Pregunte a un perito
Trasunto
Mi madre frecuentemente me aconseja que no me meta en las riñas de mis hijos. Ella dice que lo mejor es que los niños resuelvan sus propias riñas. ¿Qué opina Ud. al respecto?
Cuando los niños riñen o discutan un poco, esto les permite aprender cuáles comportamientos sociales los ayudan a obtener lo que quieren y cuáles son contraproducentes. Las oportunidades de practicar relacionándose con otros en el ambiente seguro del hogar los ayudan a desarrollar la independencia y el autodominio. También aprenden habilidades de resolución de conflictos como escuchar y considerar los puntos de vista ajenos, negociar, hacer compromisos, hacer intercambios, compartir cosas, hacer trueques, resolver problemas y cosas por el estilo.
Es más probable que los niños resuelvan de una manera respetuosa los conflictos y problemas que resultan en riñas si encuentran buenos modelos en los adultos y compañeros, y si los adultos que se interesan por ellos los han 'capacitado' en los pasos a tomar para resolver problemas con respeto, de una manera que se enfoca en las soluciones constructivas y respetuosas en vez de la culpa, las amenazas o el castigo.
Si las discusiones entre hermanos escalan hacia una "ola implacable" de insultarse, decirse cosas crueles, mofarse de o intimidarse uno al otro, los padres deben intervenir para proteger a todos en la familia y defender sus derechos. Y por supuesto, las peleas injustas entre niños de edades o capacidades muy distintas no se deben tolerar de modo que siempre se consideren respetuosamente los sentimientos de todos.
Por lo general, cuando se enseña a los niños a escucharse uno al otro y a dar y aceptar con maneras razonables, un padre, madre o cuidador sensato puede permitir que los niños tengan 'un espacio para aprender', apartándose a un lado y observando cómo se desarrollan las habilidades de interacción de los niños.
Se necesita un equilibrio delicado para determinar cuándo se debe dejar que las riñas de los niños sigan su curso y cuándo estas deben ser terminadas por un adulto. Por esto la crianza y la guía de los niños es un arte, en vez de solamente una ciencia.
Tengo una niña en mi clase cuyo primer impulso es el de usar la fuerza física -pegar, dar patadas, hasta morder- cuando tiene un conflicto con otro niño. ¿Cómo puedo enseñarle a usar las palabras en vez de los puños?
El primer paso es uno de
prevención. Aconsejo que se reduzcan las frustraciones innecesarias al arreglar
el salón de clases de modo que se prepare el terreno para el éxito en vez de
las peleas. Un grupo de un tamaño razonable, adultos bien capacitados en el
salón en cantidad suficiente como para ofrecer atención e instrucciones
individualizadas, y suficiente espacio abastecido de juguetes duplicados y
equipos adecuados, puede ayudar a disminuir la frecuencia de los conflictos.
Dentro de tales ambientes de apoyo, y cuando los niños se encuentran en conflictos, típicamente manifiestan más control sobre sus sentimientos y más capacidad de recuperación emocional, de modo que pueden responder sin la agresión. Los niños gozan de un mejor control de sus impulsos cuando no se hallan tentados constantemente por un ambiente caótico en su aula.
Otra buena estrategia de prevención es servir de modelo de interacciones positivas. Deje que los niños la observen resolviendo problemas con un maestro colaborador mediante las palabras y el compartir materiales. Juegue con los niños en grupos para darles un modelo del "dar y aceptar" necesarios para las buenas relaciones sociales.
La animo también a tener reuniones de clase donde los niños la ayuden a desarrollar unas pocas reglas básicas para guiar la conducta. Durante una reunión tranquila, los niños -especialmente los que tienen 2 años o más- pueden empezar a discutir cómo quieren ser tratados, y cómo se deben mantener seguros los cuerpos y los sentimientos de las personas en la clase. Discuta los comportamientos que no se pasarán por alto ni se tolerarán, como usar violencia para lastimar el cuerpo o los sentimientos de otra persona.
Junto con la clase, usted podría establecer consecuencias para los comportamientos agresivos, como pegar, dar patadas, morder, etc. La Dra. Jane Nelson, autora de varios libros de disciplina positiva, nos recuerda que las consecuencias deben satisfacer la norma de las '3 erres'. Las consecuencias deben estar relacionadas con la acción, ser razonables y ser respetuosas. La elección sabia de consecuencias enseña a los niños el autodominio, además de la ética del tratamiento humanitario de otros.
Dé a los niños mucha guía e instrucción verbal cuando están expresando sus sentimientos. Si usted observa los indicios no verbales de que una niña pronto perderá los estribos (por ejemplo, dientes apretados, cara enrojecida, ojos entreabiertos), vaya hacia ella, agáchese para estar al nivel de sus ojos, y reflexione en voz alta sobre lo que puede estar sintiendo. Haga esto antes de que la niña llegue a exteriorizar la agresión. Por ejemplo, usted podría decir: "Tu cara me indica que estás muy enojada. ¿Puedes decirme qué te hizo enojar?" Cuando la niña responda, instrúyale sobre maneras de resolver el problema. Dígale: "¿Le has dicho a Antonia lo que te hace enojar? ¿Quieres que yo esté cerca de ti mientras se lo dices? Yo podré animarla a escucharte."
Después de que la niña resuelve el problema hablando, dígale que usted aprecia que ella resolviera el problema con palabras en vez de pegando. Dígale también que ella puede estar orgullosa de sí misma por haberlo hecho.
Es importante responder y reforzar los intentos positivos de un niño para resolver problemas cuando estos ocurren. Por ejemplo: "Veo que hiciste un intercambio con Adán al darle dos bloques cortos por el bloque largo que tenía él. ¡Qué manera creativa de resolver tu problema!"
Resista la tentación de ponerle la etiqueta a un niño de agresivo o 'niño problemático', ni permita que otros niños le pongan esa etiqueta tampoco. También creo yo que no deberíamos referirnos a los niños como 'mordedores'. Esto implica que ellos no pueden cambiar su conducta y les asigna un papel que ellos a veces se sienten destinados a llevar a cabo.
A la vez de enseñar al niño que exterioriza sus impulsos cómo controlarlos y usar las palabras en vez de los puños, trabaje con los otros niños de la clase para ayudarlos a aprender a defenderse. Por ejemplo, dígales que ellos no tienen que ser lastimados ni gritados. Anímelos a decirle a un niño que les grita, por qué no quieren jugar cuando son lastimados o llamados con nombres malos.
Comuníquese con los padres del niño que se porta agresivamente, para discernir cuáles factores de estrés podrían estar afectando al niño. Haga un plan con los padres acerca de maneras constantes de responder a los conflictos del niño además de la cooperación del niño en casa y en la clase. El apoyo mutuo a largo plazo en casa y en la escuela, hace más fácil que los niños aprendan las reglas de la conducta esperada.
En mi clase hay un niño de carácter muy apacible, de manera que siempre cede ante la otra persona cuando hay conflictos. ¿Cómo puedo lograr que este niño se defienda durante las disputas?
Tal vez este niño tenga un
temperamento tímido o "de animación lenta". Además, es posible que el niño
observe a otras personas en su hogar quienes permiten que la gente los pisotee
o los pase por alto. Sea cual fuere el motivo, usted tiene la idea correcta de
que los niños con un temperamento más manso u obediente necesitan su ayuda con
la competencia social, tanto como los niños que manifiestan agresión.
Como siempre, presente usted un buen modelo. Durante una actividad, si un niño le quita un juguete a usted sin pedirlo, defiéndase diciendo algo como: "Me lastimas los sentimientos cuando me agarras algo de la mano sin pedirme. Intenta pedírmelo en vez de agarrarlo." Luego espere que el juguete le sea devuelto.
Consideremos el ejemplo teórico de Alex, un niño preescolar de carácter manso a quien otros niños abruman con la fuerza física. Usted observa a Alex subir a un triciclo pero otro niño, Bernardo, impulsivamente lo empuja hacia un lado y empieza a subirse al triciclo. Alex simplemente se aparta hacia un lado y deja que Bernardo se lleve el triciclo. En este momento, usted puede ayudar a Alex a aprender a defenderse. A continuación describo algunas maneras de responder a esta situación.
Vaya hacia Alex y pida a Bernardo que se baje del triciclo para hablar con Alex y usted. Agáchese al nivel de los ojos de los niños. Mire a ambos y dígales: "Yo vi a Alex subir al triciclo, pero luego Bernardo le dio un empujón para apartarlo del triciclo. Alex, no tienes que dejar que nadie te trate así. Tienes el derecho de montar el triciclo igual que todos los demás." Luego pida a Alex que le diga a Bernardo cómo se siente por haber sido apartado del triciclo. La presencia física de usted ayudará a comunicarle a Bernardo que usted espera que él preste atención a los sentimientos de Alex.
Diga a Bernardo que usted cree que él puede aprender mejores maneras de conseguir lo que quiere. Luego pida a Bernardo que piense en otra manera de conseguir el triciclo. Si él no logra idear nada, sugiera usted algunas maneras, como por ejemplo, cuando Alex acabe de montarlo le avisará a Bernardo. O, tal vez Bernardo pudiera buscar otro triciclo para usar. Usted querrá que Bernardo idee algunas alternativas en vez de dar empujones a Alex para apartarlo del triciclo. Alex también puede dar algunas sugerencias.
Usted también puede instruir a Alex sobre maneras de responder si el problema recurre. Por ejemplo, dígale: "Alex, puedes decir que tenías el triciclo primero si alguien intenta quitártelo. Habla de una manera que les muestra que quieres decir lo que dices, también. Si necesitas mi ayuda, yo vendré, pero es importante que aprendas a resolver este problema por tu cuenta."
También es necesario el seguimiento con ambos niños. Procure observar a Bernardo portarse de manera apropiada y anímelo cuando sea posible. Por ejemplo: "Bernardo, yo vi lo suavemente que hamacabas a Tania en el columpio. Qué buena manera de ser servicial con tus amigos." Y por supuesto, cuando usted observe a Alex defenderse, puede darle encomios verbales o simplemente darle un 'choque los cinco'.
Los niños de 2 años en mi programa son insólitamente impulsivos. ¿Pueden los niños de 2 años aprender maneras positivas de resolver conflictos?
Ciertamente. En realidad, a esta
edad los niños se encuentran en un momento excelente para dominar el control de
su conducta. Es importante preparar el terreno para la cooperación.
Especialmente con los niños de 2 años, procure que sea fácil compartir cosas.
Ofrezca duplicados de los juguetes más populares para limitar los conflictos
innecesarios.
Aunque los niños de esta edad frecuentemente son egocéntricos, los niños de 2 años pueden ser increíblemente simpáticos con otras personas. Están aprendiendo que otras personas tienen sentimientos, igual que ellos. Se puede ayudar a estos niños a entender las consecuencias de sus acciones al enseñarles a 'leer' el lenguaje corporal de otros. Si un niño intenta sacarle un juguete a otra, usted puede instruir a aquel niño diciéndole: "Mira la cara de ella. Tiene lágrimas. Ella no quiere que tú agarres su juguete. Vamos a ver si podemos encontrar otro. Muéstrame la canasta de juguetes."
Los niños de esta edad necesitan instrucciones muy simples y breves. Por ejemplo, si los niños están jugando a peinarse unos a otros, refuerce el autodominio al decirles: "Qué bien, están siendo cuidadosos. Micaela tiene una sonrisa, le gusta que tú la toques suavemente."
A los niños de esta edad les encanta imitar a los adultos, de modo que la representación de papeles es especialmente efectiva. Si un niño ha derribado el edificio que otro estaba construyendo, el adulto puede sentarse y empezar a reconstruir con los bloques, a la vez de animar a ambos niños a ayudar.
Aunque los niños de 2 años no pueden producir mucha habla, sí entienden muy bien lo que escuchan. Por lo tanto, haga comentarios verbales a la vez que realiza acciones para ayudarles a captar el sentido. De este modo es más probable también que absorban lo que usted quiere enseñarles. Por ejemplo, en la situación que acabo de describir, mientras usted ayuda a reconstruir un edificio de bloques, puede decir: "Isaías está frustrado porque sus bloques se derribaron. Él quiere que caminemos un poco más lejos de ellos. Ayudémoslo a apilarlos otra vez."
En mi programa de cuidado de niños en mi hogar, tengo niños de muchas edades: bebés, niños de 1 y 2 años, preescolares y de edad escolar. ¿Podría darme algunos consejos acerca de técnicas para la resolución de conflictos con niños de diferentes edades?
Se necesita una paciencia y
flexibilidad enormes para acomodar las necesidades, experiencias y capacidades
muy variadas de niños con esta gama amplia de edades. Puede ser todo un desafío
establecer normas de justicia para todos, consecuencias apropiadas y maneras de
resolver problemas para todas las edades y niveles de capacidad.
Para los bebés, la prevención de conflictos es la responsabilidad única del adulto. Es de mayor prioridad estimular la confianza fundamental y una fuerte relación de apego por medio de los cuidados predecibles y sensibles. Se puede enseñar mucho a los niños mayores en el programa sobre la empatía cuando aprenden a portarse compasiva y éticamente con bebés y niños de 1 y 2 años.
Para aproximadamente los 18 meses de edad, la mayoría de los niños puede participar en interacciones muy simples y limitadas con otros. No obstante, todavía dependerán mucho de los adultos para prevenir e intervenir con instrucciones cuando surjan necesidades conflictivas entre los niños.
Será necesario que a los niños de esta edad les ofrezca un modelo de vocabulario enriquecido acerca de los sentimientos. Use expresiones de la cara que correspondan con sus palabras. Interprete el lenguaje corporal para los niños de esta edad: "Él está gritando porque tú le quitaste el juguete. Quiere que se lo devuelvas."
Para los niños de 18 meses a 2 años, usted les repetirá mucho las reglas que limitan la conducta. Por ejemplo, si usted dice esto una vez, lo dirá 10 veces al día: "No debes tirar los juguetes. Esto le duele a las personas. Si estás enojado, da una pisoteada con el pie, pero no puedes tirar juguetes." A los niños de esta edad (así como a los preescolares), se necesita decirles específicamente lo que pueden hacer con más frecuencia que lo que no pueden hacer. Escuchar una cancioncilla constante de "no", "no hagas eso" y "deja de hacer eso" agotará a cualquier niño.
Los niños preescolares, de 3 a 5 años de edad, ya pueden nombrar sus sentimientos y deseos durante los conflictos, pero todavía necesitan la guía de adultos para lograr resolver sus conflictos. Pueden entender cuáles comportamientos son aceptables y cuáles no lo son. Por ejemplo, pueden aprender que nunca está bien pegar ni morder.
Con los niños preescolares, usted les dará menos instrucciones y más guía al hacerles más preguntas. Por ejemplo, podría decir: "Veo que ambas quieren hacer de mamá en su cuento imaginario. ¿Qué tipo de cuento podrían contar para que suceda así?"
A los niños de esta edad, se les puede presentar y enseñar los pasos fundamentales de resolver problemas y conflictos. Estos pasos incluyen:
- Identificar el problema.
- Generar una "lluvia de ideas" sobre opciones para resolverlo.
- Evaluar los aspectos buenos y malos de cada opción.
- Elegir la opción que les parece mejor a todos.
- Implementar esa opción.
- Evaluar el éxito del uso de esa manera pararesolver el conflicto.
- Si fuera necesario, repetir los pasos hasta lograr la satisfacción.
Los niños de edad escolar pueden llevar a cabo independientemente este proceso de resolver problemas. Con habilidades más avanzadas de pensamiento abstracto y de escritura, hasta pueden aprender a hacer contratos unos con otros para guiar la resolución de conflictos futuros. Se puede animar a los niños de esta edad a escribir en un diario para ayudarles a manejar la gran variedad de sentimientos profundos que experimentan. A los niños de edad escolar también se les puede animar a utilizar maneras creativas de hacer frente a los conflictos. Si dos niños pelean por algo, podrían redactar juntos una "obra de teatro" en la cual los personajes resuelven el problema.
La verdadera dificultad de cuidar a niños de edades tan diferentes se encuentra en la resolución de conflictos entre niños de edades distintas. Habrá momentos cuando un niño de edad escolar quiera desquitarse con un niño de 2 años que por accidente derrama agua en la pintura de aquel, o un niño preescolar que estorba un juego de fútbol. En tales casos, se necesita enseñar a los niños de edad escolar que se espera paciencia cuando tratan con niños menores. Y los niños de 2 años y preescolares tienen que aprender que debe respetarse el espacio de los niños mayores.
Todos tendrán que aprender que la vida no siempre es justa en todo momento. A veces hacemos cosas por el bien de todas las personas, no solamente de una. Por esto es tan importante construir un sentido de comunidad, de modo que todos se interesen por los otros lo suficiente como para tener paciencia y acomodarse a las habilidades, capacidades y limitaciones de los demás. En algunos casos, los niños de edad escolar quizá tengan que aprender que no podrán jugar juegos físicos muy activos hasta que los niños de 2 años se vayan a sus casas por la tarde. Y los preescolares tal vez tengan que aprender que algunos juegos en la computadora sólo son para los niños mayores. Esta es la esencia de la convivencia -comprensión, compromisos y cooperación- junto con mucha paciencia.
He escuchado en las noticias que muchos niños son expulsados del preescolar por problemas de conducta, y que frecuentemente se trata de conducta agresiva contra otros. ¿Cree usted que los niños preescolares se han vuelto más agresivos, y de ser así, sugiere la investigación algunas causas para esta tendencia?
Yo no creo que los niños preescolares
sean más agresivos hoy que en el pasado. No obstante, algunas tendencias
actuales contribuyen al nivel de agresión de los niños. Muchas de las
tendencias aumentan el estrés de la vida familiar, lo cual socava las reservas
emocionales de los niños.
Los niños que presencian constantemente la violencia doméstica, abuso de alcohol o fármacos, y violencia en el vecindario, tienen más probabilidades de adoptar conductas agresivas. La pobreza y la escasez de recursos de apoyo social para los "trabajadores pobres" también aumentan el estrés de la vida familiar.
La exposición constante a violencia en los medios de comunicación, entre ellos la televisión, dibujos animados, anuncios televisivos y películas, así como violentos videojuegos y juegos para computadoras, forman parte de lo que estimula a los niños a usar la agresión física o verbal. Los niños dejados solos para cuidarse de sí mismos sin tener suficiente edad para esto o durante mucho tiempo por día, también son más vulnerables a tales influencias.
Ciertamente, un cuidado infantil de poca calidad también contribuye a los actos agresivos de los niños. La capacitación inadecuada de los empleados o una cantidad insuficiente de ellos, demasiados niños e insuficientes recursos, preparan el terreno para interacciones negativas.
En vez de intentar enseñar a niños tan pequeños a resolver conflictos, ¿no es más efectivo establecer reglas y castigar a los niños que las infrinjan? Eso es lo que yo hacía, y mis hijos se portan bien.
La mayoría de nosotros quiere que
nuestros hijos se porten bien. Los niños reciben más apoyo social cuando se
portan con buenos modales y habilidad social. No obstante, en ciertos momentos
creo que los niños aprenden a portarse bien a pesar de lo que hacemos, no a
causa de lo que hacemos.
Ya que sus hijos se portan bien, probablemente de muchas maneras usted los animaba a cooperar, a ser respetuosos y a usar el autodominio. Esto no se puede lograr con tan solo mencionar reglas y amenazar a niños sensibles con un castigo físico o emocional.
Nuestra manera de guiar la conducta de los niños debe ser dictada por nuestras metas. Cuando repasamos nuestras metas, podemos entonces escoger estrategias para guiar y disciplinar a los niños, aquellas que apoyen mejor el logro de esas metas. Una de mis metas para niños es que aprendan a pensar y a resolver problemas de forma independiente, para que no dependan de que otros tomen decisiones a favor de ellos cuando sean adultos.
Deseo también que los niños aprendan a vivir una vida satisfactoria, gran parte de la cual tiene que ver con las buenas relaciones sociales. No creo que los niños que se portan bien solamente por la amenaza del castigo y el miedo, tengan más habilidad social. Sí creo que si se enseña a los niños a manejar el conflicto con una variedad de estrategias cooperativas, estos crecerán para ser adultos más capaces de formar y mantener relaciones emocionales estrechas con otras personas.
Tengo la esperanza también de que los niños crezcan para ser adultos que puedan decidir por sí mismos y que tengan un buen amor propio. La disciplina enfocada en el miedo, la vergüenza, las amenazas y el castigo no produce tales resultados, sino en realidad socava la confianza y el amor propio.
Mi esperanza es que los niños aprendan maneras éticas de llevarse bien con otros, de modo que escojan portarse bien por un espíritu de colaboración y respeto mutuo, más bien que por temor al castigo o a la intimidación. Mi meta es, no que los niños obedezcan meramente "porque yo te lo digo", sino que entiendan cómo las relaciones respetuosas se entablan y se mantienen. Deseo además que entiendan por qué se fijan ciertas expectativas. Una estrategia para criar a niños que manifiestan habilidad social y se portan bien es la de enseñarles opciones específicas y constructivas para resolver conflictos.
Cuando enseñamos por medio de la paciencia, la compasión, la empatía, el ejemplo y la instrucción, creo que los niños aprenden a contar con nosotros como ayuda. en vez de tenernos miedo. La guía y la disciplina no deben provocar el distanciamiento de nuestros hijos; de hecho, la raíz de la palabra "disciplina" significa "enseñar". Es apropiado que nos aseguremos de enseñar a los niños algo que vale la pena aprender, como las habilidades de resolver conflictos de manera pacífica.
¿Qué se puede hacer si un niño está demasiado enojado o perturbado como para hablar sobre el conflicto?
Una de las habilidades más
importantes de 'independencia' que podemos estimular en los niños es la de
aprender a tranquilizarse. Solamente cuando los niños vuelven a componerse sin
ayuda pueden controlar con éxito los impulsos y sentimientos volátiles y
abrumadores.
Hay momentos en que un niño está sollozando o se está portando agresivamente con tanta intensidad que es inútil hablar de resolver conflictos en ese momento. Cualquier cosa que pueda decirse no dará en el blanco porque el niño no puede enfocarse ni relajarse.
Hay varias maneras por las que un adulto cariñoso puede mostrar la empatía y dar a los niños indicios para que se tranquilicen. A veces es útil instruir a los niños diciéndoles: "Respira lentamente", o: "Se necesita una voz más baja". Se les puede decir que usted los escuchará cuando dejen de gritar. Frecuentemente yo solo sostengo un pañuelo de papel para que el niño lo agarre, o le ofrezco un vaso de agua, para señalarle que ya es hora de poner fin al berrinche.
Con los niños muy pequeños, a quienes tal vez les asusta su propia pérdida del control, se debe a veces sostenerlos seguramente en el regazo a la vez de susurrarles palabras tranquilizantes para darles el 'refugio seguro' emocional que necesitan para componerse y volver a estar tranquilos.
Para los niños de edad preescolar y mayores, si usted cuenta con un espacio más tranquilo que el resto del salón de clases, pero fácilmente supervisado por adultos, se puede pedir a los niños que vayan a ese espacio hasta tranquilizarse. En nuestro programa, tenemos un salón que los niños llaman "The Soft Spot" (El lugar suave) porque tiene un sofá, cobijas, títeres y juguetes de peluche. Si los niños se están portando de manera agresiva, se les instruye para que vayan allí, si no logran tranquilizarse mientras están en el área de juegos con otros niños.
Hemos escuchado a las maestras decir: "Los gritos están asustando a los demás niños. No quiero que estén asustados. Si decides gritar, vete al lugar suave hasta que puedas dejar de gritar. Cuando estés tranquilo, yo escucharé lo que te hace enojar tanto." La meta es decir esto una vez y no seguir prestando atención a los niños por dar berrinches. Si un niño se resiste, una de las maestras tal vez le diga: "Tú puedes ir al lugar suave o yo te llevo, pero no dejaré que sigas asustándonos a todos con los gritos". Entonces inmediatamente cuando el niño recupera el autodominio, la maestra entra y le pregunta si está listo para hablar.
Si las relaciones son buenas, este proceso no debe durar más de 15 minutos como máximo. Y tenga presente que nunca se debe dejar solos a los niños, o sin supervisión, mientras están intentando tranquilizarse. A los niños abrumados no los ayuda sentirse abandonados, sino más bien, necesitan sentirse apoyados por adultos firmes, tranquilos y cariñosos.
Tenemos un niño al que parece gustarle el conflicto; provoca a otros niños solamente para que reaccionen, aún cuando él realmente no tiene ningún conflicto. ¿Cómo se motiva a un niño para que prefiera llevarse bien con otros en vez de enzarzarse en conflictos?
Algunos niños anhelan ser el centro
de atención más que otros. Y ciertos niños han aprendido que la manera más
fácil y rápida de llamar la atención es molestando a otros o provocando
conflictos. Usted podría variar su manera de responder, según lo que ha
reforzado la conducta de este niño.
Por lo general, se puede mostrar empatía al niño que anhela atención y darle respuestas directas a lo que ha hecho, y luego se le pueden hacer preguntas que animen a la reflexión. Digamos que el niño se llama David. Por ejemplo, se pueden decir alguna de las siguientes cosas:
- "David, parece que quieres estar con los demás niños. No surte efecto molestarlos. ¿Habrá otra manera de llamar su atención? ¿Puedes pensar en una?"
- "Ah, parece que los otros niños sienten que tú los estás molestando. Es muy frustrante el no saber cómo hacerse amigo de otras personas. ¿Quieres que yo te ayude a pensar en otras maneras de hacerlo?"
- "David, si quieres que los niños jueguen contigo, te ayudará encontrar algo que les interesa a ellos. ¿Qué juego piensas que a ellos les gustaría jugar contigo aquí en el centro de bloques? ¿Necesita tu edificio alto alguien que limpie los cristales, o un bombero? ¿Podrías pedir a alguien que juegue a eso contigo?"
- "David, a la gente no le gustan las burlas que irritan; necesitas encontrar otra manera de hablar con tus amigos."
- "David, mira la cara de Tomás. ¿Qué te dice su cara? ¿Te parece que a él le gusta cuando le das empujones?"
- "David, estoy confusa. Parece que quieres tener amigos, pero muchas veces tienes peleas con ellos. ¿Por qué piensas que esto sucede? ¿Puedes hacer algo que pudiera cambiar eso?"
¿Cuáles libros recomienda usted que tratan sobre la ayuda a niños pequeños para resolver conflictos?
Los libros sobre la guía y la
disciplina positivas, estrategias cooperativas para resolver problemas, y los
temperamentos individuales de los niños, más probablemente le ofrecerán
información fiable acerca de cómo enseñar a niños habilidades fuertes para
resolver problemas. Muchos libros están disponibles, pero a continuación
presento una lista de algunos de mis libros, videos o DVDs, y recursos de
capacitación preferidos:
Libros
- Understanding Temperament: Strategies for Creating Family Harmony por Lyndall Shick
- Positive Discipline for Preschoolers por Jane Nelson, Cheryl Erwin y Roslyn Duffy
- Guidance of Young Children por Dra. Marian Marion
- Conscious Discipline por Dra. Becky Bailey
- The Power of Guidance: Teaching Social-Emotional Skills in Early Childhood Classrooms por Dan Gartrell
- Kids Can Cooperate: A Practical Guide to Teaching Problem Solving por Elizabeth Crary
- Siblings without Rivalry por Adele Faber y Elaine Mazlish
- Class Meetings: Young Children Solving Problems Together por Emily Vance y Patricia Jiménez Weaver
- Children's Problem Solving Series por Elizabeth Crary, disponible en http://www.parentingpress.com. Los títulos de libros para niños incluyen:I Want It;I Want to Play; My Name Is Not Dummy;I'm Lost;I Can't Wait; y Mommy, Don't Go.
Videos / DVDs
- It's Mine!: Responding to Problems and Conflicts por High/Scope Educational Research Foundation. (40 min.)
- Children and Conflict: An Opportunity for Learning in the Early Childhood Classroom, disponible en la Asociación Nacional de Educación Infantil en http://www.naeyc.org.
Recursos para la comunicación con los padres
- Parenting Exchange en CD por Karen Stephens, CD Collection #10: Friendship, Social Skills, Manners, and Diversity, disponible en http://www.ChildCareExchange.com.
- Weekly Parenting Tips en http://www.parentingpress.com/weeklytips.html.
Recursos para capacitación del personal
- What Do You Do with the Mad You Feel? Workshop(taller, disponible también en español, de la Asociación Nacional de Educación Infantil en http://sales.naeyc.org/default.aspx?Category=CSpanish)
- Out of the Box TrainingKits por la Dra. Kay Albrecht, disponible en http://www.ChildCareExchange.com.
Un niño en mi programa tiene retrasos en el habla y el lenguaje. ¿Cuáles son algunas de las estrategias no verbales que yo puedo enseñarle para resolver conflictos cuando le faltan las palabras?
Presentar un buen modelo de
comunicación no verbal, junto con la comunicación verbal, ayudará a los niños
tanto durante momentos de conflicto como tranquilos. Por ejemplo, usted podría
poner un ejemplo al mirar a los compañeros a los ojos, sonreír, turnarse,
extender la mano para invitar a un niño a jugar, y menear o inclinar la cabeza
hacia un lado cuando una idea de juego es bien recibida. Todo esto ayudará a un
niño con retrasos de lenguaje a comunicar sus pensamientos y deseos a los compañeros.
Levantar la palma de la mano y respirar lenta y profundamente son otras maneras
de mostrar a los niños cómo disminuir el paso de un conflicto para que no se
escape del control.
Si un niño con retrasos del lenguaje quiere hacer las paces después de un roce, siempre se le puede hacer sugerencias de maneras alternativas a decir "lo siento". En realidad, es buena idea enseñar esta estrategia a todos los niños, ya que a veces obligar a un niño a pedir disculpas se asemeja mucho a decirle que mienta. En tales casos, yo usualmente digo: "Si quieres hacer las paces después de esa riña, tal vez tu amigo agradecería un dibujo. ¿Te gustaría hacerle uno?" Por supuesto, hay otros gestos similares, como compartir un juguete, hacer una figura de pasta para moldear, dar a un niño una flor del patio de juegos, y otras cosas por el estilo.
Tenemos un hijo maravilloso que dentro de poco cumplirá los 3 años. Por algún motivo, se despierta de mal humor la mayoría de los días. Lo peor es que el niño es muy antipático con mi esposa, y no permite que ella se acerque a él hasta no haber pasado un rato conmigo. Dice cosas como: “Vete y déjame en paz”, lo cual perturba a mi esposa. Ella es absolutamente la mejor mami y después de este momento inicial, el niño se porta de manera “normal” el resto del día. Es muy frustrante y estresante cuando se porta de esta manera. Lo más importante es que esto lastima profundamente los sentimientos de una maravillosa mami. Agradeceríamos mucho sus consejos.
Me alegra ver que su hijo tiene lazos afectivos estrechos con ambos padres a lo largo del día. Al parecer, lo que más le preocupa a usted es lo que pasa al principio del día. Tal vez el temperamento de su hijo pudiera ofrecer una explicación parcial a su conducta. Nacemos con un temperamento o disposición innata, una manera preferida de responder a otras personas y al ambiente. Los temperamentos básicos frecuentemente se pueden categorizar como complaciente, “de animación lenta” y difícil.
Ningún temperamento es bueno ni malo; simplemente es lo que es. Me parece que ustedes tienen un niño que encuentra los cambios o las transiciones un tanto dificultosas. Esto puede deberse a un temperamento “de animación lenta”. Los niños con tales temperamentos pueden necesitar más tiempo para las transiciones y los cambios. Otros indicios de este tipo de temperamento podrían incluir una fuerte resistencia a alimentos nuevos, peleas durante la llegada o la partida de la guardería y timidez a la hora de acostumbrarse a un maestro nuevo o una situación nueva.
Ya que no conozco a su hijo, no puedo saber por cierto si las dificultades de las mañanas radican en el temperamento. Pero esta es la mejor adivinanza que puedo hacer acerca de la situación, así que mi respuesta partirá de esta suposición.
Aunque sé que es difícil para una mami sentirse rechazada, realmente será mejor que ella acepte que usted es el adulto que más fácilmente ayuda a su hijo a manejar la transición entre el tiempo de sueño y el tiempo activo. Esto no significa que su hijo quiera menos a mami; simplemente es su manera de hacer frente a las transiciones. Lo positivo de esta situación es que el niño está cómodo con uno de sus padres por las mañanas. ¡Algunos niños tienen mal humor con ambos padres!
Mami deberá enfocarse en evitar interpretar el estado de humor de su hijo como la medida de cariño para cada progenitor. Tampoco debería permitir que la conducta de su hijo por las mañanas afecte su amor propio ni su confianza. Sugiero además que usted enseñe a su hijo maneras respetuosas de comunicar sus necesidades. No debería permitirse que él hable de manera cruel ni se porte de manera agresiva contra ella, aunque sí debe permitírsele su “espacio personal” por las mañanas. Enséñele maneras respetuosas de decir que necesita pasar un rato con usted.
Sería útil si mami dejara tiempo para la “animación” su hijo por la mañana y luego de un rato se acercara a él. Si su hijo arremete contra la mami, dígale usted firmemente y sin rodeos que no tolerará que lastime los sentimientos de ella gritándole y apartándola con empujones. Si el niño continúa con comportamientos inapropiados, usted puede decirle que no estará con él por las mañanas hasta que se porte de manera más bondadosa.
En fin, es maravilloso que ambos tengan un lazo de confianza con su hijo. Se le puede mostrar respeto al niño aceptando su manera preferida de relacionarse con otros en vez de infundirle sentimientos de culpa por estar más cómodo con papi temprano por la mañana. Cuánto más pronto mami pueda despreocuparse por la necesidad del niño de que usted lo ayude con la transición matutinal, mejor. Si el niño aprende que puede ‘manipularla’ y lograr que ella se sienta mal al oponer un progenitor contra el otro, problemas más grandes podrían surgir. Mientras su hijo pasa unos momentos con usted para ‘despertarse’, mami podría hacer algunos quehaceres sin interrupción. Muchos padres y madres solteros sentirían envidia por tener tales momentos matinales.
Como maestros profesionales de niños preescolares, ¿cómo podemos impedir que los sentimientos de los niños sean lastimados por otros niños? Por ejemplo, ¿cómo lo manejamos cuando dicen cosas como “No quiero jugar contigo” o “No voy a ser tu amigo”?
Me parece que esto se trata de varias cuestiones. Creo que los niños deberían tener el derecho, muchas veces durante el día, de decidir cuándo, dónde y con quién van a jugar. No obstante, se necesita enseñarles a expresar con tacto sus preferencias acerca del juego para que desarrollen la habilidad social de ser respetuosos en la vida.
Creo también que algunos niños se valen del deseo de la “amistad” para convertirse en el “dueño” de sus compañeros o para manipularlos. Creo que les corresponde a los maestros y a los padres enseñar a los niños maneras más éticas de relacionarse con otros.
Al encontrar tales situaciones, yo usualmente apoyo primero al niño que parece ser rechazado o ‘negado’ en los juegos. Podría responder diciendo algo como: “Hay muchos amigos aquí con quienes puedes jugar. Creo que encontrarás a alguien que quiere hacer la casa contigo.” Otras situaciones las podría interpretar diciendo: “A Mateo le interesa mucho construir por sí solo ahorita. No tiene ganas de jugar. ¿Ves a otro que puede jugar contigo?” O se puede decir: “No parece que a Olivia le interesa jugar con los animales de granja. ¿Puedes hallar a otra persona a la que sí le interese esto?”
A veces ayudo a los niños a defenderse si alguien les dice que “no puedes ser mi amigo”. Por ejemplo, se podría decir: “Parece que él quiere que te sientas mal. No tienes que permitir eso. Hay muchos otros niños aquí que querrán ser tus amigos. Creo que podrás encontrarlos.”
Cuando los niños responden bruscamente a un pedido de jugar al decir: “No quiero ser tu amigo”, yo frecuentemente les interpreto a ellos la naturaleza de los sentimientos humanos. Tal vez digo: “Tania se siente triste cuando dices que ella no es tu amiga. Me pregunto si es que tú simplemente no quieres jugar por ahora. Tal vez ella se sentiría mejor si le dijeras ‘Tal vez más tarde pero ahorita no’. ¿Qué te parece?”
Espero que algunas de estas ideas sean de ayuda. Sugiero también que usted considere leer el libro You Can't Say You Can't Play por Vivian Paley, maestra y autora de renombre. Este libro la ayudará a reflexionar sobre las muchas cuestiones implicadas en su pregunta. Aprender cómo Paley manejaba tales cuestiones en sus clases, puede ayudarla a planificar sus propias respuestas.
Me gustaría saber cómo prevenir las peleas entre hermanos. Mis hijos pequeños (varones) y su primo pelean mucho, y usualmente se pegan. Me gustaría saber cómo enseñarles métodos alternativos para prevenir las peleas. ¿Qué sugiere usted que haga para prevenir los arranques repentinos de cólera?
Algunos juegos “duros” son típicos en los niños de edad preescolar y hasta durante los años escolares. Frecuentemente esta clase de juegos les preocupa a los padres, y especialmente a las madres. Para los típicos juegos “duros y físicos”, yo recomiendo generalmente que los padres dejen que sus hijos jueguen duro y resuelven las cuestiones por su cuenta. Los niños aprenden valiosas lecciones acerca de tratar con otras personas al resolver independientemente las riñas pequeñas.
No obstante, lo que usted describe en su pregunta parece que va más allá de los meros juegos y acaba con alguien lastimado seriamente, de modo que sí requiere atención e intervención. Además, si los juegos se deterioran hasta llamarse con nombres crueles, esto necesita tratarse. Si se tolera o se pasa por alto la agresión inapropiada –sea verbal o física– hace que los niños piensen que tal conducta es aceptable. Es importante comunicar a los niños los límites del comportamiento apropiado.
Observe los hábitos de conducta de los niños para identificar lo que causa la agresión física. ¿Están compitiendo por su rango en la familia? ¿Intentan llamar la atención de los adultos o distraerlos? ¿Están luchando por algún juguete en particular o por la atención de un primo querido? ¿Los juegos se deterioran en peleas a ciertas horas del día cuando los niños tienen hambre o están muy cansados? Las respuestas a estas preguntas podrán guiar la manera en que usted responda. Si usted es afortunada, las soluciones pueden ser simples… una merienda realmente puede dar a los niños la energía emocional que necesitan para llevarse bien con los demás.
La animo a considerar leer el libro Angry Children, Worried Parents: Seven Steps to Help Families Manage Anger por Sam Goldstein, Robert Brooks y Sharon Weiss. Le ofrecerá un cimiento para reflexionar y la ayudará a analizar el comportamiento de sus hijos. Además, he aquí unos consejos fundamentales a tener presentes:
- Sirva usted de modelo en interacciones constructivas. Permita que los niños la observen resolver problemas al hablar y negociar con un miembro de la familia.
- Cree reglas de conducta para su hogar e incluya a todos los primos en su creación. Por ejemplo, usted tiene el derecho de fijar la regla que en su hogar los niños no se pegarán físicamente cuando están enojados.
- Enfóquese en presentar las normas de conducta de una manera positiva. Presente lo que los niños PUEDEN hacer, en vez de enfocarse en lo que “no pueden” hacer. Por ejemplo, una regla puede ser: “Los problemas se resolverán hablando. No se permite pegar.”
- Establezca las consecuencias de la conducta agresiva, como pegar, dar patadas, etc. La Dra. Jane Nelson, autora de varios libros sobre la disciplina positiva, nos recuerda que las consecuencias deben satisfacer la norma de las ‘3 erres’, es decir, las consecuencias deben estar relacionadas con la acción, ser razonables y ser respetuosas.
- Diga lo que quiere decir y quiera decir lo que dice. Ejecute las consecuencias de manera constante. Si usted no hace esto, enseñará a los niños a intentar ‘salirse con la suya’ respecto a la agresión.
- Ofrezca a los niños mucha guía e instrucciones verbales cuando están expresando sus sentimientos. Haga esto antes de que los niños exterioricen la agresión.
- Presente a los niños los pasos fundamentales para resolver problemas y conflictos, e instrúyalos a seguirlos. Estos pasos son:
- Identificar el problema.
- Generar una “lluvia de ideas” sobre opciones para resolverlo.
- Evaluar los aspectos buenos y malos de cada opción.
- Elegir la opción que les parece mejor a todos.
- Implementar esa opción.
- Evaluar el éxito del uso de esa manera para resolver el conflicto.
- Si fuera necesario, repetir los pasos hasta lograr la satisfacción.
Mis empleados conocen el proceso para la resolución de conflictos. Sin embargo, independiente de cómo se haga, se necesita tiempo y la atención de la maestra para usar este proceso. ¿Cómo se puede llevar a dos niños a la Mesa de Paz para hablar, mientras se deja a otro adulto solo para supervisar a 14 niños? La resolución de conflictos toma TIEMPO.
Mientras una maestra trabaja con dos niños para ayudarlos a resolver un conflicto, esto frecuentemente deja a otra maestra con muchos niños para enseñarles, cuidarlos y supervisarlos a la vez. Es un desafío diario hacer frente a esa realidad. Usted tiene toda la razón; sí cuesta tiempo enseñar a los niños a resolver los problemas de manera constructiva. Pero creo que a largo plazo, no enseñar la resolución de conflictos tomará más tiempo porque los problemas –así como las consecuencias de los conflictos– se intensificarán y harán más daño, ya que los niños pasarán a la escuela y a los años adolescentes sin buenas habilidades para resolver problemas.
Lo que usted ha mencionado constituye una gran limitación para la mayoría de los programas. Simplemente no contamos con suficientes adultos calificados para ofrecer la enseñanza e instrucción individualizadas que los niños pequeños necesitan. Si los programas solamente contratan a suficientes maestros como para tener la cantidad mínima para obtener la licencia, estos programas se encuentran desaventajados en cuanto a su capacidad de enseñar efectivamente la resolución de conflictos. Las cantidades mínimas son ‘lo menos’ que podemos proveer a los niños para mantener el estatus legal. A mi parecer, ‘lo menos’ es insuficiente a la hora de enseñar cualquier cosa a los niños y especialmente algo tan complicado y esencial para mejorar la vida como lo es la resolución pacífica de conflictos.
Cuando los presupuestos no permiten gastos mayores para contratar a más personal, intente reclutar a personas capacitadas que puedan trabajar de voluntarios durante los momentos de más interacción. Abuelos, maestros jubilados y estudiantes de cursos prácticos en colegios y escuelas secundarias pueden ayudar a aumentar las proporciones de maestros a niños.
Por supuesto, recomiendo también que se abogue diligentemente por un presupuesto mayor para contratar personal. El personal óptimo, no el mínimo, debe ser la meta para los programas de cuidado. Yo creo que tales presupuestos tendrán que ser respaldados por padres, profesionales de cuidado, los contribuyentes de impuestos y los líderes de los negocios, el gobierno y la comunidad. Como nación, no podemos permitirnos el lujo de dar un apoyo mínimo a los procesos críticos de aprender durante la infancia.
Por el momento, la animo a seguir instruyendo a los niños individualmente a través de sus conflictos… aunque esto signifique que una maestra será apartada del grupo mayor. Los conflictos en la clase crean un “momento para enseñar” para todos. Los otros niños también aprenderán lecciones acerca de resolver problemas si la observan a usted instruir pacientemente a los niños en los pasos para una resolución respetuosa. Además, se darán cuenta que cuando sus propios sentimientos se escapan del control, usted estará allí para ayudarlos a recuperarse, así como cuando ayuda a sus amigos. Esto ciertamente consolará a nuestros estudiantes más pequeños.
¿Cómo puede una maestra primeriza ayudar a niños de 4 y 5 años a dejar de escupir?
Para los maestros experimentados tanto como los primerizos, es frustrante lidiar con el escupir. Recomiendo que usted presente una actitud firme respecto al asunto. Ante todo, es necesario que todos sepan la expectativa clara y el límite de la conducta: “No se permite escupir a otros. Si estás enojado, expresa tus sentimientos con las palabras, no con la saliva.” En sus esfuerzos de hacer cumplir esta regla, podría responder a los incidentes de escupir de las siguientes maneras:
- “Ten este pañuelo de papel, se permite que escupas en esto pero no sobre nuestro compañero. Ahora, dile qué te molesta. Yo me quedo aquí para ayudar.”
- “Si necesitas escupir, vete al baño y escupe en el inodoro. No se permite escupir a las personas en nuestra escuela.”
- “Trae un pañuelo de papel a tu compañera para que se limpie la saliva. Luego le puedes contar qué te hace enojar tanto. Yo me quedo aquí para ayudar a ambos a escucharse.”
- “No se permite que escupas a las personas en nuestra escuela. Si sigues escupiendo, tendrás que irte del área de juegos.”
Después de tratar la conducta inapropiada de un niño, es importante reasegurarle que él puede mejorarse. Por ejemplo, se puede finalizar un incidente de disciplina con un sentido de esperanza al decir: “Se necesita autodominio para restringirte de escupir cuando estás enojado. Yo tengo fe que puedes aprender a no hacerlo. Necesitarás practicarlo. Gracias por esforzarte.”
Mi hija tiene 10 años y la intimidan en la escuela. ¿Cómo puedo ayudarla a lidiar con la situación?
La animo a agradecerle por comunicarse con usted acerca de sus problemas. Escuche los sentimientos de su hija; ayúdela a identificar a algunos adultos cariñosos y dignos de confianza con los que ella puede contar cuando necesita ayuda en la escuela. De toda manera que sea posible, aumente el amor propio de su hija. Además, enséñele maneras de defenderse que no desembocarán en violencia. (Vea las sugerencias en otras respuestas presentadas en este evento.) Contacte también a sus maestros en la escuela para pedir su asistencia y escuchar sus sugerencias.
A continuación presento algunos recursos excelentes para investigar. Creo que podrán ser de ayuda para su hija. Uno de los libros trata sobre los niños desde la edad preescolar hasta la adolescencia; el otro va destinado a los maestros preescolares.
Libros
- The Bully, the Bullied, and the Bystander: From Preschool to High School—How Parents and Teachers Can Help Break the Cycle of Violence por Barbara Coloroso
- The Anti-Bullying and Teasing Book for Preschool Classrooms por Barbara Sprung y Merle Froschl, con la Dra. Blythe Hinitz
Sitios de Internet
- http://www.parentsaction.org/share/pointersforparents/bullying/ Nota del Editor: Esta dirección de Internet ya no está activa.
- http://kidshealth.org/kid/feeling/emotion/bullies.html
¿Cuáles son algunos de los diálogos más comunes que queremos presentar a los niños como modelos?
Para enseñar a los niños a resolver los conflictos de manera respetuosa, se necesita crear un ambiente completo en el salón de clases o en el hogar donde se fomente la interacción cortés, bondadosa y considerada. Se necesita mucho más que tan solo el diálogo verbal. Me gustaría hablar de cómo preparar el ambiente para que los niños resuelvan sus conflictos exitosamente. La discusión incluirá algunos ejemplos de diálogos típicos. Espero ofrecerle ideas acerca de cómo enseñar a los niños; pero tenga en cuenta que un planteamiento completo hacia la instrucción incluye mucho más que un diálogo típico. Los niños prestan mucha más atención a nuestras acciones que a las meras palabras. Además, ya que todos los niños y todos los programas son singulares, la MAYORÍA de las respuestas de los maestros tienen que adaptarse a los niños e incidentes específicos. Realmente no existen respuestas fáciles y rápidas, porque de otro modo, los maestros nos veríamos como robots en vez de adultos informados y perspicaces. Por eso el cuidado de niños es una ocupación que requiere tanto trabajo; se necesita mucha instrucción por parte de los adultos para ayudar a los niños, y se requieren también pensamientos espontáneos, lo cual presenta desafíos.
En cada etapa de su desarrollo, los niños expanden poco a poco su capacidad de equilibrar sus derechos, necesidades y deseos personales con los ajenos. Una clave para enseñar a los niños a manejar el conflicto es ayudarlos a identificar sus emociones. También tienen que aprender (¡y esto es lo difícil!) a controlar cómo se expresan y actúan desde sus sentimientos. Para ser socialmente responsables, es esencial que los niños se den cuenta que tienen el poder de escoger y tomar decisiones acerca de su conducta.
Se encuentra otro desafío en la resolución de conflictos. Los niños tienen que aprender a ‘interpretar’ los sentimientos ajenos. Esto requiere reconocer que todo el mundo tiene sentimientos y derechos. Se les hace muy difícil a los niños pequeños ser sensibles a los sentimientos de otros y luego tomar en cuenta sus diferentes perspectivas y puntos de vista; se trata de una capacidad de pensamiento complejo que puede hacérseles difícil hasta a los adultos. A continuación presento unos consejos que espero la ayuden a asistir a los niños a manejar conflictos:
Sirva de modelo con un vocabulario enriquecido sobre los sentimientos. Desde la más tierna infancia, comience a usar palabras para describir los sentimientos. Empareje las palabras con expresiones de la cara; esto ayuda a los niños a aprender que todos tenemos sentimientos singulares. “Cuando te retuerces, veo que te frustra que se te está cambiando el pañal. Espera un momentito más.”
Anime a los niños de 1 y 2 años a tener empatía al interpretar el ‘lenguaje corporal’ de otros. “Ese niño está perturbado; está llorando porque alguien le sacó el juguete. Quiere que se lo devuelvan.”
Con niños preescolares, presente palabras para “nombrar” los sentimientos asociados con los conflictos. Algunos ejemplos incluyen: asustado, ansioso, enojado, miedoso, enfadado, preocupado, nervioso, temeroso, frustrado, confuso, solo, engañado, ignorado, excluido, abochornado, encolerizado, insignificante.
Fije la norma y haga cumplir los límites. Afirme que todos tienen el derecho de sentirse seguros–tanto física como emocionalmente. En cuanto los niños tengan la suficiente edad, presénteles las reglas básicas para resolver los desacuerdos. Identifique cuáles comportamientos son aceptables y cuáles no lo son: “No es aceptable que tiremos juguetes. Dime qué anda mal.”
Dé un buen ejemplo. Diga a los niños que pueden tener los sentimientos que deseen, pero que tienen que controlar cómo actúan de acuerdo a estos sentimientos. Muestre usted la conducta que espera de los niños. Si usted no quiere que griten, insulten a otros o los menosprecien, cambie primero su propia conducta.
Anime el uso del lenguaje como estrategia para resolver problemas. Pida a los niños que le digan lo que quieren o necesitan. Enfatice el uso de la lengua, en vez de gruñidos, empujones o golpes: “Dime si quieres más guisado”. Tenga presente que los niños de 18 meses pueden entender más de lo que pueden hablar. Sirva de modelo para usar el lenguaje y para llevarse bien con otros: “Tania, yo también quiero construir con bloques. ¿Puedo sentarme junto a ti, por favor?”
Ayude a los niños a manejar sus sentimientos de manera constructiva. Esté presente para ayudar a los niños a interpretar sus sentimientos: “Parece que realmente estás enojado. Es frustrante cuando alguien se lleva un juguete que tú querías primero. No te sirvió llorar. ¿Hay otro juguete con que puedes jugar mientras esperas tener aquél?”
Muestre a los niños cómo tratar los problemas sin agresión. Enfóquese en la conducta, no en poner nombres al niño. Enfóquese además en lo que puede lograrse, en vez de echar culpa o avergonzar. Los educadores de familiares animan a los adultos a hacer declaraciones del tipo “Yo siento” y a enseñar a los niños a hacerlas también.
La forma de hacerlas es así:
Yo siento _________ cuando tú _________ porque _________. La próxima vez, quisiera que tú _________.
Por ejemplo: Yo me siento frustrado cuando tú agarras el libro porque así se puede romper una página. La próxima vez, espera hasta que yo te pida dar vuelta a la página.
Ofrezca períodos regulares y extendidos de juegos con los compañeros; esto se llama frecuentemente juego libre en los horarios diarios. Ofrezca períodos de 45 minutos al menos en su horario diario. Los programas de día completo deben ofrecer estos períodos varias veces al día, y algunos hasta ofrecen plazos de una hora a una hora y media de juegos con los compañeros por la mañana y por la tarde.
La mayoría de las actividades para niños deben desarrollarse en grupos pequeños con procesos que incorporen la interacción entre compañeros. Un día dominado por actividades dirigidas por los maestros les deja a los niños muy poca oportunidad de practicar y dominar las habilidades de relacionarse con los compañeros.
Los juegos bien supervisados y apropiados al desarrollo, con los compañeros, ofrecen a los niños abundantes oportunidades de practicar la resolución de conflictos. Los maestros deberían instruir a los niños en esta habilidad. Arregle el ambiente de una manera que ayude a los niños a tener éxito en sus relaciones sociales. Por ejemplo, ¿hay suficientes juguetes para que los niños los compartan sin conflictos intensos? ¿Hay juguetes que animen la cooperación y el tomar turnos, como vagonetas, títeres, bloques, accesorios para juegos dramáticos, o juegos de mesa?
Ofrezca la oportunidad de elegir. Ya que los niños están empezando a aprender acerca de las emociones y el lenguaje, necesitan ayuda para entender los conflictos. Hasta pueden distraerse a sí mismos con sus propios berrinches. Dé una interpretación primero: “El llanto no te está ayudando. Te diré dos cosas que puedes hacer.” Cuando se les da una opción clara, los niños son más capaces de tranquilizarse, enfocarse y seguir adelante. También necesitarán varios recordatorios de sus opciones.
Opóngase a la agresión física y las insultas. “No te permitiré lastimar a Tomás. Tampoco dejaría que él te pegara a ti. Piensa en otra manera de resolver esto.”
Resista la tentación de resolver los problemas para los niños preescolares; más bien, guíelos con preguntas. Cuando los niños recurren a usted para ayuda, resista la tentación de aislarlos en el “time-out”, separarlos uno de otro, o decirles exactamente lo que deben hacer. Más bien, instrúyalos en los pasos básicos de la resolución de problemas. Permita que cada niño tenga la oportunidad de hablar. Haga preguntas que los animen a analizar la situación y sus opciones. “¿Cuál es el problema? ¿Qué han hecho ustedes ya para resolverlo? ¿Cómo salió esto? ¿Hay otra cosa que puedan hacer?” Después de generar una “lluvia de ideas” sobre las posibles alternativas, analicen juntos lo factible de cada solución. Al dar votos o señalar verbalmente el acuerdo, elijan y ejecuten un plan. Si el problema recurre, vuelvan a la resolución de problemas.
Ofrezca respuestas a la conducta de los niños, y agradecimiento. Comente sobre la resolución exitosa de los problemas: “Yo te escuché y a Andrés discutir por el crayón rojo. Fue buena idea reasegurarle que tú se lo darías luego.” O: “Te escuché decirle a Patricia que estabas enojado porque ella derribó tu edificio de bloques; hiciste bien en mostrar autodominio.”
Explore maneras de hacer las paces después de los conflictos. Después de un roce, la mayoría de los niños sigue adelante con sus juegos. Pero algunos niños necesitan ayuda para saber cómo se hacen las paces. Si es verdad que los niños lo sienten, pueden decir “lo siento”. Pero hay otras maneras también. Yo frecuentemente les pregunto: “Si quieres que Greta siga siendo tu amiga, ¿qué la haría sentirse mejor?” A veces los niños dicen “lo siento”. Otras veces dan un abrazo, hacen un dibujo o dan una flor. Lo importante es que sus intentos sean auténticos.
Apoye las experiencias en la clase con buena literatura para niños. Siempre he encontrado que los niños pueden reflexionar sobre algunos conceptos poniéndose en el lugar de otros cuando se les presentan los conceptos en un libro infantil. De algún modo, los niños pueden pensar más objetivamente al considerar la conducta de personajes de un cuento y su manera de resolver cosas. A continuación presento una lista de libros ilustrados para compartir con maestros de clases, para que ellos los usen al crear “momentos de enseñanza” con los niños.
Libros para niños acerca de la resolución de conflictos
- «Nadarín» por Leo Lionni (New York: Lectorum Publications, 2005)
- «Mateo y Mati» por Rebecca Jones (New York: Puffin, 1995)
- «Franklin es un mandón» por Paulette Bourgeois (New York: Lectorum Publications, 2002)
- «La asombrosa Graciela» por Mary Hoffman (New York: Dial Press, 1996)
- That's Not Fair, Hare! por Julie Sykes (Hauppauge, NY: Barron's Educational Series, Inc., 2001)
- It's Mine, Christopher Bear! por Stephanie Jeffs (Minneapolis, MN: Augsburg Fortress Publishers, 2002)
- That's Not Fair por Gyo Fujikawa (New York: Penguin Putnam Books for Young Readers, 1983)
- Fritz and the Beautiful Horses por Jan Brett (Boston: Houghton Mifflin, 1981)
- That Toad Is Mine! por Barbara Shook Hazen (New York: HarperCollins Children's Books, 1998)
- The Lazy Bear por Brian Wildsmith (New York: Franklin Watts, Inc., 1974)
- Move Over, Twerp por Martha Alexander (New York: Dial Press, 1981)
- Not Fair, Won't Share! por Lindsey Gardiner (Hauppauge, NY: Barron's Educational Series, Inc., 2002)
- The Sneetches and Other Stories por Dr. Seuss (New York: Random House, 1961)
- This Is Our House por Michael Rosen (Cambridge, MA: Candlewick Press, 1996)
- Luka’s Quilt por Georgia Guback (New York: Greenwillow, 1994)
- Six Crows por Leo Lionni (New York: Scholastic, 1988)
- The Hating Book por Charlotte Zolotow (New York: Harper Trophy, 1969)
- Jamaica Tag-Along por Juanita Havill (Boston: Houghton Mifflin, 1989)
¿Cómo podemos asegurarnos de no insistir para que un niño diga “lo siento” cuando realmente todavía no lo siente?
Después de tener un roce con los compañeros, muchos niños siguen adelante con sus juegos. Pero a veces necesitan ayuda para saber cómo hacer las paces. Como la mayoría de los adultos, creo que es importante que los niños sientan pesar y remordimiento cuando ofenden o agreden a alguien. Sin embargo, si los adultos exigimos demasiado pronto que un niño le diga “lo siento” a otro, es posible que hagamos más daño que bien.
Por un lado, durante un momento intenso, muchos niños no sienten pesar inmediatamente. Por esto, si un adulto le dice a un niño que diga “lo siento”, esencialmente le está diciendo que mienta. En realidad, muchos niños son expuestos por primera vez al uso de ‘mentiras aceptables’ por los adultos, con el fin de evadir situaciones incómodas, cuando estos los obligan a decir “lo siento” inmediatamente, como robots. Es triste que los adultos frecuentemente, por el ejemplo que ofrecen, desmientan las lecciones que quieren enseñar a los niños. Creo también que decir a los niños que reciten “lo siento” realmente les da una manera rápida y fácil de salirse de una situación de descortesía o agresión. Decir “lo siento” de memoria no motiva la reflexión auténtica en los niños.
Yo prefiero que los adultos ayudemos a los niños a explorar variadas maneras de hacer las paces después de un conflicto entre compañeros. Decir “lo siento” es una manera, pero hay otras también. Yo frecuentemente le hago a un niño una pregunta como: “Tú y Margarita realmente se enzarzaron en una pelea en el área de la ropa de juego. Si quieres que Margarita siga siendo tu amiga, ¿qué la ayudaría a sentirse mejor?” A veces cuando un maestro estimula a un niño a reflexionar, el niño dirá “lo siento”; otras veces, le dará un abrazo a su compañero, le hará un dibujo o le dará una flor del patio de juegos. Si deseamos enseñar a los niños a resolver los conflictos exitosamente, es importante que aprendan sobre la sinceridad al hacer las paces.
¿Cómo se sigue supervisando al grupo entero mientras se instruye a un par de estudiantes sobre la resolución de conflictos?
Vea por favor mi respuesta previa a una pregunta muy parecida.
¿Cómo contestaría Ud. las preguntas acerca de las mordidas por parte de maestros que cuidan a bebés, niños de 1 y 2 años, y preescolares?
Cuando los adultos hacemos de detectives y buscamos indicios, estamos mejor informados para elegir estrategias de prevención, y es más probable que escojamos maneras de responder que sean exitosas en guiar a los niños hacia un autodominio mejor.
Aunque sea difícil identificar condiciones y situaciones que contribuyen a las mordidas, esto puede ayudar a los padres y cuidadores a responder sabiamente. Existe una inmensa variación en los motivos por los que los niños muerden. Y en verdad, a veces no se logra nunca identificar acertadamente una causa exacta para una mordida. Sabemos que, por naturaleza, algunos niños de 1 y 2 años, y hasta algunos que tienen poco más de 3, se esfuerzan por conseguir lo que quieren, cuando lo quieren. Por lo tanto, a veces exteriorizan sus sentimientos o usan la agresión, por ejemplo, mordiendo.
Los niños muy pequeños dependen de la comunicación no verbal, en vez del lenguaje verbal, para expresar sus deseos y sentimientos. Por esto, es esencial observar cómo se portan los niños y las condiciones que desembocan en un incidente de morder. La observación puede ayudarnos a discernir los motivos o la meta principal de los niños.
Algunos niños tal vez tiendan a morder cuando tienen hambre, están cansados, abrumados o frustrados, o soportan el dolor de la dentición. Otros tal vez muerden para llamar la atención absoluta de un adulto o para obtener un juguete que tiene un compañero. Las mordidas también dan a los niños un sentido de poder y control. Los niños muerden a veces por la curiosidad de explorar o el interés en texturas y sensaciones. Asimismo, les fascinan las relaciones de causa y efecto. Y por supuesto, también la imitación tiene siempre efectos en la conducta de los niños.
Observe a su niño para ver si muerde por frustración o para defenderse. Reflexione sobre los factores de estrés que un niño puede estar soportando y que pueden contribuir a que pierda los estribos. Por ejemplo, durante, una separación de largo plazo mientras un progenitor está de viaje a causa de su trabajo, un niño puede hallarse con una tolerancia reducida para la frustración.
En algunos casos, es el ambiente de cuidado grupal lo que contribuye a las mordidas. Insuficientes juguetes, demasiados niños en insuficiente espacio, ruidos excesivos, o cambios frecuentes en el personal de instrucción reducen poco a poco las reservas emocionales de los niños. He aquí algunos consejos para manejar las mordidas:
- Discuta la cuestión con el progenitor o tutor legal del niño. Reúnase con el personal de instrucción en el programa de cuidado grupal para discutir el asunto. Todos los adultos deben estar preparados para compartir su comprensión y hacer preguntas. Evite echar culpas y hacer acusaciones. La comunicación abierta y la colaboración mutua y constructiva para resolver problemas surten más efecto.
- No hay una sola manera de responder que sea la mejor para todos los incidentes de morder. Generen juntos una “lluvia de ideas” acerca de las opciones para manejar las mordidas.
- Usualmente se puede poner fin a las mordidas dentro de las 2 y las 4 semanas. Una vez que se implemente un plan de manejo, tenga paciencia y haga apuntes diarios. Lleve el registro del progreso diario y discútalo con todos los adultos implicados.
- Practique la prevención. Anticipe cuándo, dónde y con quién las mordidas pueden ocurrir. Cuando suben las tensiones, redirija a los niños hacia algo más positivo. Anime a los niños a darles “más espacio” a sus compañeros de juego para reducir la tensión.
- Remedie las condiciones estresantes identificadas durante la observación. Si un niño está pasando por el dolor de la dentición, déle algo que pueda morder en vez de a otras personas, como por ejemplo un ‘mordedor’ o anillo de dentición.
- Limite las frustraciones al seguir una rutina predecible para comer, dormir y jugar.
- Usando palabras que los niños pueden entender, discuta el derecho de todos a no ser empujados, pegados, agarrados, mordidos ni de otra manera lastimados físicamente. Enseñe a los niños cómo defenderse ante un conflicto. Instrúyalos acerca de frases que pueden usar con confianza al tratar con un agresor: “Deja de hacer eso”. “Eso no me gusta”. “Eso me duele. ¡No me muerdas!”
- Cuando ocurra un incidente de mordidas, resista la tentación de ponerle la etiqueta de “mordedor” a un niño. No se refiera nunca a los niños como mordedores. Los niños frecuentemente dan la razón a las etiquetas negativas que se les ponen. No condene a un niño para siempre como “el mordedor”. La conducta del niño es temporal, no permanente.
- Enfóquese en lo positivo y exprese esperanzas positivas. Anime a los niños y encómielos cuando resuelven los conflictos de manera positiva o expresan la frustración sin mordidas ni otra agresión.
- Quédese cerca de un niño que muerde o que es mordido frecuentemente. Cuando los conflictos se intensifiquen, instruya a los niños en el uso de su vocabulario emergente. Estimúlelos a expresar sus deseos y sentimientos ANTES que den un paso hacia morder.
- Cuando ocurra una mordida, quédese tranquilo para que todos los niños puedan confiar que el padre, la madre o el adulto mantendrá el control y volverá a establecer la armonía.
- Consuele primero al niño mordido de modo que no se recompense la mordida con la acción inmediata de un adulto. El consuelo puede incluir sentar al niño en su regazo o darle una compresa fría para el lugar que fue mordido. En las situaciones de cuidado grupal, los maestros pueden animar la empatía pidiendo al niño que ha mordido que le lleve un objeto de consuelo o un pañuelo al niño que ha lastimado.
- En cuanto se ha consolado a la víctima, exprese firme y simplemente su desaprobación incuestionable por la mordida. Las expresiones de la cara de usted deberán confirmar también que las mordidas no son aceptables. Comunique la firmeza mirando al niño directamente a los ojos y usando un comportamiento serio. Haga comentarios breves. Los niños pequeños no pueden seguir los discursos largos.
- Evite responder con agresión física o verbal. Gritar, insultar, dar nalgadas, morder al niño en ‘venganza’, o pegarles en la boca de modo que muerdan su propia lengua, dan mensajes contraproducentes y dañinos. Además, estos métodos no logran producir el efecto deseado. Siempre dé el ejemplo ante los niños de cómo usted quiere que se porten. Para enseñarles a tener control, sirva de modelo de la conducta y el lenguaje apropiados.
- Use palabras simples para expresar sus sentidos de alarma y frustración. Unos ejemplos de frases cortas son: “No quiero que muerdas”. “Las mordidas duelen. Halla otra manera de hacerlo”. “Otros niños no querrán jugar contigo si muerdes”. “Nunca está bien morder. Yo quiero que todos estén seguros”. “Dile a alguien si estás enojado, pero no muerdas”.
- La meta es ayudar a los niños a desarrollar la empatía, el autodominio y la habilidad social positiva. Sirva usted de modelo de esta habilidad. Enseñe a los niños a tranquilizarse y a pensar en las alternativas para el conflicto, como jugar con otro amigo, sugerir hacer trueques de juguetes, etc.
- Si un niño muerde para obtener algo (como por ejemplo un juguete), no permita que su conducta ‘tenga éxito’. Haga que devuelva el juguete al niño que fue mordido. Diga algo como: “Yo sé que querías mucho tener ese juguete, pero Teresa está jugando con él ahora. No puedes morder para tenerlo. Cuando Teresa acabe de jugar, tú puedes jugar con el juguete. Encuentra otro juguete para usar ahora”.
- Siempre comunique su esperanza en el éxito futuro de los niños. Afirme que usted sabe que ellos aprenderán a dejar de morder. Nunca abandone en sentido emocional a un niño que ha mordido al castigarlo con el rechazo frío, negándole cariño o rehusando consolarlo y perdonarlo. Aunque es más fácil tenerle empatía al niño que fue mordido, el niño que ha agredido también se encuentra bajo estrés. Un niño aislado, aterrado o tratado con escarnio no deja de morder; esa clase de tratamiento provoca más enojo y distanciamiento en el niño… y estos son sentimientos que ningún niño debería tener que soportar.
Libros para padres y madres
- «La vida afectiva de su hijo: Entre uno y tres años» por Alicia F. Lieberman (Buenos Aires, Argentina: Editorial Atlántida, 1995)
- Parenting Guide to Your Toddler por Paula Spencer (New York: Random House, 2000)
- Dear Parent: Caring for Infants with Respect por Magda Gerber (Los Angeles: Resources for Infant Educarers, 2002)
Libros para el personal de programas para niños pequeños
- No Biting: Policy and Practice for Toddler Programs por Gretchen Kinnell (St. Paul, MN: Redleaf Press, 2002)
- Infants, Toddlers, and Caregivers: A Curriculum of Respectful, Responsive Care and Education por Janet Gonzalez-Mena y Dianne Widmeyer Eyer (Boston: McGraw-Hill, 2004)
- Innovations: Infant-Toddler Development por Kay Albrecht y Linda Miller (Beltsville, MD: Gryphon House, 2001)
- Prime Times: A Handbook for Excellence in Infant and Toddler Programs por Jim Greenman y Anne Stonehouse ( Capítulo 9) (Beltsville, MD: Gryphon House, 1996)
- So This Is Normal Too? Teachers and Parents Working Out Developmental Issues in Young Children por Deborah Hewitt ( Capítulo 16) (St. Paul, MN: Redleaf Press, 1995)
- Greenman, Jim, y Stonehouse, Anne Willis. (1994). Reality bites: Biting at the center—Part 1. Child Care Information Exchange, 99, 85-88.
- Greenman, Jim. (1995). Reality bites: Biting at the center—Part 2. Child Care Information Exchange , 101 , 65-67. (Estos artículos también pueden obtenerse en línea por un costo en http://www.ChildCareExchange.com .)
¿Cómo se trata el pegar, empujar e insultar como estrategias usadas por niños pequeños durante los conflictos en situaciones grupales?
El estilo de un padre, madre o maestra para relacionarse con otras personas les enseña a los niños cómo manejar los conflictos. El sentido común y la investigación nos informan que los niños expuestos a la agresión y la violencia en casa (sea física o verbal) probablemente responderán de la misma manera ante los compañeros. La disciplina que incluye humillar o imponer un castigo físico doloroso, en vez de la resolución verbal de problemas, contribuye a que los niños tengan poca habilidad social. Si los padres se niegan a tolerar que sus hijos insulten, se burlan de otros, los intimiden o los lastimen, los están ayudando a evitar ser rechazados por sus compañeros.
Por lo tanto, lo más sabio es que todos usemos un estilo positivo y autoritativo de disciplina. Esto implica (1) fijar expectativas y límites claros y comprensibles según la edad y las experiencias de un niño, (2) dar explicaciones comprensibles para las expectativas y los límites, (3) comunicar consecuencias para la conducta aceptable e inaceptable, y (4) ejecutar las reglas de consecuencias o dar seguimiento de manera consecuente. La sección de recursos de este evento de Pregunte a un perito ofrece una variedad de recursos acerca de la disciplina y la guía positivas.
Aparte un tiempo para la participación de todos los niños –de acuerdo a su edad y su capacidad– en el proceso de crear reglas para el hogar o la clase acerca de la conducta apropiada. La participación de los niños les enseña a considerar los puntos de vista ajenos, además de fijar normas de justicia y de dar un ejemplo para hacer concesiones. Con palabras que los niños pueden entender, discuta el derecho de todos a no ser empujados, pegados, agarrados, mordidos ni de otra manera lastimados corporalmente.
Enseñe a los niños a defenderse ante los conflictos. Enséñeles frases que puedan usarse con confianza al tratar con un agresor: “Deja de hacer eso”. “Eso no me gusta”. “Eso me duele”.
Procure expresar sus expectativas para la conducta de manera clara al expresar la función de un objeto, en vez de decir algo vago como “pórtate bien” o “deja de hacer eso”. Por ejemplo, se puede decir: “El cuerno es para tocar. No se permite usarlo para pegar a nadie”. “Los bloques son para construir, no para tirar. Si usas los bloques para pegar a alguien, perderás el privilegio de jugar con ellos ahora”.
Explique a los niños los motivos de las expectativas. Por ejemplo, se puede decir: “Usa palabras bondadosas con tu abuelita para no lastimar sus sentimientos”. “Mira la cara de María, está llorando. Cuando tú la derribaste con un empujón, esto la asustó. Espero que evites lastimar a la gente”.
Los padres, madres y otros adultos importantes pueden servir de modelos e instruir a los niños en la habilidad social positiva. Dé refuerzos cuando los niños manifiesten esta habilidad. Cuando los niños hacen concesiones con paciencia, comparten cosas, se turnan, controlan su enojo, negocian, piden disculpas o hacen las paces por haber hecho algo mal o de otro modo controlan su conducta, dígales que usted los admira por haberlo hecho. No sea tacaña con el reconocimiento y las palabras de ánimo cuando dominan las habilidades. Si reaccionamos con los niños ÚNICAMENTE cuando pegan, dan empujones o insultan, realmente reforzamos esta conducta en vez de la habilidad social.
Dé un ejemplo de la resolución positiva de conflictos al apartar un rato para jugar con los niños. Cuando juegan juntos a construir con bloques, usted puede servir de modelo de la conducta que quiere que los niños adopten.
Dé respuestas francas cuando los niños se portan de maneras que resultarán en rechazo. Si un niño bruscamente le quita un bloque a usted, responda así: “Me lastima los sentimientos cuando agarras el bloque sin pedírmelo primero. Encuentra otra manera de lograr que yo lo comparta contigo”. Si el niño no entiende, déle sugerencias acerca de estrategias. Por ejemplo: “Intenta pedírmelo con palabras. Ofréceme un bloque tuyo, y yo tal vez haga un trueque por el que tú quieres”.
Hola, tengo una niña que cumplirá 4 años el 31 de agosto, y me he dado cuenta que cuando está con su mejor amiga se reprime y se vuelve un poco tímida (su amiga tiene 4 años cumplidos el 19 de enero), siento que esta niñita la anula y quiere que mi hija haga lo que ella quiere, a lo que mi hija responde con llantos… ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo hago para que ella tenga la confianza de decirle que no?… porque también he visto que le tiene algo de miedo… (no sé si llamarlo así).
En mi respuesta a una pregunta anterior, presenté ideas para ayudar a niños de carácter manso para que aprendan a ‘mostrarse firmes’ ante los niños dominantes. Sírvase referirse a esa respuesta como guía en la situación de su hija también.
En el caso específico de su hija, parece que ella necesita ayuda para tener presente que ella tiene derechos iguales a los de su amiga. Es decir, derechos iguales para contribuir a los juegos y a tener una influencia en cómo juegan y a qué juegan juntas.
Esta situación es bastante común. Una parte importante del desarrollo de la habilidad social para niños pequeños, es el aprender cómo ser el líder en los juegos en ciertos momentos, así como ser el socio cooperativo de los juegos en otros momentos. Se trata de aprender a colaborar como equipo, lo cual será importante más tarde en la vida.
Creo que ambas niñas en tal situación, podrán sacar provecho de algunas instrucciones sutiles de usted. Pero tenga en cuenta que esto requerirá tiempo y esfuerzos consecuentes. La actitud muy sumisa de su hija no cambiará de la noche a la mañana. Pero poco a poco, ella podrá aprender a mantener su igualdad con los compañeros. Asimismo, la amiga de su hija podrá aprender a compartir el liderazgo en los juegos con más respeto y gracia.
A veces un niño dominante simplemente puede tomar decisiones más rápidamente sobre el juego y ser más firme, o más entusiasta, para hacerlo. Con el tiempo, los niños dominantes pueden aprender a tomar en consideración las perspectivas de los compañeros de modo que aquellos cooperen en los juegos con más gracia y respeto. Por esto digo que ambas niñas en su caso necesitan de la guía de un adulto. A continuación describo algunas estrategias que usted podrá considerar al decidir cómo manejar la situación.
El primer paso es el de ser buen modelo y ejemplo para su hija. ¿Observa ella que usted se rinde ante otros familiares frecuentemente, a fin de ‘mantener la paz’ o para evitar los conflictos en la familia? A veces las madres toman este papel en las familias, pero los padres pueden hacerlo también. Reflexione honradamente sobre esto… ¿observa su hija que usted se rinde ante las ideas de otros muy frecuentemente o muy fácilmente? Ser sumisa en los juegos puede ser algo que ella ha aprendido. Los niños muy pequeños pueden ‘leer’ la postura corporal y los movimientos de sus padres, los cuales pueden revelar una actitud de rendirse a pesar de los propios deseos. Su hija necesitará ver que USTED tiene éxito en el ‘dar y aceptar’ de las situaciones sociales, de modo tal que ella tendrá un buen modelo.
Si usted observa situaciones donde su hija deja que la amiga asuma el control del juego con sus propias ideas, reflexione sobre el incidente con su hija después de que su amiga se ha ido. Usted podría decirle a su hija: “Noté que tú querías ser la mami cuando jugaban a la casa, pero no pudiste serlo. Me pregunto, ¿podrías pedir a tu amiga un turno de ser la mami? No me pareció que te gustara ser siempre la nena en los juegos”.
Durante los juegos de su hija, usted también puede observar y hacer comentarios tranquilos y objetivos a fin de estimular los juegos cooperativos de ‘dar y aceptar’. Con sus palabras y con el tono de su voz, evite implicar un juicio negativo sobre ambas niñas. Simplemente diga en voz alta lo que observa. Por ejemplo, si la amiga de su hija insiste siempre en ser la mami, usted puede decirles bondadosamente: “Me parece que ambas quieren un turno para ser la mami. Creo que podrían cambiar de papeles cada tanto”. Tal comentario de parte de usted, les comunica a las niñas la expectativa que ambas jueguen de manera cooperativa, en vez de ser dominante una y la otra sumisa todo el tiempo.
Si la amiga de su hija se resiste mucho a cambiar de papeles, usted hasta podría sugerir que las niñas usen un cronómetro que suene cuando es hora de cambiar papeles. A veces esto calma los sentimientos fuertes de una situación, de modo que las niñas aprendan que el intercambiar papeles requiere que consideren el paso del tiempo. Ya que los niños pequeños no saben leer los relojes para medir el tiempo, el cronómetro les da una señal que pueden oír. Además, durante los juegos de las niñas, usted podrá quedarse cerca para ayudar a alentar la confianza en su hija y respaldarla si la amiga empieza a imponerse demasiado.
Si usted observa que su hija desea jugar de otra manera, dígale suavemente que ella también tiene el derecho de decir cómo jugar. Usted hasta podría darle un ejemplo de cómo comunicarse hábilmente con su amiga. Por ejemplo, podría decir a su hija: “Dile a tu amiga que tú no quieres ser siempre la nena. Yo estaré aquí para ayudarte, para que ella te escuche. Tú también tienes el derecho de compartir tus ideas”.
Además, por supuesto, cuando su hija se defiende y mantiene claros sus propias necesidades y deseos –sea con su amiga o con sus hermanos– no olvide reconocer esto con palabras de ánimo y admiración. Por ejemplo, usted podría decir: “Te vi hallar una manera para que ambas jugaran a la casa y se divirtieran. Fue buena idea decirle a tu amiga lo que querías. No tienes por qué tener miedo de decir a tus amigos lo que piensas. Los buenos amigos quieren escuchar tus ideas también”.
No se olvide tampoco de reconocer cuando la amiga de su hija juega de una manera sensible y cooperativa. Por ejemplo, y si usted puede decir esto con sinceridad, diga a la amiga que usted notó que escuchó el punto de vista de su hija y que usted se lo agradece. O podría decirle: “Vi que dejaste que mi hija hiciera de mami alguna vez. Fue una cooperación excelente. Qué bondadoso fue hacer eso”.
Cuando usted observa a las niñas jugar juntas de manera cooperativa, usted también puede comunicarles sus observaciones específicas de una manera natural, al decirles: “Qué bonito que les guste jugar juntas. Tienen buenas ideas para cooperar. Veo por qué las dos son amigas”.
Espero que algunas de estas ideas puedan adaptarse a su situación. Como usted verá, para que los niños desarrollen una buena habilidad social, necesitan que los adultos pasemos tiempo con ellos, porque al hacerlo, les damos a los niños la habilidad que les ayudará durante toda la vida en sus relaciones sociales.Acerca de IEL | Recursos | Calendario | Preguntas | Pregunte a un perito | Contáctenos | Búsqueda
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