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Pregunte a un perito

Trasunto

2006 de noviembre
¿Es la conducta problemática innata en los niños pequeños? ¿O creamos problemas con el diseño de nuestros programas?
Dale Borman Fink, Ph.D.

¿Qué pueden hacer los papás si creen que alguna conducta de su hijo es causada o intensificada por la situación en la clase?

Respuesta: Cuando un maestro o cuidador le dice a un padre o madre que su hijo tiene problemas continuos de conducta, esperamos que el padre o la madre cortésmente se ofrezca a educar al niño de modo que sea más respetuoso de las reglas y del personal. Debería también pedir que los maestros lo ayuden a entender cuáles horas específicas del día, lugares específicos o agrupaciones sociales tienden a asociarse con la conducta difícil. Si los maestros no han prestado suficiente atención como para darle una buena respuesta, entonces sus preguntas–junto con el compromiso de hacer lo que le corresponde para educar a su hijo– deberán estimularlos a una mayor diligencia en hacer tales observaciones.

La conducta que no deseamos, muy raramente sucede por casualidad. Para lograr que esta conducta sea menos frecuente, la clave es entender los factores “disparadores” que la inician. Esto es lo que Ud. les pide a los maestros hacer. Si los problemas peores ocurren en un lugar específico, como en el rincón de bloques, esto les da un indicio que tal vez haya una manera de organizar mejor el rincón de bloques… o tal vez una manera de controlar mejor la cantidad de niños que se permite entrar en esa área a la vez. Si el problema se hace peor durante las comidas o meriendas, esto tal vez indique la necesidad de otro tipo de intervención. ¿Es el caso que la maestra es la única que sirve, de modo que los niños esperan con hambre su comida? Tal vez deberían comprar cántaros y platos pequeños y dejar que los niños pasen la comida unos a otros; entonces la maestra puede sentarse y gozar de la comida junto con los niños. Una vez que los niños acaban de comer, ¿hay qué hacer en vez de quedarse sentado y esperar? Puede que se necesite la opción de una actividad tranquila en otra parte del aula, que esté disponible para los niños que acaban de comer primero.

Si el personal ha observado bien y puede contarle exactamente cuándo y dónde surgen problemas, pregúnteles lo que han hecho para ajustar las actividades, los arreglos del aula y otros aspectos de la situación, como mencioné más arriba. Si los empleados se resisten o interpretan esto como evidencia de que Ud. es un padre o madre que niega la realidad de los problemas graves de la conducta de su hijo, Ud. podría decirles que leyó hace muchos años un artículo acerca de los buenos currículos, “ A Good Curriculum Is the Best Behavior Management Plan ” (Un buen currículo es el mejor plan para el manejo de la conducta). Yo realmente leí este artículo hace años en la revista Young Children, y solo el título capta una idea importante compartida por líderes de los ámbitos del cuidado y educación de niños pequeños.

Muchos de los niños preescolares a quienes cuido, pasan horas en casa jugando con videojuegos o mirando videos y programas de televisión llenos de acción. Yo creo que actividades como estas contribuyen a la conducta hiperactiva y poco atenta de los niños. ¿Cómo puedo ofrecerles otras actividades más apropiadas cuando éstas son las únicas a las que están acostumbrados, y las únicas que me piden?

Respuesta: Es muy fácil que los niños pequeños queden cautivados con las imágenes danzarinas y llenas de brillante colorido que encuentran en un televisor, computadora o Gameboy. Por esto, muchos padres y madres encuentran que estos aparatos son útiles para mantener ocupados a los niños cuando ellos están ocupados o no pueden prestarles suficiente atención personal. Pero los niños de esta edad también pueden ser atraídos hacia otras actividades. A Ud. le corresponde hacerse a usted misma –y al ambiente– más cautivador que un videojuego. Esto no es tan difícil como puede imaginarse.

No intente competir directamente con los videojuegos, como por ejemplo, presentando libros de cuentos con láminas de mucho colorido. Más bien, concéntrese en cautivar a los niños a quienes cuida al enfocarlos en todas las dimensiones no visuales que un videojuego no puede alcanzar. Ofrezca una mesa de agua (o hasta un gran tazón de plástico lleno de agua) con tazas para medir, embudos, tubos de plástico y cuentagotas, y creo que pocos niños de 4 años pedirían en cambio un videojuego. Disponga pasta para moldear, con rodillos de cocina y cortagalletas. Aún mejor: deje que un grupo de niños mezcle harina, sal, agua y aceite para elaborar su propia tanda de pasta. Y agregue un colorante del color que ellos escojan.

Además de las imágenes y los sonidos cautivadores, otro aspecto de los videojuegos y la televisión que atrae a los niños es que los asocian con lo que hacen los adultos. Por eso, la animo también a pensar en ideas de su currículo que se encuentren en la misma categoría, además de ser más ventajosas para el desarrollo de niños que el mundo digital o los vídeos. Algo que los ayudará a entrar al mundo de los adultos aún más que los vídeos es trabajar con herramientas reales. Si Ud. no tiene un banco de carpintero real o un área de carpintería, puede traer las herramientas a cualquier área de actividades; no hablo de las “herramientas de niños”, sino de las reales que un miembro del personal pudiera prestarle. Deje que los niños aprendan la diferencia entre los destornilladores comunes y los de tornillos phillips, y los usen para atornillar tornillos reales en tablas de madera. Dígales que si siguen sus instrucciones y cuidan bien de los destornilladores, progresarán hasta las llaves planas, los alicates y los martillos.

Ahora bien, pensemos en los materiales más convencionales con los que Ud. cuenta: materiales para dibujar y otros de arte, rompecabezas, objetos de manipuleo, bloques. ¿Ha agregado Ud. algo nuevo durante los últimos meses? Los niños se aburrirán con materiales que han utilizado 50 veces. Su desarrollo óptimo requiere nuevos desafíos, nuevas habilidades para dominar. Aun si Ud. tiene un presupuesto limitado, necesitará encontrar una manera de traer a su programa aquellos objetos que les interesarán.

Tengo una respuesta final a su pregunta: podría traer a su programa, o pedir prestada, una videocámara. Haga grabaciones de los niños mientras construyen una torre de bloques, juegan en la mesa de agua, cortan galletas de la pasta para moldear, o fijan dos tablas con pernos. Entonces, cuando uno le pregunte: “¿No podemos mirar un vídeo?”, Ud. le dirá: “Sí, miremos este”. El vídeo les recordará otra vez que se pueden hacer cosas más interesantes que… simplemente mirar vídeos.

Tengo en mi clase un grupo de niños varones de entre 4 y 5 años de edad que son muy activos. Algunos de sus padres quieren que yo los deje jugar a ser soldados y superhéroes para gastar su energía extra. Esa clase de juegos frecuentemente se intensifica hasta que alguien sale lesionado. ¿Cuáles otras actividades más apropiadas puedo ofrecer a estos niños?

Respuesta: Yo la animaría a incorporar los juegos activos a su currículo. Estos pueden incluir el correr, perseguir, luchar, dar brincos, reírse y “combates” en los que no se pega a nadie ni se causa ningún dolor. Para formarse una idea rápida de los juegos activos (y por qué son saludables), piense en unos hermanos que “pelean” golpeándose unos a otros con almohadas. Estas “peleas” son ruidosas e incluyen el combatir, perseguir, reírse y caerse al piso. Todo esto se hace con un espíritu de alegría y respeto mutuo, y solamente se necesita hacerlo por unos minutos para gastar una cantidad enorme de energía y estar listo para una actividad tranquila (típicamente, dormir).

Los juegos activos estructurados no tienen por qué resultar en lesiones ni en sentimientos lastimados, ni tampoco animar la conducta agresiva entre los niños. En realidad, usted descubrirá que si los niños tienen un lugar seguro para los juegos activos, probablemente darán menos empujones y exhibirán menos comportamientos físicos no deseados.

En una clase para niños pequeños, centro de cuidado infantil o programa después de clases, los juegos activos estructurados podrían incluir acostarse en el piso y dar vueltas en esterillas o en una alfombra, tirar pelotas de la marca Nerf u otros objetos suaves unos a otros, o partidas de lucha libre de un minuto, después de quitarse los zapatos, las joyas y los cinturones, y de escuchar las reglas claras (por ej., se prohíbe darse unos a otros a la cara con el dedo y tirar del cabello). También se pueden combinar elementos del juego activo en el baile, la música, el juego con disfraces, y las actuaciones teatrales improvisadas que tal vez ya formen parte de su currículo. No creo que se deban percibir los juegos activos como algo que toda la clase hará a la vez. Así como con otras opciones de actividades o centros de aprendizaje, la opción de juegos activos puede ser una que grupos pequeños de niños exploran en rotación. Si cierto niño no tiene interés en estos juegos, no se le debe requerir que los intente.

El investigador principal de los juegos activos como fenómeno natural entre niños pequeños es Pellegrini, quien ha hallado que los niños realizan este tipo de juegos con sus amigos, con mucha más frecuencia que con compañeros que no les caen bien. Sea cual fuera el caso, es fácil distinguir los juegos activos de la conducta agresiva, y usted puede intervenir para poner fin a esta última. Tanto Pellegrini como otros investigadores han notado las siguientes diferencias: las expresiones positivas y neutrales en la cara son más típicas en los juegos activos, mientras que las expresiones negativas caracterizan la agresión. Los niños suelen evitar el uso de toda su fuerza en los juegos activos, mientras que frecuentemente se ve que usan toda su fuerza en la agresión. Es más probable que los niños alternen los papeles (por ej., el que persigue y el perseguido) en los juegos activos, mientras que la agresión por lo general involucra papeles invariables o inamovibles. Los niños suelen permanecer juntos después de los ‘combates’ de juego, mientras que frecuentemente se separan después de la agresión.

La animo a incorporar los juegos activos con frecuencia, por unos cuantos minutos cada vez. Si esto es muy distinto de su currículo anterior, no olvide informar a los padres y madres de este cambio y tomar la iniciativa en explicarles por qué esto es saludable para los niños. Usted podría incluir una referencia a las obras del neurocientífico Jaak Panksepp de Bowling Green University , quien señala lo siguiente acerca de la relación entre la hiperactividad y la falta de oportunidades de juegos activos en el caso de los niños estadounidenses: “El aumento vertiginoso en los diagnósticos del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad tal vez refleje principalmente que cada vez más nuestros niños ya no cuentan con espacios ni oportunidades adecuadas para expresar esta necesidad biológica natural: la de jugar cada día, unos con otros, de maneras vigorosas y activas. Puesto que sabemos ahora que el juego es un proceso regulado y parecido a la ingestión de alimento y agua, se puede sostener con certeza que los niños necesitan y desean cierta cantidad de juegos activos todos los días, así como otros mamíferos pequeños…” “Los científicos recién están empezando a aprender sobre los muchos ‘factores estimuladores’ dentro del cerebro que sirven para fomentar la plena maduración de las neuronas […] Algunos de estos […] son activados por clases específicas de estímulo sensorial que pueden abundar especialmente durante los juegos activos.” Lo anterior se extrajo de un artículo de 1998 de la revista Current Directions in Psychological Science , que se llama “Attention Deficit Hyperactivity Disorders, Psychostimulants, and Intolerance of Childhood Playfulness: A Tragedy in the Making?” (Trastornos de déficit de atención e hiperactividad, fármacos estimulantes del sistema nervioso central, y la intolerancia de los juegos infantiles. ¿Será el inicio de una tragedia?).

La animo a que no reserve los juegos activos para ocasiones especiales, ni que reserve las oportunidades de juegos activos para varones, ni para los niños que, a su parecer, tienen “energía extra”, sino que se los ofrezca a todo el mundo. La sorprenderá el entusiasmo con el que las niñas obedientes tiran pelotas suaves a sus amigas, una vez que usted les da el permiso.

Cada mañana en mi programa preescolar, tenemos una reunión grupal para discutir el horario y las actividades del día. Unos cuantos niños no se quedan sentados ni quietos durante esta reunión, que dura entre 10 y 15 minutos. ¿Es razonable que yo espere que los niños de edad preescolar se queden tranquilos durante tanto tiempo cada mañana?

Respuesta:La mayoría de los niños de 3 años y mayores, ya están empezando a gozar de las reuniones grupales con sus compañeros y maestros. Pero ciertos niños tienen poca tolerancia con los elementos más pasivos de las reuniones grupales o “el círculo”. Yo la animaría a aplazar las “discusiones” hasta que los niños hayan tenido la oportunidad de divertirse con movimientos y canciones.

Comience su reunión grupal con una canción en la que los niños se ponen de pie y utilizan la motricidad gruesa. Usted podría empezar en cuanto los primeros cuatro o cinco niños lleguen al área designada para la reunión. Esto animaría a los demás niños a unírseles. Los juegos de nombrar las partes del cuerpo y moverlas, como “Hokey Pokey” , son útiles para ayudar a los niños a aprender las partes de sus cuerpos. Pero hay incontables otros juegos de esta clase, que fácilmente se encuentran en libros de recursos acerca de canciones infantiles, como por ejemplo, el juego de la víbora del mar, o: “What Can You Do, Punchinello, Funny Fellow?”. Si usted tiene un grupo pequeño y una alfombra, puede intentar “Ring-Around-the-Rosies”. Al final de esta canción, los niños estarán sentados en la alfombra o en sus cuadros individuales de alfombra (una vez que dejaron de reírse), y listos para la siguiente fase de la reunión grupal.

Cuando los niños ya han utilizado sus músculos grandes, manténgalos activos, divertidos y atentos con un juego con los dedos que les estimule la motricidad fina. Muchos maestros, padres y madres conocen las rimas en español que se encuentran en http://www.elmundoinfantil.com/, o en inglés, “The Eensy Weensy Spider,” “Open, Shut Them,” “Here Sits the Lord Mayor,” “Hickory Dickory Dock,” y “Where Is Thumbkin?”. Existen otras docenas de juegos con los dedos que son menos conocidos pero igualmente entretenidos. Se puede pedir a un bibliotecario de la sección infantil que la ayude a encontrar algunos. Al hacer un juego con los dedos, especialmente uno poco conocido, siéntese al lado del niño a quien se le hace más difícil seguir participando con el grupo o que tiene poca habilidad con la motricidad fina. Coloque las manos sobre las del niño para ayudarlo a formar las mociones y mantener la atención.

Después de cantar y mover el cuerpo, la mayoría de los niños de 3 años y mayores podrán dedicar unos minutos de concentración a tareas más cognitivas. Presénteles lecciones o materiales destinados a una variedad de estilos de aprendizaje: auditivo, visual, táctil y cinestésico (de movimiento). Esto maximizará la posibilidad de que todos sigan atentos y puedan aprender lo que usted les presenta. Por ejemplo, si usted les presenta su horario o las opciones de actividades para el día, traiga a la reunión muestras de materiales de cada actividad. En vez de simplemente describir un proyecto de artes, reparta limpia-pipas u otro ejemplar del material que se utilizará. Además de decirles que el rincón de juegos dramáticos se ha convertido en una peluquería, deje que miren, digan los nombres y toquen las tijeras, el secador de mano, los peines y los cepillos. Si no es práctico traer ciertos materiales a la reunión grupal (por ej., si la actividad sucederá en una cocina y se horneará en un horno), muéstreles una foto. Todos los niños sacarán provecho de este método, y especialmente aquellos niños que tengan problemas de atención, impulsividad, del desarrollo o con el aprendizaje.

Sin embargo, aun cuando usted haya preparado su grupo para una discusión al ofrecerles movimientos, canciones y juegos con los dedos, y después les haya presentado el tema de discusión de maneras destinadas a facilitar variados estilos de aprendizaje, tal vez todavía algún niño no esté listo para tranquilizarse como los demás. En tal caso, otro empleado deberá estar listo para ofrecerle una alternativa. Tal vez este niño pudiera ayudar a preparar materiales para algo que se hará más tarde, o acompañar al empleado en una rutina diaria como recoger el correo de la oficina del director, pasar por la cocina o traer una fregona y un cubo. Si los demás niños están participando de las maneras descritas más arriba, probablemente no se darán cuenta de la ausencia de su compañero. Estarán contentos clasificando los hilos de tejer según el color o contando adónde fueron la última vez que se cortaron el pelo.

¿Es posible que un niño de 4 ó 5 años tenga ADHD? ¿Cómo puedo saber si la conducta muy activa está más allá de lo que se considera “normal” para los niños pequeños?

Respuesta: La respuesta a su primera pregunta es “sí”. Miles de niños en los Estados Unidos han recibido el diagnóstico de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (ADHD, o Attention Deficit Hyperactivity Disorder), y algunos de tan solo 4 años de edad. En la mayoría de los casos, son tratados con fármacos estimulantes (drogas de una clase que incluye Ritalin). Estos medicamentos afectan su conducta (por ejemplo, los ayuda a tranquilizarse o a planificar mejor sus acciones) por medio de los efectos en el cerebro. Como comparación cultural, quisiera señalar que en ninguna parte del mundo se diagnostican ni se tratan a tantos niños, ni mucho menos, para esta condición ni cualquier otra similar. Además, esta condición se diagnostica debido a comportamientos observados o informados que demuestran problemas de atención, impulsividad/hiperactividad, o ambos problemas. No existe ninguna imagen del cerebro tomada por escáner, análisis de sangre ni ninguna otra medida que se asocie o utilice con el diagnóstico.

El que le hayan diagnosticado ADHD a un niño (y tal vez le hayan recetado fármacos) significa que a los ojos de sus padres y del médico quien lo diagnóstico, el niño ha manifestado dificultades que requerían algún tipo de intervención. Pero los maestros que trabajan con un niño no encontrarán ninguna ventaja en percibirlo como fuera de la gama “normal” de conducta. De hecho, yo sugeriría que usted se desprenda del concepto de “normal” y “anormal” cuando piensa en los niños. Más bien, a usted le corresponde –independiente de si un niño ha recibido algún diagnóstico de la conducta– considerar cuáles elementos de su programa le resultan o no provechosos al niño.

Un niño podría parecer excesivamente activo por muchas razones. Primero, los niños pequeños necesitan mucha actividad física o motora, no sólo durante los momentos de juego al aire libre sino todo el día. Por ejemplo, los tiempos del círculo no deberían ser momentos muy sedentarios, sino incorporar juegos con los dedos, movimientos y música. Segundo, si las actividades instructivas están orientadas hacia una aptitud que el niño ya ha dominado, o hacia una que todavía no puede captar, un niño sano deseará escaparse de la situación. Tercero, los maestros y cuidadores a veces reaccionan de manera negativa ante la exultación natural de los niños y niñas. Cuando tratan las travesuras típicas de los niños de 4 años como si representaran una amenaza a su control de la clase, lo único que logran es marginar a los niños y empujarlos a aún más travesuras.

Si usted cree que su clase ofrece muchas oportunidades de actividad física o motora durante el día, además de experiencias instructivas que les presentan un desafío adecuado a los niños y una tolerancia razonable de la conducta típica de algunos niños, pero todavía encuentra que uno o dos niños no parecen tranquilizarse nunca, desde luego deberá discutir sus preocupaciones con las familias de los niños. Se debe procurar el apoyo de ellas en ayudar al niño a entender y respetar los límites normales de la conducta. Usted podría redactar un contrato con un enfoque en los momentos específicos del día y en las ubicaciones específicas donde han surgido problemas (por ej., durante las comidas o en el patio de recreo). Tal contrato no debe enfatizar los comportamientos prohibidos, sino enumerar las conductas que usted espera. El simple hecho que usted colabore con la familia (y deje ver al niño que sus padres y cuidadores colaboran para apoyarlo) es una intervención que tal vez resulte exitosa. Usted puede dirigir esta energía hacia los niños que necesitan ayuda, incluso hacia aquellos que tal vez no hayan recibido ninguna ‘etiqueta’ o ‘rótulo’.

¿Cómo pueden los maestros responder a la conducta desobediente de maneras que la reduzcan?

Respuesta: Las expectativas poco realistas de parte de maestros, padres o madres pueden conducir a mucha “desobediencia”. La primera regla general es conocer las capacidades de los niños con quienes se trabaja, según el grado del desarrollo de los mismos, así como las limitaciones que pueden imponerse debido a factores del ambiente, de modo que se mantengan las expectativas razonables.

Me gusta contar el cuento de un día cuando yo era maestro sustituto en un centro de enseñanza media en Boston. Los alumnos me veían solamente una hora al día, de modo que era casi imposible llegar a conocerlos. La maestra me había dejado instrucciones para dar un “período de estudios”, de modo que yo no intentaba dar lecciones; solamente esperaba pasar un rato tranquilo sin perturbaciones hasta que sonara la campana para la siguiente hora. Escribí mi nombre en la pizarra, me presenté como “Mister Fink” y expliqué a la clase que tendríamos un período de estudios. Fijé la regla general de que estaba bien conversar en voz baja con los alumnos sentados al lado. Cierto chico decidió intentar provocarme al poner las manos en la boca a modo de bocina y gritar: “¡Mister Stinky! ¡Mister Stinky! ” (Sr. Hediondo). No intentaba llamarme la atención, sino simplemente burlarse de mí. En vez de provocarme con sus burlas a mi nombre, nada más le recordé la regla. Marché al pupitre del alumno y, en una voz baja pero con tono amistoso, le dije: “Se permite que usted hable en voz baja con los que están cerca. Su voz es demasiado fuerte”. Entonces volví al frente del aula. “Mister Stinky, Mister Stinky ” – dijo en una voz “falsete”. Una vez más marché rápidamente hacia su pupitre. Sin duda él esperaba otra reprimenda, tal vez más severa que la primera. “Gracias”– le dije en voz baja. “Es mucho mejor que hable tan bajo.” Volví al escritorio de maestro sin esperar que él reaccionara más. El resto del período pasó sin más provocaciones de parte de ese alumno ni de nadie más.

¿Cuáles lecciones de esta experiencia se aplican al trabajo con niños más pequeños?

  • Fije expectativas razonables que la mayoría de los niños pueden satisfacer exitosamente.
  • Ofrézcales palabras de afirmación a niños que actúan en consecuencia con la guía que usted les ofrece, al darles gracias o decirles que está orgullosa de ellos, o buscando oportunidades de darles una atención positiva la próxima vez que los ve portarse de forma apropiada (por ej., “detectarlos cuando hacen algo bueno”).
  • Mantenga un gran sentido del humor y evite tomarlo personalmente cuando los niños no hacen lo que usted quiere.

Cuando los maestros trabajan todos los días en una situación similar, tienen la oportunidad de estudiar los patrones de la mala conducta. En vez de identificar a niños individuales como “problemas de conducta”, intente discernir si hay ciertos momentos durante el día o ciertas ubicaciones donde la mala conducta ocurre repetidamente. Si usted puede descubrir una relación entre la conducta desobediente y determinados lugares u horas del día, entonces puede dejar de darles reprimendas a los niños e invertir su energía en reducir la frecuencia de los problemas al cambiar ciertos aspectos del ambiente.

En casos típicos, algunos niños dejan de hacer lo esperado al momento de la limpieza u otros momentos de transición. Por ejemplo, digamos que a Darío se le hace muy difícil dejar de construir una torre de bloques en la que ha trabajado con toda el alma durante 20 ó 30 minutos. Cuando usted finalmente logra que deje de construir y guarde los bloques, el niño no sólo derrumba la torre sino que lo hace con tanta ferocidad que Diana está asustada o tal vez hasta lesionada por un bloque que fue tirado. Ahora, usted le da una reprimenda a Darío por lastimar a su compañera de clase, y tal vez le pida decir algo para hacer las paces con Diana por sus sentimientos heridos. Sin embargo, no se reconocerán ni consolarán los sentimientos lastimados del niño (ya que ¡le encantaba construir esa torre! ¡Usted le hizo derrumbarla!). Si tales cosas no suceden una sola vez, sino que se forma un patrón con tales interacciones, será buena idea considerar otras maneras de manejar la limpieza. Tal vez una maestra puede sentarse con Darío unos minutos antes de la transición hacia la limpieza para ayudarlo a discernir una manera de llevar su actividad a un fin con un sentido positivo de conclusión. Tal vez la clase necesite designar ciertos días cuando las estructuras de bloques pueden dejarse en su lugar después de la limpieza (o tal vez, con la cooperación de los empleados de limpieza, durante toda la noche).

Cuando los niños parecen desobedientes, siempre intente preguntarse si ha tomado alguna decisión que contribuyera de algún modo a esta situación. Algunos salones de clases están arreglados de tal manera que no se pueden evitar los problemas de conducta. Si un área de juegos activos se arregla justo al lado de un rincón de biblioteca, sin ningún tabique adecuado que separe estas áreas, el maestro se encontrará dándole una reprimenda a Alonso por golpear su camión de madera contra Ariela mientras ella estaba sentada mirando un libro de «Clifford, el gran perro colorado». Pero Alonso no tiene la culpa de eso, sino que se trata de un resultado previsible de lo que yo denomino “trastorno de déficit del ambiente”. Los adultos tenemos que responsabilizarnos por arreglar los ambientes para los niños de modo que ellos pueden jugar y aprender con toda su energía y vitalidad.

Si se espera que los niños se queden sentados durante varios minutos después de acabar el almuerzo o la merienda –simplemente porque otros niños todavía no han acabado– al menos uno de los niños que esperan, hallarán otra cosa que hacer más interesante que quedarse sentado. Esto puede parecerle “desobediencia”. En realidad, este niño o niña le está haciendo un favor al enviarle este mensaje: “Usted tiene el Trastorno del Déficit del Ambiente. Por favor, haga algún cambio antes de que los demás niños se den cuenta de esto.”

¿Tiene usted sugerencias acerca de tareas especiales para niños que tienen mucha energía, para ayudarles a enfocar su entusiasmo en vez de reprimirlo?

Answer: Me gusta mucho la manera en que usted planteó esta pregunta. Las tareas de la clase son un modo muy importante de ayudar a los niños a sentirse como integrantes valiosos de la comunidad y que pueden hacer una contribución. Los niños que han recibido repetidamente las respuestas negativas a su conducta, pueden llegar a dudar de su propio valor como integrantes de la comunidad, y necesitar esa afirmación positiva más que otros.

Las tareas que pudieran ser apropiadas variarán dependiendo de las edades de los niños de su clase. Pero entre las muchas tareas que les gustan a los niños, se hallan las de limpieza y de remendar cosas, el cuidado de mascotas, la preparación (por ej., preparar materiales para actividades o preparar el aula para la siesta), y las de comunicación (por ej., llevar mensajes a otras clases, contestar teléfonos).

A algunos niños les atraen los equipos o máquinas que tienen motores, especialmente si hacen ruidos. No hay nada de malo en pedir que un niño de dos años la ayude con el uso de una aspiradora, sea de tamaño regular o pequeña, con tal que usted la haya inspeccionado cuidadosamente para encontrar repuestos flojos y otros peligros. Un niño de 5 años puede pasar la aspiradora por el aula (o una parte del aula) con muy poca ayuda de un adulto, además de enorgullecerse mucho al hacerlo.

A otros niños les encanta el agua; ser el encargado de un tazón y una esponja para limpiar las mesas puede parecerle un gran honor a un niño, además de ofrecerle un gusto sensorial. El agua también parece tener un efecto tranquilizante. Aun si usted tiene otro método para desinfectar sus mesas, cuesta poco comprar un tazón y una esponja y dejar que ponga manos a la obra un niño que necesite esta clase de responsabilidad. Él no necesitará saber que usted realmente limpia las mesas cuando los niños están tomando la siesta.

Ser el o la ayudante de la maestra arreglando las camillas, es un rito de paso en muchos centros de cuidado infantil. Si un niño puede ayudar con esto, le da el mensaje: “¡Mira lo grande y fuerte que eres!” Además, le comunica que el maestro tiene la confianza que él puede emprender tan importante tarea.

El dar de comer a peces, tortugas o jerbos; limpiar jaulas; u otras tareas relacionadas, son tareas muy deseables a los ojos de los niños de cualquier programa. Aun aquellos niños que parecen tener poco control sobre sus manos y sus cuerpos al relacionarse con los compañeros, parecen entender por intuición que tienen que moverse con una mayor delicadeza al cuidar seres más pequeños.

Las tareas de remendar pueden ser las más emocionantes – además de tranquilizar mucho a algunos. La próxima vez que usted se encuentra buscando un destornillador phillips para ajustar el tornillo del pomo de la puerta de un gabinete, o abrir la caja para pilas de un juguete, tome un momento para preguntarse si algún niño ha recibido una reprimenda últimamente por su conducta alborotadora, y si este niño pudiera gozar con la oportunidad de trabajar con una herramienta real. Se tardará más tiempo en hacer la tarea, pero usted habrá contribuido de maneras importantes aumentando el sentido de participación y comunidad en ese niño. Tal vez le sorprenda la capacidad de concentración de un niño que usted consideraba como impulsivo o hiperactivo, una vez que tenga la oportunidad de trabajar en una tarea que tiene un valor obvio en el “mundo real”. En el ámbito de la educación especial, nos referimos a esta clase de tareas como la de “significado funcional”. Todos los niños necesitan tales oportunidades, sin importar el nombre que les pongamos.

Tengo un niño de 6 años y en ningún colegio se adapta, porque sin razón les pega a los niños y es irrespetuoso con los adultos. Pero tiene momentos de mucha tranquilidad y es demasiado tierno, reconoce el error y dice que no lo volverá a hacer pero reincide. Estoy desesperada. Ya lo he llevado a psicólogos y me dicen que él tiene una conducta desafiante por oposición.

Respuesta:Existe una condición que los sicólogos diagnostican como Trastorno de Oposición Desafiante (Oppositional Defiant Disorder [ODD] en inglés), que incluye la conducta que usted describe. En el siguiente sitio de Internet se puede leer acerca de esta condición.

Parece que su hijo recibió un diagnóstico de esta condición, por parte del psicólogo que usted visitó. Sería interesante saber lo que el psicólogo recomendó como tratamiento.

Es bueno que su hijo tenga momentos de ser tierno y se responsabilice de sus acciones. Pero en vez de enfocarse en lograr que él prometa que no lo volverá a hacer, yo sugiero utilizar esos momentos cuando está tranquilo y dispuesto a pensar, para enfocarse en descubrir lo que él desea ganar por medio de la conducta, ya que la conducta puede concebirse como una forma de comunicación. ¿Qué está ‘diciendo’ el niño con sus arranques con compañeros o adultos? El niño tal vez la pueda ayudar a discernir esto, o usted tal vez tenga que discernirlo por cuenta propia. ¿Es que el niño quiere obtener algo de los compañeros a quienes pega? ¿Quiere poder hacer todo lo que pueden hacer ellos? ¿Quiere estar incluido en sus grupos sociales o amistades? ¿Qué quiere de los adultos? ¿Quiere ser su propio jefe? ¿Quiere tener más control sobre su ambiente? Si el niño reconoce una vez lo que quería cuando golpeó a alguien o le habló con aspereza, esto puede ofrecerle un indicio mucho más importante para cambiar su conducta, que 10 promesas que no lo volverá a hacer.

Una vez que el niño le haya dado ese indicio, usted puede trabajar con él sobre el asunto. Por ejemplo, podría decir: “Bueno, ¿es eso lo que realmente querías? Vamos a ver, tal vez las maestras y yo podemos colaborar contigo para que lo obtengas… sin que tengas que usar esta conducta negativa.”

Una vez conocí a dos niños varones de unos 7 u 8 años de edad, mientras esperaba mi cita con el terapeuta físico. Los dos iban allí porque se los había expulsado del campamento de verano, y la mamá de uno de ellos trabajaba allí. Los niños me explicaron que uno tenía el Trastorno de Oposición Desafiante y el otro tenía el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad. “Yo soy ODD y él es ADD”, fue la manera en que uno de los niños me lo expresó. “Sí, él es ODD y yo soy ADD”– dijo el otro. Me pareció que el que pudieran sonreír y reírse de sus propios diagnósticos, indicaba que tenían una buena salud mental. Espero que llegue el día cuando usted y su hijo también sonrían y se rían, y sepan que él ha logrado unos progresos tremendos.

Tengo un hijo de 2 años 4 meses, es un niño que habla ya muy bien y entiende claramente lo que se le explica, se porta muy bien y es capaz de expresar lo que siente, mi pregunta apunta a la siguiente situación:

Un día vino a mi casa una amiga con su niño de 2 años, el chico era bastante agresivo y lo primero que hizo fue rasguñar la cara de mi hijo, mi hijo quería seguir las enseñanzas que yo le he dado sobre prestar los juguetes, tomar turnos o tratar de explicar cuando no quiere prestar alguno de sus favoritos, pero el otro chico no entendía o no conocía otra forma de actuar y todo el tiempo trataba de pegarle a mi hijo. Mi hijo le cogió miedo y quería que lo tomáramos en brazos o lo escondiéramos del otro chico, fue un día agotador, yo no quiero que mi hijo pelee, pero en una situación práctica donde no hay mucha posibilidad de educar al otro niño y sobretodo si uno no está, quiero que mi hijo sea capaz de defenderse y no sólo de una forma “ideal”, porque muy pocas veces hay adultos preparados para guiar a los chicos realmente. No quiero decirle que si le pegan él pegue, pero, sí quiero que sea capaz de que no le peguen una segunda vez.

¿Cómo le enseño a mi hijo de 2 años y medio a defenderse y no aceptar que le peguen?

Mi hijo es más alto que los chicos de su edad y me parece que es más maduro, se lleva muy bien con chicos mayores, con los que puede hablar.

Respuesta: Lamento lo que le sucedió a su hijo. Cuando mi propio hijo tenía 25 meses de edad, recibió un rasguño en su mejilla mientras asistía a una fiesta de cumpleaños por el niño que cumplía años. El rasguño no desapareció sino hasta que nuestro hijo tenía tres años y medio. Si no hubiéramos sido buenos amigos de los papás del otro niño, les hubiésemos echado la culpa a ellos y sacado la conclusión que su hijo era agresivo y poco educado. Pero como los conocíamos tan bien a ellos (y al niño), nos dimos cuenta que esto fue una de las cosas que suceden entre niños de 2 años, cuando se portan de maneras completamente normales y previsibles.

El niño a quien usted describe, tal vez tampoco tuvo la intención de rasguñar a su hijo. Pero si persistió en intentar pegarle a su hijo o tratarlo bruscamente durante un período prolongado de tiempo, eso debe haber sido perturbador y, como usted dice, agotador.

Para ser sincero, realmente no creo que debiéramos enseñarles a los niños de esta edad a defenderse físicamente. Ya que usted ha indicado que su hijo cuenta con buena capacidad de hablar, ciertamente puede practicar decir, bien fuerte, cosas como: “¡Deja de hacer eso!”, “¡Eso no me gusta!” y “¡Eso me duele!”. Pero si estas defensas verbales no surten efecto, debemos enseñarles a los niños de esta edad a buscar el apoyo de sus cuidadores, maestros y familiares. Es muy buena señal que su hijo quiso ser sostenido y llevado a otra parte del hogar, donde estaba más seguro. Esto revela que el niño se daba cuenta del peligro e intentaba apropiadamente que usted lo protegiera. Usted quiere que el niño sepa lo que debe hacer para que no le vuelvan a pegar; yo creo que el niño sabía exactamente lo que debía hacer.

Cuando el niño tenga 5 años (o tal vez cuatro y medio), yo la animaría a llevarlo a un estudio de artes marciales, si es que existe uno en su comunidad que les da clases a niños de esta edad. Pero en el caso de un niño de dos años, el que buscara protección en los brazos de usted fue un indicio del amor propio y salud mental, mejor que cualquier golpe o patada de kárate que él pudiera dar.

Usted ha mencionado también que raramente están presentes adultos que pueden guiar a los niños. Para mí, esto es motivo de preocupación. Si sus circunstancias son tales que no le quedan más opciones para el cuidado de su hijo que dejarlo con niños mayores, o con adultos en quienes usted confía poco para que le den la guía apropiada, esto es aún más preocupante que una visita ocasional de un niño que no ha aprendido a respetar el espacio personal y los linderos físicos. Espero que le resulte posible rectificar tal situación en muy poco tiempo.

Estoy un poco preocupada. Tengo dos niñas, una de 9 años y otra de 1 año 8 meses. Son dos personitas muy distintas, la mayor si bien ha tenido que ir asumiendo que ya no es sola, es muy poco expresiva, se guarda las cosas. Y muchas veces como estoy más ocupada con la chica, siento que le presto poco atención. La chica aún no articula palabra, es muy nerviosa, en este minuto está en la casa sin ir al jardín infantil, pero eso también ha afectado su relación con sus pares (está solo con adultos). Vuelve a la sala cuna en enero, se concentra poco y ya debería poder hacer ciertas cosas como encajar cubos, saber identificar sus pies, manos, etc. Yo trabajo fuera de la casa y la verdad es que si pudiera tener un horario más corto, ¡¡SERÍA IDEAL!!, pero no es así.

¿Cómo puedo estar más atenta con la mayor y poder trasmitirle más confianza y autonomía? Segundo con la chica, ¿cómo guiarla y aprovechar su curiosidad por las cosas nuevas para que ella se concentre y aprenda? Gracias, se lo agradecería enormemente.

Respuesta: Usted ha indicado solamente que su hija mayor es poco expresiva y que se guarda las cosas. Eso no necesariamente tiene nada de malo. Las niñas de nueve años a veces pueden ser completamente lo opuesto, formando grupos cerrados, contando cotilleos o chismes e incluyendo y excluyendo a sus amigas. En comparación con esto, es bueno que su hija sea un poco reservada, ¿verdad? Pero si usted cree que le falta confianza a su hija, yo sugeriría encontrar una actividad fuera de la escuela que le dé la oportunidad de alcanzar logros concretos, en actividades que no le están disponibles durante el día escolar. Dependiendo de los intereses de la niña, esto podría variar entre un club 4-H, una clase de artes, el servicio como voluntaria en un preescolar, jugar en un equipo deportivo o una clase de kárate. Si le parece que su hija sacaría provecho con su presencia, la animo a escoger una actividad donde los padres y las madres tomen un papel activo. En la mayoría de los clubes 4-H, por ejemplo, se les anima siempre a los padres de familia a que participen junto con sus hijos. (Estos clubes no son solamente para los niños que viven en granjas o en el campo; se pueden encontrar en muchas urbes y suburbios estadounidenses y alrededor del mundo, y ofrecen muy variadas actividades. Llame al Servicio Cooperativo de Extensión de la Universidad de Illinois o visite la página Web de la organización local o la organización nacional.

En cuanto a su hija menor… una niña de 20 meses es muy grande ya para no tener ningún lenguaje. Si la niña también tiene retrasos en la coordinación de los ojos y las manos y en jugar con juguetes de manipuleo, como usted menciona, ella podría necesitar apoyo adicional. ¿Sabía usted que los niños con retrasos del desarrollo son elegibles para servicios de intervención temprana? Y si usted la tiene matriculada en un centro de cuidados infantiles, estos servicios se le pueden suministrar en ese ambiente. Si su hija califica, según una evaluación cabal llevada a cabo por un equipo de especialistas, un coordinador de servicios se reunirá con usted para identificar las metas y los servicios que sean apropiados para su familia. Si usted vive en Illinois y quiere encontrar servicios cerca de donde vive, la animo a contactar la oficina del estado:

Illinois Department of Human Services (Departamento de Servicios Humanos de Illinois)
Bureau of Early Intervention (Oficina de Intervención Temprana)
222 S. College, 2nd Floor
Springfield, IL 62704
Teléfono: 217-782-1981
Fax: 217-524-6248
TDD/TTY: 217-558-6482

Información relacionada:

Mi hijo tiene 4 años y es súper enojón, por todo se enoja y es llorón. No sé cómo calmarlo, porque yo no le doy el gusto en todo. Y yo lo castigo con la TV pero no resulta, por todo se enoja. En la casa de sus abuelos le dan el gusto en todo y yo lo reto, después ellos se enojan conmigo. No sé qué hacer.

Respuesta: Es útil ver la conducta, tanto la buena como la mala, como comunicación. Cuando su hijo tenía 6 meses de edad, seguro que usted percibía las cosas de esta manera. El niño lloraba o agitaba sus manitos, y usted intentaba discernir lo que él estaba intentando expresar. ¿Tenía el pañal mojado? ¿Tenía hambre? ¿Quería ser sostenido y mecido? Pero a medida que los niños crecen, van expandiendo su ‘repertorio’. Llegan a ser capaces de expresar en forma más directa sus deseos, necesidades y sentimientos. Entonces los padres de familia y cuidadores ya no tienen que adivinar lo que los pequeños están diciendo.

Cuando un niño de 4 años tiene berrinches, llora o de otro modo no utiliza la comunicación clara y directa que esperamos de un niño de su edad, necesitamos responder intentando discernir lo que el niño está comunicando, así como lo haríamos con un bebé. No se logrará nada respondiendo con castigos. Los niños ya están haciendo lo mejor que pueden y la mala conducta solamente llegará a ser más arraigada si los castigamos.

Será más útil darle a su hijo el beneficio de la duda y creer que hay algún motivo detrás de sus berrinches. Haga de detective e intente adivinar cuál es ese motivo. Más típicamente, los niños pequeños se sienten perturbados ya que les parece que otras personas tienen poder y control sobre ellos, y ellos quieren tener un mayor sentido de poder y control. Si su hijo está más contento en la presencia de sus abuelos, no descarte del todo la manera en que ellos lo tratan. Usted dice que ellos le dan el gusto “en todo”; pero me parece poco probable que sea así. ¿Lo dejan salir afuera cuando hace mucho frío? ¿Le permiten echar comida al piso? Aunque no puedo hacer más que adivinar, me parece dudoso que permitan todo esto. Pero más probablemente las cosas en las que le dan el gusto, son cosas que no amenazan la seguridad fundamental de nadie, ni siquiera el decoro fundamental de su hogar. Tal vez ellos reconozcan más claramente la necesidad de que el niño tenga un sentido de control.

Si yo fuera usted, lo que haría es comprar un sombrero o hallar uno que no ha usado desde hace mucho. La próxima vez que el niño pierda los estribos o se ponga a llorar, póngase el sombrero y dígale: “Bueno, ya estoy lista para discernir qué te molesta, hijito mío. No podía saberlo antes, pero ya tengo algo que me va a ayudar.” Espere para ver si el niño le pregunta: “¿Qué?” Si no le pregunta, contéstele de todos modos. “Es mi sombrero. ¿Lo ves? Es mi sombrero de detective. Soy una detective y puedo discernir porqué un niño está enojado o triste.” Una vez más, espere para ver si él va a responder o mostrar curiosidad. Luego, intente mostrarle cariño al tomarlo en sus brazos o su regazo, o podría sentarse al lado del niño y poner un brazo alrededor de sus hombros; no de una manera agitada, sino tierna y amorosa.

Si el niño la rechaza físicamente –como por ejemplo, si le da un empujón– no reaccione, simplemente aléjese un paso o dos. Si le pregunta: “Mami, ¿por qué haces esto?”, usted le contestará: “¿Por qué? Porque te quiero. Ya que soy detective, veo que tienes que expresar tus sentimientos de alguna manera, y me parece que esta es la mejor manera en la que puedes pensar hasta ahora. Me parece que tienes algo en la mente, pero que no sabes cómo decirme lo que estás pensando.”

Deje que el niño tome bastante tiempo para pensar en lo que usted dice y para responder. No lo obligue a hablar sobre lo que siente. Si el niño quiere hablar de otra cosa, eso está bien. Si deja de estar perturbado, su actuación de detective está surtiendo efecto. Probablemente pasará mucho tiempo antes que el niño empiece a contarle sus sentimientos. Pero usted necesitará de muchísima determinación. No lo castigue más. Piense en alguna recompensa para los momentos cuando las cosas van bien, como por ejemplo, actividades especiales para su hijo que no requieran mucho esfuerzo ni tiempo de parte de usted. ¿Sería aplazar por media hora la hora de acostarse un fin de semana para hacer palomitas juntos? ¿Dejar que el niño escoja un postre fácil de preparar (por ej., una mezcla de pastel o galletas crudas para hornear en casa) y hornearlo juntos? ¿Sentarse con el niño mientras juega en la computadora por 15 minutos en un sitio para niños como PBSKIDS.org (que ofrece juegos que incluyen personajes de Plaza Sésamo)? No olvide decirle cuánto disfruta usted de estos momentos cuando están jugando y pasando un buen rato juntos, en un espíritu de paz y unidad.

Si usted tiene una rutina muy estructurada y controlada, tal vez sea importante que su hijo la vea cambiar su horario para mostrarle amor y darle atención. Pero lo más importante es utilizar ese sombrero de detective, y abrazarlo con ternura y cariño.

¿Cómo se siente usted respecto a la inclusión de niños con autismo en las clases de instrucción regular (no especial) del kindergarten al tercer grado? ¿Conoce algunos recursos que yo pueda leer?

Answer: Hace tiempo, los entendidos principales del ámbito creían que la “educación especial” era un lugar, o más bien un conjunto de lugares que incluían instituciones residenciales, escuelas “especiales”, y clases “especiales” dentro de las escuelas regulares. En la actualidad, los educadores, médicos, terapeutas, padres y madres tienen otra perspectiva cimentada en lo que llamamos un “paradigma nuevo”, es decir, una manera nueva de plantear un problema viejo. Ya decimos que la educación especial abarca una gama de servicios, estrategias y apoyos que se pueden entregar en cualquier lugar. Es así no sólo del kindergarten al tercer grado sino también entre niños más pequeños que asisten a grupos de juego, al cuidado infantil y a programas preescolares, y entre niños y adolescentes que ya son muy grandes para ir a la escuela primaria.

Existen muchos motivos buenos por incluir a niños diagnosticados con un trastorno del espectro autista en las clases de sus compañeros. Algunos de estos niños tal vez se encuentren motivados observando a sus compañeros llevar a cabo tareas de comunicación, juego y aprendizaje. A veces, tales “compañeros modelos” no estarían disponibles si se asignara estos niños a clases separadas. Otros niños tal vez no se percaten de sus compañeros pero se sientan atraídos hacia ciertos aspectos del currículo y la instrucción que se ofrecen en clases regulares. En realidad, el espectro autista presenta mucha variabilidad e incluye a muchos niños muy capaces de completar y hasta de sobresalir en tareas académicas típicas.

La madre de un niño “del espectro” (como dicen en la actualidad), a quien le pondremos el nombre de Eduardo, me dijo recientemente con una sonrisa que la maestra de Eduardo de tercer grado abandonó su “currículo de dinosaurios” ya que el conocimiento del niño acerca de ellos excedía en mucho el de la maestra, y el niño no podía dejar de ofrecerle una serie continua de correcciones y detalles adicionales, de modo que ella se sintió demasiado distraída. En el pasado, si un niño tenía tal incapacidad para entender los indicios o códigos sociales, se hallaba recibiendo “instrucción” en una clase con otros niños que tenían deficiencias parecidas en la aptitud social. Muy probablemente, la clase también habría incluido a otros alumnos que exhibieran las mismas deficiencias sociales además de deficiencias cognitivas (es decir, se podría haber clasificado a algunos niños con impedimento intelectual o “retardo mental”, además de tener autismo). Pensémoslo: ¿Realmente le sería provechoso a un niño como Eduardo estar asignado a tal clase, donde lo único que los alumnos tenían en común fuera una etiqueta basada en sus deficiencias? Pensemos en esto también: Los demás niños del tercer grado, ¿tendrían una experiencia instructiva más rica o más pobre si Eduardo formara parte de su clase?

Aparte de las respuestas que usted o yo diéramos a estas preguntas, es más importante saber lo que la ley requiere. La ley IDEA – Individuals with Disabilities Education Act , o Ley de Educación de Individuos con Discapacidades– se promulgó con otro nombre en 1975 y se enmendó más recientemente en 2004. Esta ley requiere que cualquier niño elegible para la educación especial reciba instrucción apropiada y gratuita en las escuelas públicas, en el ambiente menos restrictivo, donde el niño pueda progresar hacia el logro de sus metas instructivas. La ley requiere que se tome una decisión acerca de las metas de cada niño y la clase a la que se asignará, de acuerdo a cada caso individual. Indica además que las metas deben tratar no sólo los logros académicos (por ej., lectura, escritura, matemática, ciencias sociales, etc.) sino también las aptitudes funcionales (por ej., las relacionadas con las rutinas de la vida diaria). Los padres, madres o tutores participan en la toma de estas decisiones junto con un equipo de varios profesionales del distrito escolar.

Así como los niños con otros diagnósticos, cada niño del espectro autista presenta un conjunto singular de necesidades, aptitudes y dificultades. A veces ciertos niños con autismo sacan muy poco provecho de la exposición a los compañeros de desarrollo típico y tal vez se beneficien más en una situación más restringida. Pero se puede llegar a esta conclusión solamente después de estudiar al niño en particular y de construir un consenso entre los profesionales y la familia. Aun cuando se saque tal conclusión, la restricción debe concebirse como temporal. Las personas con autismo aspiran llevar una vida con significado en vecindarios y comunidades junto con todos nosotros, y las escuelas ofrecen una oportunidad importante para que todos los individuos, tanto dentro como fuera del espectro autista, conozcan las maneras de otros de procesar la información y de llevar a cabo las relaciones sociales.

Existen abundantes recursos respecto a los niños pequeños con autismo. Muchos de los investigadores principales trabajan con el Center for Evidence-Based Practice: Young Children with Challenging Behavior (Centro para las Prácticas Basadas en Evidencia: Niños Pequeños con Comportamientos Problemáticos) , patrocinado por la Oficina de Programas de Educación Especial del Departamento de Educación de EE.UU. Según indica el nombre, el centro se enfoca en las cuestiones del comportamiento exhibido por una gran variedad de niños, además de aquellos con autismo.

Para información acerca de los derechos de los padres y madres de niños con autismo y muchos otros tipos de discapacidad, dos buenas entidades que cuentan con reconocimiento nacional son el Centro PACER, ubicado en Minnesota, y la Federation for Children with Special Needs (Federación para Niños con Necesidades Especiales), con su sede en Boston. Los residentes de Illinois también pueden acudir a la Autism Society of Illinois.

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