de recuperación de los niños. He aquí algunas sugerencias:
- Entable una relación fuerte con un niño y manténgala a través del tiempo. Fíjese en el bienestar de un niño, para que se sienta aceptado. Comunique a los niños que usted es una persona confiable con quien pueden contar con seguridad cuando necesitan ayuda. La investigación demuestra que una persona estable y atenta que ofrece apoyo y manifiesta sensibilidad hacia un niño, puede hacer mucho para fortalecer la capacidad de recuperación del mismo. También se ha notado que tales personas son especialmente importantes durante la primera infancia. Estas personas suelen ser los abuelos, pero muchas veces también son maestros o vecinos preferidos. Los niños mayores también mencionan a los entrenadores atléticos que hicieron grandes contribuciones a su capacidad de recuperación.
- Escuche los sentimientos de los niños además de sus ideas. Enfatice un rico vocabulario de sentimientos. Tome el tiempo para escuchar sin apresuramiento a un niño. A los niños renuentes, ofrézcales maneras seguras para comunicarse, como mediante el uso de títeres, contar o escribir cuentos, o idearlos en el centro de juegos dramáticos o de bloques.
- Anime y apoye la creatividad de los niños y su resolución productiva de problemas siempre que sea posible. Dé a los niños consejos positivos y concretos en forma constante cuando están participando en todas las actividades, desde los proyectos de arte hasta el juego con arena. Identifique los talentos singulares de los niños; coméntelos y estimúlelos siempre que pueda. Si un niño tiene un talento para aprender mediante la música, integre actividades de música y movimiento a su currículo siempre que pueda.
- Ponga el ejemplo de una actitud positiva y optimismo ante los niños. Evite criticarse demasiado a sí misma y tómese los errores con calma. Esta actitud demostrará a los niños que no hay por qué culparse demasiado cada vez que se equivocan.
- Disponga actividades sensoriales de relajación para que los niños aprendan a manejar el estrés en forma constructiva. Desde mirar las nubes mientras pasan lentamente por el cielo, hasta jugar con la pasta para moldear, hay muchas maneras en que los niños pueden lidiar con el estrés de la violencia familiar.
- Ofrezca a los niños oportunidades de experimentar la naturaleza en forma segura siempre que sea posible. La investigación demuestra que la naturaleza puede sosegar mucho a los niños. El ciclo regular de las estaciones y todos sus deleites sensoriales ayudan a fortalecer la percepción de seguridad y apego en los niños. Visite los parques locales en forma regular para adoptar un árbol o jardín preferido. Si Ud. cuenta con tiempo y espacio para cuidar bien una mascota, introduzca a su aula una que sea segura y que juegue fácilmente con los niños. Un animal ofrece a los niños amor incondicional y los escucha con paciencia.
- Aparte mucho tiempo para el juego libre en su clase, sobre todo para los juegos imaginarios. Los niños se valen del juego para comprender el sentido del mundo en que viven, y para relajarse y enfocarse en su experiencia infantil en vez del estrés de los adultos y la familia.
- Finalmente, haga arreglos para acceder a servicios de intervención cuando sea posible. Consulte a los familiares de un niño acerca de sus preocupaciones. Refiéralos a servicios relevantes y pregunte a los familiares más tarde cómo les fue con el servicio. Cuando sea necesario, llame a los profesionales apropiados de servicio social para ayudar a los niños y las familias a obtener la ayuda que necesitan. Cuanto más temprano se pone fin a la violencia doméstica y comunitaria, más se mejorarán las vidas de los niños.
¿Pueden los niños que presencian violencia beneficiarse de la consejería o la terapia?
Sí, absolutamente. En realidad, se recomienda enfáticamente la consejería si un niño ha presenciado múltiples incidentes de violencia doméstica o comunitaria. Las secuelas emocionales de presenciar la violencia pueden durar años, de modo que si se busca la consejería oportunamente, los niños podrán recuperarse exitosamente de sus sentimientos acerca de los sucesos.
En el caso de los niños preescolares y de los primeros grados de la primaria, les corresponde a los padres de familia obtener servicios de consejería para los niños (a menos que las condiciones sean tan severas que los servicios estatales de protección de niños están involucrados en la situación). A causa de esto, a continuación presento información destinada a los padres de familia que buscan servicios de consejería. Tal vez usted pueda compartir la información con los padres de familia de su programa que busquen ayuda profesional para su hijo y su familia.
Consejos para los padres de familia acerca de escoger un terapeuta de salud mental infantil
Para encontrar recursos relacionados a la salud mental, se necesita investigar. Considere los siguientes recursos: el pediatra; la agencia de salud mental del condado; un programa de asistencia para los empleados; la referencia de un amigo de confianza; el directorio telefónico (las direcciones se encontrarán en las secciones de terapeutas, psicólogos o servicios de salud mental); líneas telefónicas gratuitas de servicios humanos; o agencias de protección de niños.
También se pueden buscar en sitios de Internet. Estos pueden contener información sobre los certificados y la capacitación de los terapeutas, y los requisitos de licenciamiento en su estado. Ciertos sitios de Internet ofrecen directorios de profesionales, guías para el consumidor y otros recursos gratuitos.
La terapia de juego es un estilo de terapia especialmente apta para niños pequeños. Es efectuada por un profesional capacitado en maneras de comprender la vida de un niño observando sus juegos. Estos profesionales también están capacitados para estimular a un niño a jugar de manera que pueda procesar el trauma que ha experimentado o presenciado. Este método ayuda a los niños a dominar sus reacciones ante el estrés y la violencia. Para encontrar un terapeuta de juego, se puede consultar el directorio mantenido en el sitio de Internet de la Asociación para la Terapia de Juego (Association for Play Therapy), http://www.a4pt.org/directory.cfm.
Otros sitios de Internet ofrecen información sobre la terapia familiar, en que se trata a los niños junto con sus padres. Estos sitios incluyen la Asociación Estadounidense para Terapia Familiar y de Matrimonios (American Association for Marriage and Family Therapy; http://www.TherapistLocator.net), la Asociación Nacional de Asistentes Sociales (National Association of Social Workers; http://www.naswdc.org), la Asociación Estadounidense de Consejería (American Counseling Association; http://www.counseling.org) y el Comité Nacional de Consejeros Certificados (National Board for Certified Counselors; http://www.nbcc.org).
La selección de un terapeuta. Cuestiones a explorarHay que buscar el ‘mejor encaje’ entre un terapeuta y su propio hijo y familia en particular. El encaje variará dependiendo de las necesidades singulares de su hijo y los talentos singulares o la capacitación del terapeuta.
Se puede buscar información consultando por teléfono a posibles terapeutas o, preferiblemente, entrevistándolos personalmente. Independientemente de si se entrevista al terapeuta personalmente o por teléfono, al principio pregunte si se cobrará un arancel por la entrevista inicial.
También hay otras cuestiones prácticas a considerar. ¿Es posible encontrar a un profesional cuyo arancel usted puede costear? ¿Es posible que los servicios sean cubiertos por su seguro médico? La ubicación, las horas de servicio y hasta la duración y frecuencia de las sesiones también afectarán su decisión.
El Dr. Connor Walters, Educador certificado de Vida Familiar y anteriormente un Terapeuta de Matrimonios y Familias, sugiere que se planteen preguntas específicas a posibles consejeros antes de hacer una selección final.
- ¿Cuál es la capacitación, certificación o licenciamiento, y experiencia profesional del terapeuta? ¿Ha estudiado bien el desarrollo típico de niños, en vez de principalmente el desarrollo anormal? Walters advierte que ciertos comportamientos difíciles de los niños realmente son típicos para la edad y no son patológicos. Es preciso encontrar a un terapeuta que sepa distinguir entre los dos tipos de comportamiento.
- ¿Prefiere el terapeuta aconsejar a niños de cierta edad? La mayor experiencia del terapeuta ¿es con niños de qué edad?
- ¿Qué tipos de problemas de la infancia tiene el terapeuta la mayor experiencia en aconsejar? (Esto puede variar mucho e incluir, entre otros, depresión, ansiedad crónica, exposición a violencia, temores excesivos o fobias, comportamiento agresivo, trastornos de alimentación, problemas crónicos de salud, divorcio, baja auto-estima y trastornos de aprendizaje.)
- ¿Cuáles métodos de terapia pueden utilizarse con su hijo? Por ejemplo, terapia de juego, el manejo del estrés, capacitación en relajación y/o terapia familiar. ¿Qué tipo de evaluaciones o exámenes se utilizarán?
- ¿Cuáles son las políticas de confidencialidad y ética respecto a los niños y los padres? ¿Existen situaciones en que el estado requiere que el terapeuta denuncie, por ejemplo, sospechas de abuso y descuido de niños, abuso de drogas o violencia doméstica?
- ¿Se siente confiado el terapeuta acerca de su capacidad para entablar relaciones de confianza con niños además de con adultos, o ha trabajado principalmente con adultos en vez de niños? Walters advierte a los padres que ciertos terapeutas pueden entablar buenas relaciones con los padres pero no con los niños. Se debe buscar a una persona que se comunique hábilmente tanto con los niños como los adultos, en vez de con uno o con el otro. La habilidad para relacionarse con los niños debe recibir prioridad si no se puede encontrar a un consejero que se comunique fácilmente con personas de todas las edades.
- ¿A quién se permitirá, o hasta se animará, a participar en las sesiones de su hijo?
- ¿Está dispuesto el terapeuta a colaborar con un equipo para ayudar al niño? ¿Considerará las contribuciones de los profesionales del cuidado infantil o de la escuela al tratar a su hijo?
- ¿De cuáles maneras y con cuánta frecuencia esperará el terapeuta comunicarse con usted acerca del progreso o las preocupaciones? ¿Se concertarán citas con usted? ¿Le informará del progreso por teléfono o con un informe escrito?
- ¿Cuánto durará la terapia, según la estimación del terapeuta? La cantidad de visitas de terapia que requieren los niños varía mucho dependiendo de cuestiones particulares. Walters nos recuerda que “la terapia es un proceso”, es decir, no se puede predecir exactamente cuándo se lograrán las metas de la misma. Ciertas cuestiones realmente pueden resolverse muy simplemente, de modo que se necesitan solo unas cuantas visitas; sin embargo, otras cuestiones pueden requerir muchos meses o hasta años para resolverse.
¿Puede el desarrollo del cerebro de un niño afectarse si este presencia la violencia doméstica?
Esta es una de las ironías de los niños que experimentan el estrés, ya que solemos suponer que el desarrollo emocional es lo único que se afecta negativamente. Pero cuando los niños presencian violencia, las secuelas del estrés pueden interferir profundamente en el desarrollo normal de las conexiones entre las neuronas, o sea, los caminos de aprendizaje de la mente. En realidad, el crecimiento del cerebro es más vulnerable al trauma físico o emocional durante la infancia, por lo que la violencia doméstica es mucho más desgarradora.
La ciencia nos informa que las experiencias de abuso de los niños afectan sus cerebros profundamente, y alteran las partes que almacenan las memorias. El dominio de habilidades y el desarrollo de conceptos pueden estorbarse, por lo que el niño siente ansiedad, tiene poco control de los impulsos, es menos capaz de tolerar la frustración y tiene capacidades inadecuadas para resolver problemas, enfocarse y concentrarse.
Cuando un niño presencia o recuerda un incidente de abuso, una gran cantidad de hormonas de estrés se liberan en el torrente sanguíneo del niño, de modo que se altera el desarrollo del cerebro. Estas hormonas del estrés cambian las prioridades del cerebro, ya que este se enfoca primero en una respuesta de ‘lucha o huida’. Aprender y tomarse el tiempo para explorar y comprender el mundo es un lujo para los niños en tales momentos ya que sus cuerpos se enfocan en la sobrevivencia.
Los niños que presencian la violencia doméstica o comunitaria no pueden alcanzar su máximo potencial de aprendizaje. Esta es otra razón por la que es muy importante que ayudemos a prevenir que los niños presencien violencia. Pero si no lo podemos evitar, debemos ayudar a los niños a recuperarse y desarrollarse bien a pesar de las circunstancias tóxicas que socavan la capacidad de los niños para florecer.
La violencia doméstica que presencian los niños, ¿ocurre mayormente entre un hombre y una mujer?
La forma de violencia doméstica que más comúnmente se denuncia a la policía ocurre entre un hombre y una mujer. Sin embargo, la violencia en el hogar toma otras formas también. La violencia puede ocurrir entre una abuela y su hija delante de los nietos. A veces los tíos pelean en presencia de los niños, y a veces son amistades adultas de la familia que pelean con otras personas en el hogar. Los hermanos adolescentes que pelean física y verbalmente con los padres, también pueden traumatizar a los niños pequeños. Cuando los niños son criados por un padre soltero o una madre soltera, la novia o el novio del progenitor también puede participar en la violencia doméstica.
Fundamentalmente, las peleas entre los padres no son el único tipo de violencia del que necesitamos proteger a los niños. Sin importar quién convive con los niños en la familia y la comunidad, es importante que éstos vean que todos resuelven problemas con estrategias dignas para la resolución de conflictos… y estas siempre excluyen la violencia. La única manera de poner fin al ciclo de violencia doméstica y comunitaria es enseñando a los niños a comportarse con respeto en la familia y la comunidad.
No sé cuál es su opinión sobre el ‘trauma indirecto’, pero muchas personas que trabajan con niños traumatizados por la violencia familiar, a veces pueden ser afectadas ellas mismas. Puede ser tan desalentador saber que los niños que cuidas han sido lastimados o asustados, y que pueden serlo otra vez y no puedes hacer nada para evitarlo. No es infrecuente que uno mismo se sienta enojado e indefenso. Bueno, mi pregunta es: ¿Qué sugiere usted que hagan los maestros y cuidadores de niños pequeños para apoyar su propia capacidad de recuperación, en tales situaciones?
Sin duda, yo creo que los maestros experimentan mucho estrés al tratar con niños muy estresados, como aquellos que viven en circunstancias traumáticas. Para no abrumar a los maestros de tales niños, creo que necesitamos clases más pequeñas y proporciones mayores de maestros a niños, así los niños recibirían más atención individualizada de los adultos. Estos también podrían compartir las demandas adicionales de cuidar y enseñar a niños traumatizados.
Cuidar las necesidades sentimentales de los niños puede agotar la energía y el entusiasmo. Para evitar que personas experimentadas dejen el ámbito de la primera infancia, es muy importante que los maestros aumenten su propia capacidad de recuperación. Solo cuando los maestros mantienen la propia salud mental, pueden estar disponibles para apoyar a niños y familias que viven situaciones estresantes. A continuación presento consejos para adultos que intentan mantener una actitud positiva, suficiente energía y una capacidad constante de recuperación al trabajar con niños y abogar por ellos.
Consejos para adultos acerca del manejo del estrés
Desarrolle buenos hábitos para el manejo del estrés: Coma una dieta bien equilibrada que incluya muchos nutrientes, duerma al menos 7 u 8 horas cada noche, haga ejercicios –por ejemplo, dé un paseo– durante aproximadamente 30 minutos, al menos varias veces a la semana.
Limite o elimine por completo los comportamientos relacionados al estrés, ya que estos en última instancia resultan contraproducentes para la salud y la capacidad de sobrellevar el estrés. Me refiero a fumar, depender de sustancias que alteran el estado de ánimo, o comer en demasía.
Esfuércese por equilibrar las demandas del trabajo y la vida familiar. Programe un tiempo cada día para relajarse en paz. Comience a delegar los quehaceres de la casa entre los familiares para que cada uno lleve su porción de la carga. Delegue algunos quehaceres en los colegas también.
Busque algún tipo de alivio mental de las preocupaciones relacionadas al trabajo, sea viendo una película, leyendo una buena novela, buscando información sobre los antepasados, meditando o haciendo yoga. Encuentre un pasatiempo en que pueda concentrarse completamente. Busque una pasión personal, como la fotografía, los libros de recuerdos (scrapbooking en inglés) o el excursionismo. Esto puede ayudarlo a evitar enfocarse solamente en los comportamientos y las circunstancias difíciles en las vidas de sus niños.
Al menos una vez al mes, cene con amigos adultos en un restaurante que no tenga un menú para niños. Esto puede aliviar el estrés de estar con niños a todas horas.
Estreche las relaciones con los colegas, la familia, los grupos de apoyo profesional y grupos religiosos para encontrar ayuda, orientación, consuelo, empatía y aliento cuando se encuentra con pocas energías. Hasta puede ser útil unirse a un club de libros que se reúna una vez al mes.
Para motivarse, lea algo que infunda inspiración, como poesías, humor, o libros religiosos.
Antes del momento en que ya no puede más, lea libros como Avoiding Burnout por Paula Jorde Bloom (Cómo evitar el ‘quemarse’ con el trabajo; publicado por Gryphon House) o Seeking Balance in an Unbalanced World: A Teacher’s Journey por Angela Fishbaugh (Cómo buscar el equilibrio en un mundo desequilibrado. El trayecto de una maestra; publicado por Redleaf Press). Estos libros pueden ayudarlo a mantener su propia capacidad de recuperación.
Y finalmente, si usted tiene problemas constantes para ‘dejar el trabajo en el lugar de trabajo’, considere visitar a un terapeuta que lo ayude a mantener la debida perspectiva. Sobre todo si empieza a experimentar depresión, busque ayuda. Se trata de una reacción fisiológica al estrés, y los médicos pueden ayudarlo a manejarla. El sitio de Internet de la Clínica Mayo (http://www.MayoClinic.com) presenta la siguiente lista de síntomas de depresión. Si usted experimenta varios síntomas durante al menos 2 semanas o más, se recomienda que confíe en su médico para encontrar ayuda.
- Perder el interés en las actividades diarias normales
- Sentirse triste o abatido
- Sentirse sin esperanza
- Llorar sin motivo aparente
- Tener problemas para dormir
- Tener problemas para enfocarse o concentrarse
- Tener dificultad para tomar decisiones
- Perder o ganar peso sin querer
- Sentirse irritable
- Sentirse agitado
- Enfadarse fácilmente
- Sentirse fatigado o débil
- Sentirse inútil
- Perder el interés en el sexo
- Tener pensamientos de suicidio o comportamientos relacionados al suicidio
- Experimentar problemas físicos sin explicación, como dolores de la cabeza o de espalda
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