Pregunte a un perito
Trasunto
¿Es apropiado usar recompensas para animar a los niños a jugar de forma más activa? Por ejemplo, yo leí una sugerencia acerca de hacer la conexión entre mirar televisión o jugar juegos en la computadora y pasar tiempo haciendo ejercicios activos.
Cada niño quiere que su trabajo y esfuerzo sea reconocido y hasta recompensado. Por ejemplo, los adultos que han adelgazado podrían comprarse un nuevo par de zapatos deportivos o nueva ropa para el entrenamiento como recompensa por su duro trabajo. Sin embargo, con los niños esta idea no es tan simple como pudiera parecer al principio. Los niños necesitan darse cuenta que la actividad física es un modo de vida que no siempre conlleva una recompensa inmediata. Toma tiempo y energía fijarse metas y cambiar los comportamientos, y por lo tanto sólo deben concederse recompensas cuando el comportamiento realmente cambia. Además, las recompensas deberán reforzar los comportamientos deseados en vez de reducirlos. Daré algunos ejemplos específicos para los padres, pero primero me gustaría presentar un poco sobre la investigación actual acerca del uso de los medios de entretenimiento y su relación con la conducta sedentaria.
El uso de medios de entretenimiento (por ej., videojuegos, computadoras y televisión) se ha asociado con la grasa corporal y la inactividad física (Jason y Brackshaw, 1999). Las tasas bajas de actividad física guardan relación con la formación académica de los padres, la cantidad de reglas del hogar para el uso de la televisión, y la ubicación de los aparatos como computadoras y televisores en la casa (Christakis, Ebel, Rivara y Zimmerman, 2004). El informe de la Fundación Kaiser Family, Generation M: Media in the Lives of 8-18 Year-Olds PDF (en inglés), ilustra una perspectiva histórica de la importancia de los medios de entretenimiento en las vidas de niños y adolescentes. Hoy en día, “casi tres cuartos de los niños en los EE.UU. viven en hogares que contienen tres o más televisores” (Roberts, Foehr y Rideout, 2005, pág. 10). Lo más importante es que este recurso ofrece a los padres y madres ideas simples que se pueden poner en práctica fácilmente en la familia, para reducir de maneras positivas el uso de los medios de entretenimiento.
Ante todo, cada aparato de entretenimiento debe colocarse en una ubicación central en la casa donde cada uno en la familia pueda utilizarlo. Colocar los televisores, computadoras y videojuegos en las alcobas de los niños fomenta la inactividad física. Cuando los aparatos se hallan en una ubicación central (por ej., en la sala de estar, justo al lado de la cocina), los padres con más probabilidad, cuestionarán la frecuencia y el propósito del uso de parte de los niños.
Segundo, el entretenimiento no debe ir acompañado del consumo de calorías. El mirar televisión es una actividad sedentaria en sí, pero comer a la vez de mirar televisión, duplica el problema. Una merienda saludable de vez en cuando, como las palomitas o los prétzeles, durante una película la noche del sábado, ciertamente no tiene nada de malo; sin embargo, el picar meriendas a la vez de mirar tele debe ser algo muy poco frecuente.
Finalmente, si la familia tiene al menos una regla acerca del uso de los medios de entretenimiento, con más probabilidad, serán físicamente activos. Las reglas pueden ser simples, como por ejemplo: (1) no mirar televisión antes de ir a la escuela, (2) no mirar televisión sino hasta que las tareas están acabadas, o (3) solamente 2 horas de usar cualquier medio de entretenimiento el sábado o domingo (esta regla fomenta el planeamiento y la auto-regulación). En ciertas familias, se apaga el televisor cuando toda la familia realiza actividades físicas, como dar un paseo por el vecindario, jugar al baloncesto o lanzar una cometa o barrilete en un parque local. Se pueden lograr cambios al crear y cumplir al menos una regla acerca del uso de medios de entretenimiento.
Cuando un niño toma una decisión que fomenta la salud, esto debe reconocerse y a veces, recompensarse. Un padre o madre podría decir a su hijo: “La semana pasada hiciste actividades físicas por 60 minutos al menos cinco días (la recomendación para niños del President’s Council for Physical Fitness), por eso, vamos a montar bicis juntos en el camino de bicicletas”. De este modo, se utilizan recompensas para reforzar los comportamientos deseados. Una recompensa inapropiada sería dar un helado o más tiempo con los medios de entretenimiento a cambio de la actividad física. Las pegatinas, registros de actividades físicas, una bici nueva o una nueva camiseta de fútbol, son maneras positivas de respaldar la participación en actividades físicas. Estoy segura que muchos padres y madres ya hacen tales cosas; es importante informar a los niños de esto. La actividad física debe ser una meta de la familia ya que las familias que hacen ejercicios juntos, tienen menos probabilidad de necesitar recompensas externas para motivarlas.
Christakis, Dimitri A.; Ebel, Beth E.; Rivara, Frederick P.; & Zimmerman, Frederick J. (2004). Television, video, and computer game usage in children under 11 years of age. Journal of Pediatrics, 145(5), 652-656.
Jason, Leonard A., & Brackshaw, Ester. (1999). Access to TV contingent on physical activity: Effects on reducing TV-viewing and body-weight. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, 30(2), 145-151.
Matheson, Donna M.; Wang, Yun; Klesges, Lisa M.; Beech, Bettina M.; Kraemer, Helena C.; & Robinson, Thomas N. (2004). Obesity Research, 12(Suppl.), 32S-37S.
Roberts, Donald F.; Foehr, Ulla G.; & Rideout, Victoria. (2005, March). Generation M: Media in the lives of 8-18 year-olds. Menlo Park, CA: Kaiser Family Foundation. Retrieved September 8, 2006, from http://www.kff.org/entmedia/upload/Generation-M-Media-in-the-Lives-of-8-18-Year-olds-Report.pdf
¿Cuánta influencia tiene la genética en la obesidad de los niños pequeños?
Se especula que existen varias razones para la epidemia de obesidad en los Estados Unidos, entre ellas las influencias biológicas, ambientales y de conducta. La genética explica los efectos biológicos de la composición corporal de los niños, mientras que el ambiente afecta la conducta del individuo. Ya que las causas de la obesidad infantil son tanto genéticas como ambientales, es difícil discriminar entre los dos factores.
Es verdad que ciertos individuos tienden a tener sobrepeso y hasta a ser obesos; no obstante, esto no significa que debieran darse por vencidos en cuanto a la salud. Realmente, es por esto que es tanto más importante que estos individuos sean muy concientes respecto a lo que comen y cuánta actividad física hacen. Por ejemplo, un individuo puede tener una predisposición genética a tener niveles altos de colesterol. En tal caso, la detección oportuna y los cambios de la conducta ofrecen la posibilidad de extender la expectativa de vida. La dieta, el valor nutritivo del alimento que se ingiere, así como la regularidad y el tipo de actividad física, pueden ayudar a reducir los efectos de estas predisposiciones genéticas. Solamente un médico puede determinar todos los efectos de la genética del individuo, y por lo tanto es importante que este asuma el control de su propia conducta, o en este caso, la conducta de su hijo.
Sin importar la edad de las personas, ellas pueden lograr sus metas de actividad física y de mantenerse en forma, hasta el nivel posibilitado por su herencia genética. Aunque la herencia genética afecta la actividad física, la forma física y la salud, la mayoría de las personas realmente no logra realizar su potencial genético. Independientemente de la genética, la mayoría de la gente puede mantener una vida saludable, ya que la herencia genética en sí típicamente no predetermina que uno tenga una pobre salud física, ni tampoco garantiza una buena calidad de vida.
Específicamente en relación con la genética, los padres y madres pueden ayudar a sus hijos de dos maneras: (1) llevando a su hijo a un médico en forma regular para revisiones de la salud, y (2) llevando la cuenta de las calorías que su hijo consume y la energía que gasta. Primero, como parte de las revisiones regulares, los médicos examinarán la altura y el peso de su hijo en relación con otros niños de la misma edad. Las tablas de altura y peso ofrecen un registro del crecimiento y el desarrollo. Durante un examen físico rutinario, un médico evaluará el peso de un niño para ver si es atípico o malsano y tal vez hasta haga sugerencias acerca del consumo de alimentos. Si el médico no ofrece esta información, el padre o la madre deberá preguntar: “¿Tiene mi hijo o hija una altura y peso normales?” “¿Qué tipos de alimentos y cuánto alimento debería mi hijo comer durante esta etapa de su crecimiento y desarrollo?”
Segundo, se recomienda que cada niño realice actividades físicas durante más de 60 minutos la mayoría de los días de la semana. Las escuelas han cambiado desde que nosotros asistíamos a ellas; se ha reducido drásticamente la cantidad de tiempo que se dedica específicamente a la actividad física. Con algunas excepciones, la mayoría de los niños tiene solamente 10 minutos de recreo cada día–si es que tienen algún recreo. Aunque se deben ofrecer clases de educación física todos los días en el estado de Illinois, es probable que su hijo participe activamente en la educación física durante solamente 30 minutos cada dos días. Estas cifras están muy por debajo de las recomendaciones nacionales de actividad física. Necesitamos ayudar a nuestros niños a aprender a incluir la actividad física en la vida diaria. Esto puede lograrse por medio del ejemplo de los padres y madres, llevando el registro de la actividad física diaria, o participando en oportunidades formales de actividad física tales como el fútbol para la juventud o programas de las entidades como YMCA; y debe hacerse sea cual sea la predisposición genética del niño.
Mi niño de 2 años me pide meriendas cada dos horas. ¿Podrían las meriendas frecuentes resultar en un aumento malsano del peso?
La respuesta a su pregunta depende de lo que el niño come y de su nivel de actividad física. En muchos casos, los niños de esta edad son muy activos y no quieren dar pausas para comer, mientras que otros apenas están empezando a independizarse. Los niños de 2 años meriendan de acuerdo a su naturaleza, ya que en esta etapa de su desarrollo simplemente no están listos para comer sólo tres veces al día. El cuerpo de un niño de 2 años crece constantemente y por lo tanto, necesita alimento para satisfacer las demandas de sus actividades diarias. La regla general es una o dos meriendas al día entre las comidas. Antes de dar de comer a un niño de 2 años, es importante considerar sus necesidades. Por ejemplo, ¿pide el niño una merienda porque está aburrido y quiere algo para jugar, o realmente tiene hambre? No es apropiado darles de comer a los niños para aliviar la frustración; más bien, los padres y madres querrán presentarles un libro o un juguete para ayudarlos a enfocarse en otra cosa.
Los padres deberán intentar evitar cantidades grandes de postres dulces, refrescos, bebidas con sabor de frutas, cereales azucarados, chips o confites, y otros alimentos que tienen poco valor nutritivo pero que resultan en un aumento del deseo del niño por ellos. Desafortunadamente, los productos envasados con mucho azúcar frecuentemente son las meriendas más convenientes; no obstante, estos deben evitarse cuando sea posible. Las meriendas saludables son frutas, vegetales o productos lácteos como el yogur, que también puede comprarse ya envasado. Mi hija de 2 años descubrió hace poco el tipo de yogur que puede beberse, y lo combina con manzanas como merienda de la tarde. Es importante que los padres aprovechen esta etapa del desarrollo de los niños, ya que están dispuestos a hacer experimentos y probar variados alimentos. No olvide ofrecer alimentos con una gran variedad de colores, texturas y sabores.
Cuando el niño ya pueda usar un vaso, intente crear unos ‘smoothies’ (como licuados) hechos en casa. Se puede comenzar haciendo cubitos de hielo que contengan frutas o vegetales. Los cubitos tardarán unas horas en congelarse, de modo que planifique de antemano para hacer esta merienda; no se puede hacer improvisadamente. Una vez congelados los cubitos, échelos a una licuadora o máquina para hacer smoothies junto con leche y una fruta con azúcares naturales (por ej., bananas). Luego licue los ingredientes. Esta merienda le encantará a su niño, y tiene mucho valor nutritivo.
En esta etapa de la vida, es importante que no se prive al niño de comida por el temor de engordar. Evalúe las necesidades del niño y discierna por qué pide alimento. Este es el momento de establecer los hábitos saludables de comer, de modo que intente evitar rendirse ante las demandas de un niño determinado. (Yo sé que tal vez parezca que a mí se me hace fácil decir esto, pero en realidad tengo una niña de 2 años en casa y sé cómo les va en esto a los papás y mamás.) El aumento malsano del peso resulta de la inactividad y del consumo excesivo de alimentos de poca calidad. Tenga en cuenta que para los niños de 2 años, la actividad física consta de caminar, trepar, mecerse, darse vueltas e intentar brincar, de manera intermitente y por ratos breves.
Estos días muchos niños pequeños pasan mucho menos tiempo jugando juegos activos. El mirar tele y jugar videojuegos, ¿tienen algo que ver con la epidemia actual de obesidad?
El uso de los medios de entretenimiento (por ej., computadoras, televisión, videojuegos) guarda relación directa con la inactividad física y la grasa corporal, y se considera un factor que contribuye poderosamente a la epidemia de obesidad (Roberts, Foehr y Rideout, 2005). Afortunadamente, los padres y madres pueden tener una influencia tremenda sobre este factor, y se pueden dar varios pasos simples para ayudar a los niños a tomar decisiones saludables sobre su uso del entretenimiento. He aquí algunos consejos para los padres y madres que deseen fomentar tales decisiones saludables:
- Sacar el televisor, la computadora o los juegos electrónicos de la alcoba del niño y colocarlos en una ubicación central de la casa.
- Fijar normas generales específicas sobre la cantidad aceptable de tiempo que su hijo puede pasar usando estos medios. Yo recomendaría que el tiempo no exceda 2 horas al día, incluso los fines de semana. Permita que el niño tome decisiones acerca del tipo de medios que le gustaría usar durante este plazo de 2 horas.
- Esté al tanto de las prácticas de un cuidador de niños respecto a mirar la televisión. Se recomienda que ningún niño menor de 2 años mire televisión. Los padres y madres pueden prohibir o limitar el uso de la televisión en casa, mientras que un proveedor de cuidado tal vez utilice la televisión para dormir a los niños o para tener un momento tranquilo. Esto es una práctica de pobre calidad y si es utilizada por un cuidador, el asunto debe tratarse.
- Fije la norma en su casa que no se mira la televisión ni se juegan videojuegos hasta que la tarea y los quehaceres de la casa se hayan acabado. Esto les enseña a los niños que la escuela y la familia tienen prioridad sobre los medios de entretenimiento.
- Aumente la cantidad de tiempo que pasa al aire libre. Si los niños están afuera, sea cual sea el clima, es menos probable que formen hábitos relacionados con los medios de entretenimiento.
El crear y cumplir tales normas de guía acerca del uso de los medios se ha asociado con el aumento de la participación en actividades físicas. A medida que los niños crecen, los medios de entretenimiento llegan a formar una parte cada vez más importante de su personalidad, ya que los adolescentes gozan de vídeos de música, shows de televisión de la cultura popular, y los juegos de Internet. Es importante comunicarles el mensaje que estas tecnologías no son malas pero que la moderación es la mejor regla para su uso.
Roberts, Donald F.; Foehr, Ulla G.; & Rideout, Victoria. (2005, March). Generation M: Media in the lives of 8-18 year-olds. Menlo Park, CA: Kaiser Family Foundation. Retrieved September 8, 2006, from http://www.kff.org/entmedia/upload/Generation-M-Media-in-the-Lives-of-8-18-Year-olds-Report.pdf
¿Cree usted que hay ciertos alimentos y bebidas que los niños pequeños no deben comer ni tomar nunca?
En esta etapa de su desarrollo, los niños deberían probar toda clase de alimentos. Las preocupaciones principales para los niños de esta edad son las alergias alimenticias, los hábitos melindrosos y el consumo excesivo o insuficiente de alimentos. Las posibles alergias alimenticias se deben tomar en serio y se deben tratar inmediatamente; la leche, los mariscos, los cacahuates o maní, la mantequilla de maní y los frutos secos o nueces, son alimentos que comúnmente causan reacciones alérgicas. Los padres y madres deberán observar la reacción de su hijo ante un alimento nuevo. Por ejemplo, ¿tuvo el niño algún sarpullido o fiebre después de comerlo? De ser así, los padres deberán contactar a un médico inmediatamente.
En el caso de los “melindrosos”, o sea, los niños muy exigentes en cuanto a lo que comen y beben, es importante que los padres persistan en ofrecerles alimentos nuevos. Los niños necesitan comer los alimentos más nutritivos que estén disponibles, como la carne, el pollo o pavo, el queso, las bananas, las arvejas y el aguacate. Identifique el tipo de alimento que su hijo tiene la menor probabilidad de ingerir (por ejemplo, la leche) y ofrézcale versiones distintas de este tipo de alimento (por ejemplo, el yogur o postre cremoso) para mantener su dieta equilibrada.
El consumo excesivo o insuficiente de cierto alimento también puede ser una cuestión que usted tenga que tratar como padre o madre. Los niños de esta edad frecuentemente tienen hábitos esporádicos para comer; a veces vienen a la mesa y no comen nada, mientras que en otros momentos se comen todo cuanto se les da. Estos hábitos inconstantes dificultan que los padres y madres vigilen la nutrición general de su hijo. Si usted se percata de alguna deficiencia en cierto tipo de alimento o en varias categorías, es importante informarlo a su pediatra; él o ella podrá sugerir que su hijo tome una pastilla de vitaminas múltiples a fin de consumir la cantidad diaria recomendada de las sustancias nutritivas esenciales.
He aquí algunos consejos para los padres y madres acerca de los alimentos y las bebidas:
- Ofrezca frutas y verduras frescas siempre que sea posible.
- Cree un ambiente positivo y sin amenazas en relación con la comida. Ya han pasado los días de “tienes que comerte las verduras, y punto”.
- Evite la ‘comida rápida’ siempre que sea posible. Elija alimentos saludables si están disponibles. Muchos restaurantes actualmente ofrecen manzanas o zanahorias como plato adicional en vez de las papas fritas.
- Tome leche y evite ofrecer demasiadas bebidas con sabor a fruta o refrescos gaseosos. Muchas bebidas endulzadas tienen muchas calorías pero ninguna otra sustancia nutritiva.
- Después de la edad de 2 años, su hijo podrá probar cualquier alimento que usted come. Tal vez le sorprenda descubrir que le gustan los camarones o el pescado.
- Tenga paciencia. Los niños están formando sus propios gustos y disgustos, y puede llevarles algún tiempo llegar a apreciar todos los alimentos que usted prefiere. Siga sirviendo los alimentos preparados de varias maneras.
He aquí algunas sugerencias para meriendas saludables:
- Productos de grano integral, como bizcochitos salados (pretzels), galletas saladas, pan o pastelitos de arroz
- Queso (en formas, cubos, palitos, trozos o migajas). Considere ofrecer quesos con poca grasa o sin grasa
- Tortitas de grano integral o barritas de cereales
- Frutas secas suaves (albaricoques, dátiles, pasas)
- Verduras crudas (incluso pimientos dulces, hongos y calabacines)
- Guisantes, fríjoles o garbanzos cocidos
- Yogur (blanco, no muy endulzado)
Me han dicho que yo era regordeta de niña pero tengo un peso normal de adulta. ¿No es verdad que la mayoría de los niños regordetes no lo siguen siendo cuando son mayores?
Dos nuevos estudios longitudinales sugieren que los patrones de actividad física y de peso corporal de los niños, probablemente continuarán hasta la edad adulta, lo cual pone a los niños con sobrepeso en riesgo de tener enfermedades cardiovasculares cuando son adultos. Estos artículos sugieren también que la generación actual de niños será la primera que no tendrá un período de vida más largo que el de sus padres debido a factores incrementados de riesgo (por ej., alto colesterol, alta presión sanguínea, diabetes tipo 2) relacionados al síndrome metabólico. Hace mucho pensábamos que los niños regordetes perderían la gordura con el crecimiento normal y tendrían un peso normal como adultos. Pero después de los primeros tres años de vida, es importante que los padres y madres sean conscientes del consumo de calorías y el gasto de energía de parte de su hijo. ¿Ha ‘gastado’ el niño las calorías que ha consumido? Si un niño llega a casa de la escuela y consume dulces y un refresco como merienda, es muy probable que no realice la suficiente actividad como para gastar todas las calorías consumidas. El Halloween se acerca rápidamente, y este escenario puede volverse realidad el 1º de noviembre.
Debido a la presión por el gobierno federal ha puesto en las escuelas, por medio de leyes tales como la de Ningún Niño Se Quede Atrás, muchas escuelas han decidido eliminar el recreo y la educación física a fin de dedicar más tiempo a los estudios académicos. La investigación reciente sugiere que esta práctica puede ser inapropiada, ya que la actividad física y la buena forma física guardan una relación positiva con el rendimiento cognitivo (Castelli, 2005; Castelli, Hillman, Buck y Erwin, en prensa). Más específicamente, los niños con un peso corporal normal y los niños que pueden realizar mucho ejercicio aeróbico, probablemente lograrán mejores calificaciones en exámenes estandarizados de lectura y matemáticas. Un estudio de niños escolares en California reveló que las oportunidades de actividad física durante el día, tales como la educación física, no disminuyeron sino que contribuyeron al rendimiento académico (Sallis et al., 1999). Un estudio publicado el pasado agosto identificó la actividad física vigorosa como factor que contribuye positivamente a las calificaciones escolares (Coe et al., 2006). Hay muchos beneficios al tener un peso corporal normal, y por lo tanto es importante que los padres y madres tomen acción inmediata, ya que el niño probablemente no saldrá de este problema sólo creciendo. Los padres y madres deberán ayudar al niño a aumentar sus oportunidades de actividad física moderada o vigorosa. A la vez, el padre o la madre puede ayudar a sus hijos a tomar decisiones saludables acerca de los alimentos y las cantidades que consumen.
- Castelli, D. (2005). Academic achievement and physical fitness in third-, fourth-, and fifth-grade students. Research Quarterly for Exercise and Sport, 76(1), A-15.
- Castelli, D. M., Hillman, C. H., Buck, S. M., & Erwin, H. E. (in press). Physical fitness and academic achievement in 3 rd and 5 th grade students. Journal of Sport and Exercise Psychology.
¿Existen riesgos conocidos para la salud de los niños si estos son obesos a los 4 ó 5 años de edad?
Se han documentado eventos cardíacos, como los infartos, en niños de tan sólo 10 años de edad. Estas son ocurrencias raras y singulares; sin embargo, nos hacen pensar en lo que nuestros niños comen y la frecuencia con la que hacen ejercicios. Aunque los efectos de síndromes metabólicos –por ej., alto colesterol, alta presión sanguínea, diabetes tipo 2– no empiezan a presentarse en niños de 4 ó 5 años, los hábitos se forman durante este período de su desarrollo. Los niños de 4 y 5 años necesitan calorías para crecer y desarrollarse, y no deben seguir una dieta estricta a menos que su médico los guíe explícitamente. En cambio, se debe animar a los niños de 4 y 5 años a jugar, trepar, correr y en general, a gozar del movimiento. La actividad física en niños de esta edad no tiene que ser la instrucción formal en fútbol ni en gimnástica con entidades tales como YMCA, aunque se puede gozar de estas formas de movimiento; pero los ejercicios pueden ser tan simples como jugar a la caza o la pega en el patio de atrás, bailar al compás de música en la cocina, o actuar el libro preferido de su hijo. Lo más importante es moverse espontánea y frecuentemente. Al niño que se lo encuentra fijado en su asiento de seguridad, y a quien le dicen que se quede sentado y quieto en el preescolar, no se le permite hacer lo que es natural: mover el cuerpo y desplazarse en su entorno.
No es tanto que se está exponiendo a los niños a riesgos, como que ellos no reciben los provechos que se asocian con la actividad física y la nutrición adecuada. Tomemos por ejemplo el desayuno. Más de 500 estudios de investigación demuestran que los niños que desayunan están mejor preparados para aprender que aquellos que no desayunan. Este hallazgo fue el impulso detrás del programa escolar de desayunos patrocinado por el gobierno federal. Los hábitos saludables comienzan a esta edad, y por lo tanto se debe animar a los niños a tomar decisiones saludables en cuanto a la comida y a realizar actividades físicas cuando sea posible. Es importante evitar los períodos largos de inactividad física. Los hábitos saludables probablemente seguirán hasta la edad adulta y ayudarán a minimizar los factores de riesgo asociados con la enfermedad cardiovascular, entre otras.
Leí recientemente la noticia de hallazgos en el periódico Obesity , de la Facultad de Medicina de Harvard, los cuales sugieren que la obesidad que vemos en algunos niños preescolares pudo haber comenzado cuando eran bebés. ¿Cree usted que es posible que los lactantes sean obesos?
La obesidad es un problema muy difundido entre los niños que residen en los Estados Unidos, aun durante la más tierna infancia. La obesidad es determinada por la relación de altura y peso, según el índice de masa corporal (body mass index , o BMI). Si el BMI de un niño excede en 20% o más el promedio de otros niños de la misma edad y el mismo sexo, este niño o bebé probablemente se identificará como alguien con sobrepeso u obeso. Por lo tanto, según la definición, es posible que hasta los bebés se consideren obesos. No obstante, únicamente un médico debe determinar si un bebé o niño pequeño es obeso. El médico probablemente se valdrá de los historiales médicos de ambos progenitores, así como de la altura, el peso y los comportamientos actuales del niño para identificar una posible predisposición hacia la obesidad.
Antes de consultar con un médico para determinar si un niño es obeso, los padres y madres deberán plantearse dos preguntas. Primero, ¿qué come su hijo, y con cuánta frecuencia? ¿Se le da de comer al bebé cada vez que llora? Tenga presente que el llanto simplemente es una forma de comunicación, y la única forma que domina un bebé. Los padres y madres deberán familiarizarse con las diferencias sutiles entre los llantos, ya que cuando intentan darle de comer, lo que el bebé quiere puede ser un cambio de pañales. Al principio, especialmente para los papás primerizos, la interpretación de las necesidades de un bebé puede ser un juego de adivinanza; pero con el tiempo y un poco de ensayo y error, los padres y madres pueden llegar a entender y satisfacer las necesidades de su bebé. Es importante alimentar a un niño cuando tiene hambre para apoyar su crecimiento y desarrollo normal. Sin embargo, cuando un niño sigue alejándose del biberón, puede que simplemente quiera jugar, tener un cambio de pañal o ser sostenido en brazos. La obesidad en los niños preescolares puede resultar de la genética o del ambiente; los hábitos saludables de comer y ser activo empiezan durante el primer año de vida.
La segunda pregunta, de la que el médico querrá saber la respuesta, se trata de cuánto tiempo su hijo pasa mirando televisión y realizando actividades físicas. La Asociación Médica Americana sugiere que los niños menores de 2 años no miren nada de televisión. Cuando la televisión se les presenta después de los 2 años, debe mirarse de una manera restringida y con la supervisión previa de los padres. Un niño no debería acumular más de 2 horas al día de mirar televisión. Si los padres no saben con certeza cuánto tiempo un niño mira televisión o hace actividades físicas, podrían utilizar una tabla para registrar la frecuencia y los tipos de actividad.
¿Se ha descubierto alguna conexión entre el sobrepeso durante la infancia y el padecer diabetes más tarde en la vida?
Existe evidencia creciente que relaciona la obesidad con el inicio temprano en la vida de la diabetes tipo 2, la cual en el pasado se encontraba solamente en adultos. La diabetes ya no es una cuestión del porvenir, sino una que requiere la atención de los padres y madres hoy en día.
La diabetes es una enfermedad en la cual los niveles de glucosa en la sangre son mayores de lo normal. Hay tres tipos de diabetes: (1) el tipo 1, (2) la diabetes gestacional, y (3) el tipo 2. La diabetes tipo 1, que anteriormente se llamaba diabetes juvenil, frecuentemente se diagnostica durante la niñez o los primeros años de la edad adulta y es causada por una anormalidad de las células beta del páncreas. La diabetes gestacional puede aparecer durante el embarazo y frecuentemente cesa después de nacer el bebé. La diabetes tipo 2, el tipo más común, en el pasado ocurría solamente en adultos mayores de 45 años de edad. Ahora, la diabetes tipo 2 ocurre en niños. Se aumentan las posibilidades de desarrollar la diabetes tipo 2 al tener sobrepeso y al realizar poca actividad física. Aunque las personas que padecen la diabetes pueden llevar una vida normal, este tipo de diabetes tal vez pueda prevenirse con una dieta adecuada y una actividad física regular. La presencia de diabetes aumenta también la posibilidad de que uno sufra síndromes metabólicos o una enfermedad cardiovascular.
El sitio Web de National Diabetes Information Clearinghouse señala: “Más de 6 millones de personas en Estados Unidos padecen diabetes tipo 2 y no lo saben” ya que frecuentemente no se presentan síntomas. El sitio Web del Centro para el Control de Enfermedades sugiere consultarlo con un médico si se presentan los siguientes síntomas:
- Sed aumentada
- Hambre aumentada
- Fatigas
- Frecuencia aumentada de orinar
- Pérdida de peso
- Visión borrosa
- Llagas que no sanan
En casos de diabetes, dos cosas son importantes: (1) la identificación de una predisposición genética y (2) la intervención oportuna. Los factores ambientales pueden ser más importantes de lo que se pensaba originalmente, ya que la incidencia de la diabetes tipo 2 en niños ha alcanzado proporciones epidémicas. La obesidad y todas las causas de la misma tienen una relación significativa con el riesgo elevado de desarrollar la diabetes tipo 2, ya que los niños obesos producen mucha insulina. La producción excesiva de insulina resulta en una dependencia en este nivel de insulina. Una buena estrategia de detección de la diabetes es el índice de masa corporal (body mass index, o BMI) de un niño. El sitio Web del Centro para el Control de Enfermedades ofrece tablas en línea que se pueden utilizar para identificar si usted o su hijo corre riesgo de padecer diabetes, según el BMI. La Asociación Americana de Diabetes ofrece también una calculadora del riesgo, la cual se encuentra en http://www.diabetes.org/espanol/recursos-examen.jsp.
Los niños que tienen un peso corporal normal y realizan actividades físicas de forma regular, tienen un riesgo reducido de padecer la diabetes tipo 2.
Parece que niños cada vez más pequeños, especialmente las niñas, están ansiosas por su peso y su aspecto. ¿Podemos alentar los hábitos saludables sin aumentar esta ansiedad ni el estigma social de la obesidad?
Se puede animar hacia los hábitos alimenticios saludables sin endosar la reducción ni la restricción calórica. A menos que un médico lo aconseje, un niño o adolescente no debe negarse ni restringir el consumo de calorías. Durante los períodos de crecimiento, es extremadamente importante que los niños y adolescentes coman bien y duerman lo suficiente como para respaldar los sistemas de sus cuerpos durante estos períodos de transición.
Después del quinto grado, la actividad física empieza a disminuir, especialmente en el caso de las niñas, y se destacan aún más las diferencias entre los niveles de actividad física de varones y de niñas, ya observadas durante la infancia. Además, los niños de esta edad tienen más autonomía en sus decisiones en cuanto a la nutrición. La comida rápida se convierte en parte regular de la dieta de los adolescentes, quienes también adoptan el hábito de comer un poco entre otras actividades. En lo social, tanto los niños pre-adolescentes como los adolescentes están empezando a reconocer la importancia de su “aspecto”. Durante este período del desarrollo, es importante animar los hábitos saludables tanto de actividad física como de nutrición, ya que los amigos y los medios de comunicación influyen en sus perspectivas hacia su propio cuerpo.
Los padres y madres necesitan estar dispuestos a discutir de forma abierta las cuestiones relacionadas con la imagen del cuerpo, ya que ellos son uno de los pocos ‘filtros’ para la información presentada por los medios de comunicación. Los anuncios televisivos y revistas para adolescentes sugieren que “delgado es bonito”. Aunque los padres y madres sientan que pierden su autoridad con sus hijos pre-adolescentes y adolescentes, es importante tener en cuenta que estos todavía están muy pendientes del comportamiento de sus padres. Todavía es de gran valor contar con un padre o madre que ofrezca un modelo de decisiones saludables en cuanto a la nutrición y a la actividad.
Las percepciones del peso o del aspecto guardan una relación estrecha con el amor propio y son influenciadas a su vez por la actividad física. Los comportamientos sedentarios están asociados con un amor propio reducido y hasta con la depresión. Por medio de la actividad física, los adolescentes pueden mejorar su amor propio así como sus percepciones acerca del aspecto. El sitio Web Teens Health, patrocinado por la Fundación Nemours, ofrece tres consejos para mejorar la imagen corporal: (1) cambiar la manera de pensar acerca de sí mismo, (2) estar contento consigo mismo y (3) identificar algunos cambios realistas.
Es importante que tengamos en cuenta que nuestros cuerpos necesitan sustancias nutritivas tales como la grasa y el colesterol para funcionar, y por lo tanto la “grasa” no debe considerarse una palabra desdeñable, sino una realidad de la dieta. Los padres y madres pueden recurrir a una fuente que se encuentra aquí mismo en la Universidad de Illinois: Nutrition Analysis Tools and System (NATS), desarrollado en 1996 por Chris Hewes y el Dr. Jim Painter del Departamento de Ciencias Alimenticias y Nutrición Humana de la Universidad de Illinois. Los padres y madres pueden valerse de este instrumento por Internet para educar a sus hijos pre-adolescentes y adolescentes acerca de este tema. Es importante recordar que si los padres y madres ofrecen el modelo de los hábitos deseados de alimentación y actividad física, esto también puede ayudar a aliviar la ansiedad relacionada con el consumo excesivo o insuficiente de alimentos saludables.
¿Un niño obeso debe tener la misma dieta que se sirve en una guardería o debe tener una nutrición distinta?
Bueno, la respuesta depende del niño y de lo que se le sirve. Los centros de cuidado infantil certificados y las escuelas tienen que servir desayunos y almuerzos que satisfagan pautas específicas de nutrición. Por lo general, estas pautas requieren que se proporcionen comidas a los niños con una nutrición equilibrada a costos bajos o gratuitamente. Las pautas van destinadas a salvaguardar la salud y el bienestar de los jóvenes de nuestro país, así como a apoyar la producción agrícola. Por ejemplo, se requiere que los programas satisfagan pautas específicas para la nutrición durante el transcurso de una semana, y se les permite cierta flexibilidad en satisfacerlas al ofrecer varias opciones para planificar el menú. Al satisfacer estas pautas, los programas siguen también la guía de Dietary Guidelines for Americans. Sin embargo, algunas de las pautas tal vez parezcan contradecir lo que escuchamos en la televisión, la radio, etc. Por ejemplo, se requiere que las comidas contengan grasa, ya que la grasa es una sustancia nutritiva necesaria para que nuestros cuerpos funcionen adecuadamente. En particular, la grasa corporal conserva el calor y cuando es metabolizado, proporciona energía para el movimiento del cuerpo.
Las pautas recomiendan que los padres y madres de niños con sobrepeso “consulten con un proveedor de atención médica antes de poner al niño bajo una dieta de reducción de peso” ya que a la hora de reducir el peso corporal, hay que cuidar mucho el seguir permitiendo el crecimiento y desarrollo. Por lo tanto, los niños con sobrepeso que asisten al cuidado infantil deben comer los almuerzos suministrados, a menos que su médico sugiera lo contrario. No obstante, yo animo a los padres y madres a que averigüen si los almuerzos de la escuela o la guardería coinciden con estas pautas.
A los niños obesos de edad preescolar les aguarda mucho trabajo, ya que estos niños tienden a tener sobrepeso o a ser obesos cuando son adultos. Algunas de las medidas excelentes para progresar hacia la buena salud son las de estar consciente de las pautas de guía para la nutrición y la actividad física y fomentarlas en casa. Es importante que todos los familiares ofrezcan el modelo de tomar decisiones saludables.
- Measuring Competitive Foods in Schools: Methods and Challenges
(Medición de alimentos no subvencionados en escuelas. Métodos y dificultades)
http://www.fns.usda.gov/oane/MENU/Published/CNP/FILES/CompFoodSum.pdf
Muchas veces el niño obeso tiene limitaciones o serias limitaciones en el campo lúdico o de recreo. ¿Cómo debe tratarse al niño obeso para evitar la timidez y retraimiento y a sus compañeros para evitar la burla o impaciencia?
Yo creo que es preciso tratar a todos en forma justa, especialmente durante la actividad física. Hoy en día, se pide que los maestros de educación física se responsabilicen de coordinar todas las oportunidades de actividad física durante, antes y después de las clases, para el personal y los alumnos. Con este planteamiento, endosado por la Asociación Nacional de Deportes y Educación Física (NASPE son sus siglas en inglés), el maestro de educación física –uno de los pocos miembros del personal escolar que conoce al niño durante más de un año académico– diseña oportunidades individualizadas de actividad física para que todos los niños puedan lograr el éxito en ese contexto. Ya sea que un niño tenga sobrepeso, sea muy atlético o tenga poca coordinación, se le deben presentar oportunidades de actividad física que fomenten el éxito.
El uso de la tecnología en las escuelas ha ayudado a hacer esta visión una realidad. Específicamente, aparatos para medir los latidos del corazón pueden ofrecer una guía específica a maestros-líderes de actividad física en el desarrollo de actividades que sean de una intensidad apropiada para fomentar el éxito de cada niño. En el caso de un niño con sobrepeso, las actividades físicas deben tener una intensidad menor y tal vez hasta ser menos frecuentes que las actividades de niños con un peso corporal normal. Si un niño tiene un peso adicional en su cuerpo, puede que le duela correr; por lo tanto, se le debe pedir que camine o que haga algunos ejercicios ligeros como montar una bicicleta inmóvil. Un niño puede variar su velocidad al caminar, con la medición de los latidos del corazón. Como sabemos, el éxito –especialmente en situaciones de actividad física– se ha asociado con el amor propio intensificado (Dishman et al., 2005).
Los padres y madres también pueden abogar para que su hijo obtenga acceso a actividades físicas orientadas hacia el éxito durante el día escolar, por medio de la Sección 504 de la Ley de Rehabilitación de 1973. Esta ley de derechos civiles prohíbe la discriminación contra individuos con discapacidades, es decir, cualquier impedimento físico que limite considerablemente una o más actividades importantes de la vida. La obesidad y el asma son dos condiciones tratadas por la Sección 504. En casos donde un médico ha diagnosticado obesidad en un niño, se pueden hacer acomodaciones para el niño durante la instrucción física u otras actividades físicas.
- Dishman, Rod K.; Motl, Robert W.; Sallis, James F.; Dunn, Andrea L.; Birnbaum, Amanda S.; Welk, Greg J.; Bedimo-Rung, Ariane L.; Voorhees, Carolyn C.; & Jobe, Jared B. (2005). Self-management strategies mediate self-efficacy and physical activity. American Journal of Preventive Medicine, 29(1), 10-18.
¿Corren ciertos grupos de niños un mayor riesgo de obesidad que otros, como por ejemplo, los niños varones en comparación con las niñas, o los niños de raza negra en comparación con niños de raza blanca o hispanos?
La obesidad y el sobrepeso se miden más comúnmente al comparar la altura y el peso de una persona y convertir estas cifras en el índice de masa corporal (BMI). Por lo general, el 17% de niños tienen sobrepeso, y el 32% de los adultos en Estados Unidos son obesos. Entre los niños y adolescentes, aproximadamente el 16% de las niñas y el 18% de los varones tienen sobrepeso. Los varones realizan más actividad física que las mujeres durante toda la vida; sin embargo, las mujeres no llegan a tener una tasa de sobrepeso mayor que la de los hombres sino hasta los primeros años de la edad adulta – el 33% versus el 31%. La obesidad extrema, que se mide con un BMI mayor de 40, es evidente en aproximadamente el 2,8% de adultos varones y el 6,9% de mujeres. Estas estimaciones van creciendo con la edad; un estadounidense típicamente gana 1,1 kilo de peso corporal cada año.
Respecto a la herencia étnica, realmente sólo tenemos información completa respecto a los adultos. “Aproximadamente el 30% de adultos blancos no hispanos son obesos, así como el 45,0% de adultos negros no hispanos y el 36,8% de mexicano-americanos” (Ogden et al., 2006, pág. 1549). Los datos sobre la tasa de obesidad infantil sólo tienen relación con factores específicos de riesgo para la enfermedad cardiovascular. Por ejemplo, se ha revelado repetidas veces que jóvenes negros no hispanos tienen una presión sanguínea mayor que la de blancos no hispanos, sin considerar los efectos de la obesidad (Berenson et al., 2006). Unos estudios preliminares sugirieron que estas diferencias en los factores de riesgo parecían resultar de la región del país donde se residía y de la formación académica de los padres, más que de la herencia étnica (Greenlund et al., 1998).
Independiente de la herencia étnica o el sexo, no existe ninguna ‘receta secreta’ para tratar las cuestiones de obesidad. Esto se hace patente cuando se comparan las estadísticas sobre la obesidad entre los sexos y los grupos étnicos. En la actualidad, tenemos que enfocarnos en la idea que la actividad física y las decisiones saludables en cuanto a la nutrición, resultarán provechosas para cualquier individuo a largo plazo. Solamente cuando se revelen datos nuevos, podremos hacer recomendaciones específicas para llevar una vida sana.
- Berenson, Gerald; Srinivasan, Sathanur; Chen, Wei; Li, Shengxu; & Patel, Dharmendrakumar. (2006). Racial (black-white) contrasts of risk for hypertensive disease in youth have implications for preventive care: The Bogalusa Heart Study. Ethnicity & Disease, 16(3), S4, 2-9.
- Greenlund, Kurt J; Kiefe, Catarina I.; Gidding, Samuel S.; Lewis, Cora E.; Srinivasan, Sathanur R.; Williams, O. Dale; & Berenson, Gerald S. (1998). Differences in cardiovascular disease risk factors in black and white young adults: Comparisons among five communities of the CARDIA and the Bogalusa heart studies. Annals of Epidemiology, 8 (1), 22-30.
- Todos los datos se extrajeron de la publicación de la JAMA, a menos que se indique lo contrario: Ogden; Cynthia L.; Carroll, Margaret D.; Curtin, Lester R.; McDowell, Margaret A.; Tabak, Carolyn J.; Flegal, Katherine M. (2006). Prevalence of overweight and obesity in the United States, 1999-2004. Journal of the American Medical Association, 295(13), 1549-1555.
Si un niño mayor es relativamente activo y tiene cerca del 100% de su peso ideal o un poco más, pero de repente tiene que quedarse inactivo por varias semanas debido a una enfermedad o herida, ¿qué recomienda Ud. para evitar que el niño engorde? (Con “herida” me refiero a una conmoción cerebral o una escayola en la pierna para proteger la zona de crecimiento del hueso, o sea, algo que hace que el niño tenga que realizar menos actividad para mantenerse seguro.)
Es difícil hallarse apartado de una rutina para cualquier persona, y especialmente para los niños. Si el médico ha aconsejado específicamente que se descanse y no se realicen actividades físicas, simplemente es necesario acatar ese consejo por el bien del niño. No obstante, los niños sanan rápidamente y usualmente ansían volver a la actividad. Muchas veces es más difícil hacer que sigan descansando que hacerlos volver a moverse. Dependiendo de la herida o la causa del período de inactividad, un niño usualmente puede seguir realizando ejercicios ligeros, levantando muy poco peso o ninguno, como por ejemplo, estirarse, nadar o caminar. Estas actividades también deben realizarse solamente si el médico ha dado el permiso específico.
Después de que ocurre una herida, es importante ayudar a los niños a darse cuenta que ya gastan menos calorías y que por lo tanto necesitan consumir menos. Esto no significa que los niños debieran ponerse a dieta. Simplemente significa que, aunque un niño previamente activo podía comer una merienda poco saludable después de clases o después de un partido de fútbol como la merienda del equipo, ahora estas meriendas representan calorías que probablemente se almacenarán como grasa ya que no se utilizarán como energía. Es más importante que nunca que las meriendas sean saludables. (Véase ¡Diga que sí a los bocadillos! para encontrar algunas sugerencias.) Yo recomiendo llevar la cuenta de la cantidad de meriendas, así como de la cantidad de tiempo que se pasa mirando televisión o jugando videojuegos, ya que ambas actividades pueden incrementar mucho cuando el niño ya no puede jugar al fútbol.
Otra cosa a considerar es la de mantener la participación de los niños en sus equipos deportivos aunque no puedan jugar activamente. No olvidemos que el deporte es más que los ejercicios; también se trata de entablar amistades, pertenecer a un equipo y aprender la confianza que resulta del éxito. Se deberá redefinir la función del niño, como por ejemplo, recuperar las pelotas, trabajar con los guardametas, llevar la cuenta del tiempo, etc., de modo que se sigan acatando los consejos para su recuperación. Si el niño sigue participando, es menos probable que coma más meriendas o mire más televisión.
Desafortunadamente, los accidentes son una realidad de la vida. Es importante hacer ajustes conscientemente para acatar los órdenes del médico, pero también es importante mantener la participación en las actividades que el niño goza. En el caso que se describe en esta pregunta, es importante estar atento no sólo al peso del niño, sino también a su salud mental. Si la participación con la actividad deportiva simplemente no es posible, tal vez ahora sea el momento de intentar algo nuevo, como tocar un instrumento. El niño tal vez necesite un poco más del tiempo de sus padres hasta que la cuestión quede resuelta.
- Los deportes organizados y los niños pequeños
http://illinoisearlylearning.org/tipsheets-sp/sports-sp.htm
¿Empiezan las ideas sobre la imagen del cuerpo en los años preescolares? Si uno se enfoca en el peso o el tamaño de un niño, ¿tendrá el niño trastornos de alimentación más tarde?
La obesidad infantil es una preocupación realista para los padres y madres, ya que:
- Los niños tienen más peso hoy que hace diez años.
- El sobrepeso o la obesidad se ha identificado en aproximadamente el 30% de niños de edad preescolar.
- Ha aumentado drásticamente el riesgo del síndrome metabólico (por ej., la incidencia de la diabetes en niños, problemas con la presión sanguínea y el colesterol).
- Solamente el 30% de niños tienen una buena forma física.
- Los niños con sobrepeso y obesos frecuentemente sufren efectos secundarios, tanto médicos como sociales.
Esta es la dura realidad de las vidas de niños en la sociedad de hoy; sin embargo, tanto los padres como los niños, aun los de edad preescolar, pueden sentirse abrumados con toda la atención que recibe este asunto en los medios de comunicación. En 1981, un estudio realizado por Ginsberg-Fellner, Jagendorf, Carmel y Harris nos informó que el peso corporal iba aumentando constantemente entre los niños de edad preescolar. Desde ese momento, Nader et al. (2006) han confirmado aumentos en la cantidad de niños preescolares con sobrepeso y obesos, así como la probabilidad de que estas condiciones continúen hasta la adolescencia.
Muchos niños preescolares con sobrepeso solamente sabrán que sus cuerpos son diferentes de los de sus compañeros si no pueden hacer las mismas actividades (por ej., correr y trepar en el campo de recreo). Desafortunadamente, es probable que sea un compañero quien llame su atención sobre eso. La imagen del cuerpo puede ser un estado mental muy delicado. Un niño con un poco de sobrepeso puede sentirse confiado y, un minuto después, recibir burlas de otros. Yo creo que necesitamos orientarnos hacia un enfoque, no centrado exclusivamente en el peso, sino en tomar decisiones saludables.
Comenzando desde los 2 años de edad, es importante hacer que los niños prueben variados alimentos. Usted tal vez ofrezca el alimento a su hijo una noche para la cena, y no le guste; luego la próxima vez que le ofrece el mismo alimento, de repente le gusta. Durante este período, es importante presentar continuamente al niño alimentos saludables como frutas, vegetales, leche, pan integral y otros más. Además, necesitamos animar a los niños a ser activos. Todos los padres y madres están cansados por la tarde, pero es importante planificar momentos de actividad física con su hijo. Esto significa bajarse al piso y jugar con su niño durante más de 30 minutos al día. Aunque la guardería puede ayudar con estas actividades durante el día mientras el padre o la madre está trabajando, realmente los padres tienen la mayor influencia sobre estas actividades. El establecimiento de decisiones saludables de actividad física y de comer bien, empieza durante la más tierna infancia y debe reforzarse toda la vida. Todos tenemos una forma física singular, y debemos ayudar a los niños a sentirse bien consigo mismos, independiente de su peso corporal.
Yo creo que este planteamiento es muy distinto que el que un padre o madre diga: “No comas eso o engordarás”, o: “Me parece que has engordado; ¿cómo me va a alcanzar el dinero para comprarte unos jeans nuevos?” En vez de esto, el padre o la madre podría decir: “Salgamos afuera y juguemos a agarrar la pelota”, o: “Veo que has estado mirando más televisión y merendando más; ¿qué piensas sobre establecer una regla de que no vamos a comer después de las siete de la noche?” A los niños preescolares, es importante presentarles la idea de opciones al ofrecerles dos cosas que usted quiere que coman. Por ejemplo: “Abby, ¿quieres cenar zanahorias o frijoles esta noche?” “¿Qué tipo de frutas quieres que Mami compre en la tienda?” “¿Cuál te gusta más, manzanas o bananas?” Esta idea de opciones hasta puede extenderse para incluir la actividad física: “¿Quieres caminar al parque o quieres jugar en el arenero?”
La imagen del cuerpo, así como los hábitos saludables, se establecen durante los años preescolares. Esta conducta puede extenderse hacia la adolescencia, de modo que es importante tener un planteamiento positivo para ayudar a los niños a tomar decisiones saludables. La imagen negativa hacia el cuerpo y el poco amor propio pueden resultar en trastornos alimenticios y otros comportamientos poco saludables más tarde.
- Ginsberg-Fellner, Fredda; Jagendorf, Lorri A.; Carmel, Harold; & Harris, Tamara. (1981). Overweight and obesity in preschool children in New York City. American Journal of Clinical Nutrition, 34(10), 2236-2241.
- Nader, Philip R.; O’Brien, Marion; Houts, Renate; Bradley, Robert; Belsky, Jay; Crosnoe, Robert; et al. (2006). Identifying risk for obesity in early childhood. Pediatrics, 118(3), e594-601.
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